Un hombre del documental: Orlando Báez

De él no se habla. Murió hace ya varios años y su nombre no aparece en las antologías que se han intentado hacer del documental cubano. Pero sacando cuentas, debe haber dado vida a más de cien obras audiovisuales, todas, absolutamente todas, sobre Cuba, su gente y su historia.

Trabajó casi toda su vida en Mundo Latino, productora que lamentablemente poco se menciona en los recuentos que sobre el documental cubano se escriben. Báez dejó en ese lugar tal estela de admiración y cariño que, cada vez que nos reunimos con los que allí laboran, no podemos dejar de mencionarlo y recordarlo.

Cuando la Biotecnología estaba en sus inicios en Cuba, este realizador se fue con su equipo hasta el Centro, nuevo en ese entonces, y narró lo que se estaba haciendo para lograr lo que a todos en el mundo asombra hoy. De la Ciencia se habla poco en el audiovisual cubano de nuestra época si lo comparamos con otros temas. Por suerte, tuvimos a Báez entre los iniciadores de un camino en imágenes que otros pocos siguieron y de los cuales algún día hablaremos.

Recorrió el país en medio de las enormes dificultades de aquellos largos y dolorosos años del Período Especial. Su cámara registraba todo lo que veía. Y creo que, si no se ha perdido ese archivo, será de gran utilidad cuando en algún momento saldemos esa deuda de narrar la gigantesca epopeya de un pueblo que luchaba por no perder el futuro que soñó para sus hijos.

Báez tenía además un don: el de generar simpatía inmediata a través del humor. Muchas de sus bromas eran pesadas, pero cuando terminaba de hacerlas, todos reíamos,  y fundía en un abrazo paternal a quien había tomado como centro del chiste. En la historia del humor cubano bien podrían quedar  sus anécdotas, las que solo los que trabajamos con él conocemos  y que, quizá, alguien  reunirá y publicará en su momento.

Hoy amanecí pensando en Báez. No me canso de insistir en que hay que hacer tanto para que  nuestra Historia se pueda contar de generación en generación a través del audiovisual. No con lenguajes cansinos y fuera de época, sino con la habilidad de lograr llevar el mensaje, que se entienda y se asimile. Ese reto hay que asumirlo, especialmente cuando se intenta desde otros lares, y algunos desde adentro, cambiar la historia a su gusto y borrar lo que hemos hecho.

Orlando Báez tiene un lugar bien ganado en el documental cubano. Una vez se me ocurrió la idea de crear un premio que llevara su nombre. No me dio tiempo de llevarlo a vías de hecho, porque la dinámica de la vida me impuso nuevos retos. Pero lo conversaré de nuevo con quienes en su momento apoyaron la iniciativa.

Recuerdo el día en que falleció. Todos en Mundo Latino estaban tristes. Entre varios elaboramos una nota que enviamos al Noticiero de televisión. Era un escrito corto, pero que narraba en pocas palabras su inmenso aporte al audiovisual cubano.  Por lo menos los que vieron el Noticiero ese día se enteraron que había existido un destacado realizador de documentales, cronista de su época que se llamó Orlando Báez.  Hoy lo recuerdo porque, sin dudas, lo necesitamos.