Foto: Archivo.
!Que susto se llevó aquel joven! Pintando piruetas en la motorina por poco se mete debajo de un camión que iba delante. La suerte lo protegió.
Ese Inevitable desastre de tránsito ocurrió el lunes, primero de agosto, en la calle San Ramón y San José. El irresponsable conductor del vehículo, sujetaba con la mano derecha el timón y en la otra, sin prestar atención al debido control, buscaba ubicar dentro del casco el móvil para conversar a saber con quien.
Camaguey, una ciudad con más de 300 mil habitantes, se ha visto invadida en los últimos tiempos por motorinas, un medio de transporte ágil y mágico, que como comentó un amigo, sus operadores tratan de colarse por el ojo de una aguja, amén de incumplir el derecho de vía.
Hoy fue este caso, mañana quien sabe cuantos más los repiten, sin embargo, no es ocioso que esas distracciones visuales, de usar el teléfono, conduzcan a efectos también auditivos, cognitivos y físicos.
Estudios realizados por expertos en circulación vial, el uso del teléfono móvil multiplica por cuatro el riesgo de sufrir un accidente, equiparable a manejar similar al exceso de consumo de alcohol.
Decir que todos los conductores son transgresores de normas de vialidad, no es justo. Esa es la suerte, sin embargo, hay no pocos, de uno y otro sexo que lo mismo toman una dirección contraria en cualquier perímetro urbano y sometiendo a los peatones a un constante estrés.
El riesgo inminente, de ser alcanzado por uno de esos artefactos y terminar en el servicio de urgencia de un hospital, asistido por el violador, si no es que opta por la fuga, postura penada severamente en el código de vialidad.
Que levanten la mano quienes no han sentido molestias cuando a su lado, se estaciona un "motorinero" con la música que impide escuchar la conversación.
No le digas nada, se ponen bravos, si no es que haya un socio que le hace una media y en gesto de apoyo: "A la gente todo le molesta".
La música puede ser escuchada de manera moderada e individualmente y evitar alterar la tranquilidad ajena, espacio público a cuidar por respeto a los demás.
Hace unos días casi frente al policlínico Pirre, en Joaquín de Agüero, un agente del orden había solicitado a un conductor de motorina los documentos, pero increíblemente imagino que ni el supuesto infractor ni el policía se podían escuchar. La razón era una: la música a todo lo que daba.
Hay otros "graciosos" que tienen grabada una música, en cuyo texto dice: Si no te gusta la música alta, vete del barrio. Habrá que hacer algo contra quienes, como decía una abuelita, no quieren entrar por el aro del orden, la disciplina y la convivencia social.
La estridencia musical molesta a cualquier hora, pero las personas que duermen plácidamente por la noche tarde o madrugada, después de un día de ajetreo, no pueden evitar dar un salto en la cama y luego, busque ver cómo puede conciliar el sueño reparador.