Quisiera aclarar que no paso por alto lo obvio: la mayoría de los cubanos no podemos ni soñar con pasar siquiera un fin de semana en un hotel de Varadero, pues el dinero apenas alcanza para lo esencial de la vida doméstica. Pero es ésta una de las contradicciones de la realidad social de nuestro país: Varadero está lleno de cubanos. ¿Cómo hacen?, no lo sé, aunque podría imaginarlo y especular sobre el asunto, pero éste no es el tema.
El Memories Varadero Resort, tiene 1 035 habitaciones, Dos piscinas enormes con bares acuáticos, una de ellas con tobogán y a la otra, que llaman “tranquila” es para quienes no desean animación, música, ni bullicios, dos restaurantes Buffet y cinco temáticos, de los cuales ahora solo prestan servicio tres: criollo, italiano y japonés, los otros dos que se reabrirán más adelante son el mexicano y el mediterráneo. Para ellos hay que reservar con 24 horas de antelación. Esta instalación cuenta además con una sala de teatro donde ofrecen espectáculos de diversión cada noche, sala de conferencias, nueve bares, Lobby bar abierto 24 horas, y parrillada cerca de la playa.
No hago esta descripción para promover el Memories, si no para que podamos hacernos la idea de que este hotel es una pequeña ciudad, donde existe un servicio de transporte interno con vehículos eléctricos para mover los clientes de un lugar a otro, cuando es necesario. Es grande en espacio, servicios, en fin ni me puedo imaginar cómo se administra semejante “monstruo”, ni la cantidad y variedad de suministros en alimentos, bebidas, material sanitarios, amenites, etc. que se precisan.
¿Cómo es posible afirmar que el turismo cubano se recupera, con una breve visita? Veamos.
En el check in o registro de entrada, por lo general hay una fila de personas esperando, eso no lo vi. A la hora prevista para la entrada había un refuerzo en la Carpeta para agilizar el trámite, en vez de dos eran 4. La conducción del maletero hacia la habitación es ágil y amable, además de qué ofrece una explicación de cómo funciona cada accesorio, lo que nos da por pensar que ese empleado no sólo sabe cargar maletas.
Para hacer un análisis cercano a la realidad sin recibir información, era preciso saber el nivel de ocupación, pero esa cifra no te la da nadie. No obstante, se puede saber cuándo un empleado comenta: “el hotel está lleno”. Y luego lo corroboras inocentemente con otros, y te das cuenta que verdaderamente hay muchos clientes. Pero como el hotel es tan grande, no hay tumultos, cada cual busca el espacio de su preferencia que casi siempre es la playa.
No faltan tumbonas, casi todas nuevas, ni en playa ni en piscinas. Los bares cercanos a la playa con una demanda tremenda, se acababa la cerveza, y enseguida traen. Ah! se acababan los vasos desechables, pero al rato los reponen, y tengamos en cuenta que muchos turistas cargan con su jarra personal que llevan a la playa. Creo que debido al tiempo de cierre obligado por la pandemia, aún existe un error de cálculo acerca del nivel de consumo y eso produce baches en los suministros.
Fui desmenuzando las quejas que se habían hecho en la apertura tras la pandemia y la de mayor incidencia era: la comida. De los restaurantes temáticos de ese Memories se lleva todas las palmas el japonés, pues además de ofrecer una gastronomía distinguida, exhibe un espectáculo mientras elaboran la cena delante de tus ojos. Quizás, para los más entendidos en la cocina japonesa o para los gustos más exquisitos, faltaría algún que otro ingrediente, pero aseguro que se trata de una comida deliciosa, donde cocineros y dependientes desbordan amabilidad.
El restaurante Buffet, donde las quejas se centraban en las colas, comida mal elaborada, falta de variedad y que sirven poco (recordemos que debido a medidas por la COVID-19 algunos alimentos son servidos por empleados). En horarios llamados “picos” de mayor afluencia, había una pequeña fila para entrar, pero al ingresar al salón, la enorme cantidad y variedad de alimentos en ofertas diseminaban al cliente hacia su preferencia, en los productos a la plancha una pequeña fila, algo similar ocurría en los postres, sobre todo en el helado.
No haré una lista ni descripción de comidas y bebidas, sólo les aseguro que había para todos los gustos. Faltaban vegetales, sobre todo de hojas, pero existían otras ofertas que los suplían como calabaza, pepinos, remolacha y algunas conservas, en platos presentados de tan diversas formas que era un agobio escoger. En general el tema comida y bebidas: muy bien.
Desde otro ángulo, ver el turismo desde dentro, permite notar detalles que son visibles y pueden afectar el servicio. Al llamado cliente interno (los empleados del hotel), es preciso ofrecerle buenas condiciones de trabajo para que pueda servir contento. Si tuviera que poner una queja sería la de los empleados del Salón Buffet, que pasan un calor tremendo en medio de este verano caliente. Es preciso buscar una solución inteligente para mitigar la temperatura en el buffet. El cliente no la percibe porque el salón comedor está abierto totalmente y corre la brisa, pero los dependientes sí, y aunque se esfuerzan, se nota el gran sacrificio que hacen.
No puedo dar una información oficial de cuales mercados estaba este mes de julio allí: pero además de muchísimos cubanos, conversé con no pocos canadienses, alemanes, argentinos, mexicanos, ingleses, y todos hicieron comentarios favorables del turismo en Cuba.
“Se han puesto las pilas”, me comentó un argentino que estuvo en La Habana en diciembre pasado y ve las notables diferencias.
La primera secretaria del Partido en Matanzas, Susely Morfa, acaba de publicar que ya son 14 las aerolíneas que arriban semanalmente a Varadero y proceden de Canadá, Reino Unido, Alemania, Holanda, Bélgica, México, Estados Unidos, España y Portugal.
No podemos obviar la atención esmerada de los guías de los ómnibus de Gaviota que transportan al turista de La Habana a Varadero, ofrecen información sobre ofertas de excursiones y de todo lo que ocurrirá en el viaje.
Me he referido a Varadero porque es el polo turístico más grande de Cuba, pero en La Habana, la mayoría de los hoteles prestan servicio extrahotelero, o sea que es posible consumir en sus restaurantes sin estar hospedado. Pero como sabemos, en la capital todo es diferente. Se ha corrido la voz de que los precios en estos lugares son más económicos que en los restaurantes privados. Pude constatar en uno de esos hoteles, bien céntrico en el Vedado, que la comida era mala y poca, y la ofertaban como una “comida Gourmet” quizás para justificar un bistec de cerdo tan pequeño y tan fino que parecía suela de zapato, tirado sobre un puré de calaza. Falta de respeto para el Gourmet, el cliente y lo más terrible: un insulto a la comida cubana que se precia de ser una de las más exquisitas del mundo.
No faltará el lector que diga: “a mí que me importa que esos hoteles estén buenos, que haya comida y bebida excelente si no tengo cómo acceder a ellos”.
Ni el que afirme: “En los años 70 me podía hospedar en el Habana Riviera por 20 pesos la noche”
Quizás no queden muchos para contar que antes de 1959, había que tener muchísimo dinero para hospedarse en un hotel de lujo como los emblemáticos de entonces: Havana Riviera, Habana Hilton o el Capri. Es más, ni siquiera podías circular por los alrededores porque la policía del turismo lo impedía. Tuve un familiar que fue policía del turismo y contaba que les exigían un buen dominio del inglés y una perspicacia especial para detectar ricos y pobres con la intención de permitir que sólo rondaran los hoteles adinerados y políticos conocidos.
Estimo que debe interesar a todos los cubanos que el turismo se recupere y avance, es un sector de la economía destinado a inyectarle divisas al país, y como sabemos: el “poderoso caballero Don dinero” lo necesitamos para aliviar las tantísimas dificultades que nos rodean, para acabar con los apagones, la escasez de alimentos y medicinas, las tiendas vacías, los altos precios y otras tantas insatisfacciones.