Aquel 27 de noviembre de 1971

Carlos Rafael Rodríguez (derecha) junto al Canciller de la Dignidad. Foto: Archivo/ Trabajadores.

El 27 de noviembre de 1971, convocada por la FEU y la FEEM, se realizó una histórica peregrinación en ocasión del centenario del fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. Por la importancia de no dejar morir la memoria histórica y evocar a cubanos que ya no viven, dedico estos recuerdos a la memoria de dos grandes revolucionarios cuyos apellidos comienzan por la letra erre. Raúl Roa y Carlos Rafael Rodríguez.

Evocaré a importantes personalidades de la historia por sus nombres o apellido propios; espero no lo consideren falta de respeto ni exceso de confianza. Para nuestro pueblo es suficiente decir: Fidel, Raúl, Carlos Rafael, Roa.

En marzo de 1971 resulté electo presidente de la FEU e la Universidad de La Habana, y en mayo del mismo año, presidente de la FEU de Cuba, simultaneando ambos cargos hasta septiembre de 1972.

En la FEU de entonces acordamos dedicar ese año 1971 al centenario del fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. Se instituyó la Distinción 27 de noviembre con alcance nacional, para los estudiantes que cumplieran los requisitos establecidos.

Tuve la dicha de conocer a Eusebio Leal y de apoyarlo para lograr el remozamiento de la Acera del Louvre, lugar en que el pundonoroso militar español Nicolás Estevanez rompió su espada como protesta por el crimen.

Por primera vez fui testigo de la oralidad mágica de Eusebio, en la reinauguración de aquel sitio histórico de nuestras luchas indepentistas.

Nos preparamos para realizar la más concurrida y combativa peregrinación hasta esa fecha, descendiendo desde la escalinata y llegando hasta el mausoleo de La Punta.

Aproveché una de las habituales visitas de Fidel a la colina universitaria para pedirle que hablara en el acto conmemorativo del centenario. Ya dábamos aquello por hecho, pero como es conocido Fidel inició una larga visita al Chile del hermano Salvador Allende, desde el 10 de noviembre hasta el 4 de diciembre de 1971.

Por tal motivo le sugerimos a la dirección de la UJC Nacional y al compañero Jesús Montané que por aquel entonces fungía como organizador del Comité Central del PCC que se designara al compañero Roa como orador principal. Así se hizo y cuando ya era público el viaje de Fidel a Chile, me llamó Roa para invitarme a su oficina a conversar con él, ya que Montané le había comunicado tal decisión. Fue la primera vez que pude conversar tranquilamente con aquel hombre que desde adolescente admiré sin límites. Le pregunté a Jaime Crombet, que entonces era el Primer Secretario del Comité Nacional de la UJC, si podía acompañarme en el encuentro con Roa, pero Jaime me dijo que esa era una tarea de la FEU y que me tocaba a mí. Una de las tantas pruebas de magisterio y de modestia del inolvidable Jaime.

Cuando llegué a la oficina de Roa, me recibió con cierta aspereza, que de inmediato explicó. Me dijo que lo primero que debí hacer fue invitarlo personalmente y luego solicitarlo oficialmente; ya que a él no lo coyundeaba nadie, y si no estaba de acuerdo no aceptaba, así que me retó a que lo convenciera. Fueron más de dos horas de conversación, le hice muchas preguntas y me explicó sus puntos de vista de algunos acontecimientos de los años 1930 que me causaron honda impresión. Me preguntó sobre los objetivos de trabajo de la FEU de Cuba, me hizo algunas sugerencias y también advertencias. Yo aproveché para comprometerlo a escribir un artículo para un número especial de la revista Alma Máter que dedicaríamos al cincuenta aniversario de la FEU a conmemorar el 22 de diciembre de 1972. Yo salí de aquella entrevista con la impresión de que Roa no estaba contento con la designación.

Pues bien, el 25 de noviembre me llama Roa para decirme que tenía una disfonía que no le permitiría hablar el 27 de noviembre, en verdad casi no le entendía lo que hablaba. Me dijo, primero te estoy avisando a ti, ahora llamaré a Montané. Yo de inmediato me comuniqué con Jaime para contarle e intercambiar sobre la posible solución. Jaime me dijo que lo mejor era verlo directamente con Montané y tal vez con Raúl en la clausura del Primer Congreso de la FEEM que se realizaría en la mañana siguiente. En ese congreso terminó su brillante mandato Jorge Aldereguía Henríquez y asumió la presidencia Luís Alemán Cordero.

En un receso Montané nos llevó a Jaime y a mí hasta Raúl para analizar y decidir. Recuerdo que Raúl preguntó si teníamos idea de quién podía ser el orador principal. Yo me atreví a ser el primero en responder y decir que yo pensaba en un compañero que con menos de 24 horas de antelación podía preparase y hacer un buen discurso: Carlos Rafael Rodríguez. Raúl sin titubear dijo que estaba de acuerdo, y le indicó a Montané que lo llamara. Pero Montané le pidió que fuese él quien lo hiciera. Raúl aceptó, pero nos indicó a mí y a Jaime, que esa misma tarde fuéramos a conversar con Carlos Rafael.

Cuando llegamos a la oficina de Carlos Rafael, nos recibió con su sonrisa característica y la siguiente pregunta: ¿A quién fue que se le ocurrió proponerle a Raúl que yo hablara en ese acto? Al responder que había sido yo, me hizo otra pregunta: ¿Es justo darme menos de 24 horas para hablar de cien años? Lo único que se me ocurrió decirle fue que la FEU tenía infinita confianza en él. Me dijo, pues no perdamos tiempo, vamos a trabajar. Tenía sobre una mesa pequeña varias publicaciones, incluyendo el recién publicado libro A cien años del 71 de Le Roy Gálvez, con documentos inéditos sobre el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. Me preguntó sobre el trabajo de la FEU, de los principales problemas y objetivos, de las características del acto,… Luego de casi una hora de conversación, me dio una palmada en mi hombro y me dijo estaré mañana en el Salón de los mártires de la FEU para el develamiento de las fotos de los ocho estudiantes de medicina.

Les cuento que el Salón de los Mártires había sido remozado, y que en lugar de las fotos gigantes de Mella y José Antonio y la imagen del fusilamiento de los estudiantes momentos antes de su muerte, se inauguró un gran mural que recogía fotos en que se veía a los líderes estudiantiles, en plena faena revolucionaria. Ese mural fue obra del compañero Papiol, diseñador del DOR.

El Secretariado de la FEU había decidido incorporar a los ocho estudiantes, con efigies propias ya que si bien eran anteriores a la FEU, fueron dignos universitarios, ninguno firmó el acta de fidelidad a la corona española para salvar sus vidas.

Cuando culminamos esa ceremonia, le digo a Carlos Rafael que si lo prefería podía ir directamente para la tribuna, que nosotros estaríamos llegando allá sobre las 4 de la tarde. ¡Ay mi madre; qué clase de apuro pasé! Carlos me dijo, “Oiga jovencito, usted piensa que yo no puedo peregrinar junto a ustedes y llegar bien”. Él se percató de mi situación embarazosa, y con voz de padre me dijo. “Yo entiendo tu preocupación, pero no habrá problemas, yo corro cada mañana varias pistas y estoy entrenado. Es más te reto para ver quién llega más fresco a La Punta”. Con total honestidad confieso que él llegó más fresco que yo. Recuerdo que a mitad de la marcha que fue muy enérgica y veloz, Montané se fatigó y Chomi, médico y nuestro querido Rector, tuvo que auxiliarlo.

La peregrinación fue encabezada por el bloque de la Facultad de Ciencias Médicas. Es probable que algunos de los foristas que lean este artículo recuerden aquella memorable tarde.

En el acto se dio lectura a un mensaje especial enviado desde Chile por nuestro Comandante en Jefe. Hablé yo y el orador final fue Carlos Rafael que hizo de memoria un brillante discurso, que aparece recogido en el tercer tomo de su obra “Letra con filo”.

Al día siguiente recibí una llamada de Roa, que con voz alta y clara me dijo. “Oye, para saldar la deuda con la FEU, te prometo que escribiré el artículo para la revista Alma Máter, y si me invitas hablaré en el acto por el cincuenta aniversario de la FEU”. Ambos compromisos fueron cumplidos por nuestro canciller de la dignidad. Pero sobre esto podría hablar en otro momento.

Por su parte Carlos Rafael nos hizo llegar una carta cuyo original conservo, escrita el 2 de diciembre y recibida el 6 de diciembre- casualmente dos fechas históricas-, en la que agradecía a la FEU por haberle enviado una camiseta de “La Avanzada Estudiantil 27 de noviembre” y cito dos fragmentos: “A lo largo de los años, cuando me toque hacer un recuento de las horas vividas, tengan ustedes la seguridad de que esa tarde figurará entre ellas… A los que hemos tratado durante toda una existencia de vivir como revolucionarios, nos resulta un privilegio poder estar, en estos inicios de nuestra etapa final, codo a codo con las jóvenes generaciones y sentir la seguridad de que éstas tienen firmemente en sus manos la bandera y que cumplirán con el deber histórico de llevarla perpetuamente hacia adelante”. Fin de la cita.

Termino este artículo histórico, agradeciendo a todos quienes hicieron posible que aquel 27 de noviembre de 1971, fuese un importante hito del movimiento estudiantil cubano. En especial para mis compañeros de la FEU, de la FEEM, de la UJC y de las autoridades universitarias de entonces.

Ojalá que esta sentida remembranza estimule a los estudiantes de hoy a interesarse por la extraordinaria historia de la FEU, y sobre todo a seguir escribiéndola con la convicción que nos dejó Mella. “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”.