Los pronósticos no se equivocaron. La noticia ocupó la portada digital de The Wall Street Journal durante la madrugada del 24 de junio (mañana en Europa), con una gráfica ilustrando la depreciación de la moneda del Reino Unido, una caída que iba a la misma velocidad con que los votos en favor del ‘Leave’ (inglés de irse) sumaban millones de boletas. En su descenso, a la libra esterlina la acompañaron el euro, los precios de cotización del petróleo, los indicadores bursátiles y la carrera política de Cameron, quien dimite a su cargo un año después de una contundente victoria electoral .
La abreviatura ‘Brexit’ (British exit, salida británica)entra en la historia. Los ganadores de la jornada están dentro y fuera de las costas de las islas de la Gran Bretaña. Los euroescépticos desde Portugal hasta Rumanía están de fiesta. Y es que el Reino Unido muestra el camino a seguir a quienes buscan estar fuera de la Unión Europea.
También a los independentistas escoceses y a los nacionalistas norirlandeses que ya tienen a mano un nuevo pretexto para darle impulso a sus proyectos políticos. Ambas tendencias políticas ya piden sus propios referendos: los primeros para separar del Reino Unido y los segundos para integrarse a Irlanda. Así que más de una unión está en crisis.
Una de las mejores interpretaciones de la voluntad británica la dio el primer ministro italiano Mateo Renzi en Twitter: “Debemos cambiarla para hacerla más humana y más justa. Pero Europa es nuestra casa y nuestro futuro”.
Renzi no se queda solo en su interpretación de los hechos. Algo similar tuiteó desde Madrid el líder izquierdista español Pablo Iglesias: “Debemos cambiar de rumbo. De una Europa justa y solidaria nadie querría irse.”