
Los smartphones, imprescindibles en el día a día. Foto: El Correo.
La cantidad de información que suele manejarse en la literatura de ciencia y tecnología ha obligado a usar jergas. Uno de los componentes de ellas son las siglas para sustituir expresiones que todos puedan comprender. Así, muchos textos que pudieran ser fácilmente comprensibles por cualquiera se convierten en impenetrables, usando siglas que solo los iniciados entienden. Ese es quizás el caso de “5G”, un acrónimo sucedáneo de otros como 0G, 1G, 2G, 3G y 4G. En esencia se refieren usualmente a la “generación” (G) a la que pertenece una norma de operación de la telefonía móvil.
La tecnología más universal que se usa hoy en el mundo es la llamada 4G, que fue y sigue siendo, revolucionaria con respecto a las precedentes. Desafortunadamente, en nuestro país acumulamos aún atraso en las implantaciones de este medio informático de comunicación, y el reciente acceso público a los datos desde los teléfonos se ha realizado masivamente a la anterior generación, la 3G, y hasta ahora solo por excepción a 4G.
La norma que es realmente más actual, aún en proceso de implantación mundial, es la llamada 5G. Para muchos pertenece a la tercera década (2021– 2030) de este siglo. Pero además de ser la más moderna y prometedora, es probablemente la más indicada para que los cubanos alcancemos la plena conectividad que los ciudadanos de un país revolucionario, socialista y culto como el nuestro merecemos y necesitamos para construir nuestro futuro.
Esta norma muestra tres grandes ventajas importantes sobre sus predecesoras: una nueva ampliación en su velocidad para intercambiar información (“anchos de banda” estándares prometidos de más de 20 Gbps), respuestas casi inmediatas a cualquier acceso (“latencias” de hasta 1 milisegundo) y la posibilidad de interconectar muchos más dispositivos con un mismo trasmisor o radio-base. Todas estas características son las que permitirían que un cirujano mediante un teléfono, denominado como un “terminal”, podría operar del corazón desde Beijing a un paciente en Australia, con acceso tridimensional de video interactivo y pleno acceso a brazos mecánicos en el salón de operaciones remoto.
A los cubanos nos resulta particularmente atractivo lo de la conectividad. La forma en la que 5G se despliega consiste en que la “atención” de un teléfono conectado va variando de una radio-base a otra de forma inteligente y muy efectiva, para el caso de la telefonía móvil, donde el terminal cambia de posición con el usuario. Pero, además, la ampliada capacidad de conectividad de cada radio-base (no en área de cobertura, pero si en número) y los grandes anchos de banda permiten que con un cierto número de tales radio-bases adecuadamente desplegadas en ciudades y zonas rurales, se pueda dar servicio de internet de banda ancha a los todos los hogares, todos los días, y durante las 24 horas. Y esto sin el alto costo de que se tenga que establecer conexiones de fibra óptica a cada casa, sino solo entre las radio-bases.
Todo esto se logra con grandes cambios de diseño electrónico, muchos de ellos basados en el paralelismo operacional. Esto se refiere a procesos que realizan acciones simultáneas, pero administradas automática e inteligentemente para conducir a un mismo objetivo o propósito con más eficiencia en el tiempo. Ocurre así con sistemas de antenas en el llamado MIMO (Multiple Input, Multiple Output), que garantiza múltiples entradas y múltiples salidas de información al mismo tiempo en un mismo dispositivo. Los almacenes generales de información (la “nube”) están también distribuidos y así cercanos a los usuarios, para reducir la latencia. 5G se trata de estas y un conjunto más de innovaciones tecnológicas, todas muy coherentes entre sí.
Las ventajas que se citan en la literatura internacional para el uso del 5G se parecen a la ciencia ficción, pero ya muchas de ellas son realidades. Automóviles sin conductor y con máxima seguridad y eficiencia, internet de las cosas para controlar tanto nuestro trabajo como nuestra casa desde cualquier sitio en el que nos encontremos, procesos industriales ultraeficientes, con mínima fuerza de trabajo directa y máxima calidad de las producciones, y probablemente muchas otras ventajas que la imaginación de hoy no alcance a predecir.
Se sabe que estas nuevas tecnologías, como expresó una vez Fidel, es como si estuvieran hechas para nosotros los que queremos un mundo mucho más libre, justo y democrático, socialista. Los que están teniendo cautela y reprimen ahora son aquellos que temen que lo mucho que ocultan se haga más evidente. Ya se conoce que en los nuevos estilos de guerra “fría” que están apareciendo, algunos que se autoproclaman como adalides de la libertad de comunicación están poniendo barreras y prohibiciones, que ellos mismos atribuyeron siempre a los llamados “totalitarismos”. ¡Cosas veremos!