En la época de tantos móviles, correos electrónicos, redes sociales, etc, es totalmente injustificado que alguien considere innecesario contestar cuando le llaman. Puede que el haber alcanzado un rango, mayor o menor, le haga pensar que los demás deben correr detrás, que otros se encargarán de atender o de evadir la falta de respuesta. Y no hay mayor equivocación que esa. Decía mi madre: “No hay nada mejor que un día después de otro”. Yo agrego que el ego es el mayor enemigo que podemos tener.
Como seres humanos necesitamos unos de los otros. Para diferentes fines, pero nos necesitamos. No hablo solamente de eso que conceptualizamos como solidaridad. Es también que cuando tenemos responsabilidades de las que dependen grupos de personas, muchas o pocas, pero personas, es éticamente incorrecto no prestar atención a quién la reclama, por una u otra vía.
Usted puede alcanzar momentos de éxito en su profesión. Sentirse en la cima del mundo cuando recibe un premio o es halagado en la prensa. Pero, el premio y el halago no salen de la nada. Por el fruto de su talento y su preparación, un grupo de seres humanos lo premió y lo halagó. Insisto, seres humanos. Muchas veces me incomoda ver a algunas personas ir por la vida como si no le debieran nada a nadie, incluso a quienes le dieron el privilegio de nacer. Que han perdido el sentido del agradecimiento a los que, de una forma u otra, les acogieron en algún que otro espacio o lugar.
Hablemos de frente: Usted pone su esfuerzo y su talento, pero las oportunidades se las ofrecen las coyunturas y los procesos. Olvidar eso nos demerita como seres humanos. Mi padre y mi madre, mis abuelos, incluso mi hermano mayor de seguro hubieran tenido caminos diferentes en sus profesiones de haber podido acceder a la educación que yo tuve. Agradecer es de humanos. Desagradecer es de miserables.
Tuve varios buenos ejemplos a seguir cuando en algún momento me tocó estar al frente de grandes colectivos de personas. Pero hubo uno que me marcó y que hoy en día recuerdo con gran admiración. Con él caminé por las arenas de Girón cuando hacíamos el documental de Otto Guzmán sobre esa gesta. Recorrí Jagüey Grande, Cienfuegos y Playa Larga mostrando la obra terminada a los pobladores. Revisamos juntos el primer documental de la serie , lamentablemente aún no concluida, sobre la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana.
Hace muchos años, me encontraba trabajando con la Unidad Móvil de Mundo Latino en el Palacio de Convenciones. Me localiza uno de los productores y me dice: en el teléfono de la Unidad lo llaman de la oficina del Vicepresidente Fernández. Pensé, como siempre hacemos en esos casos, que algo del evento que estábamos cubriendo se nos había escapado, o algún error habíamos cometido. Cuando el ayudante del entonces Vicepresidente del Consejo de Ministros José Ramón Fernández me comunica con él, éste me saluda y me dice: “Tengo una llamada suya a mi oficina. ¿De qué se trata?”. Le contesto: “Yo no le he llamado”. Continúa Fernández: “Mi oficina tiene un mensaje que dice que de Mundo Latino me llamaron”. Le vuelvo a decir:”No he sido yo, pero averiguaré”. Y finaliza Fernández: “Pues cuando lo sepa me llama. PORQUE YO RESPONDO TODAS MIS LLAMADAS”.
Esa fue una lección de vida. Doce años después, sigo respondiendo a todo aquel que me llama o me escribe. Y lo seguiré haciendo mientras viva, porque de lo que estoy seguro es que cuando alguien llama, algo necesita. Así que, por favor, si Usted es de los que no responden llamadas, hágalo si de algo le sirve lo que he escrito. Se sentirá mejor cuando escuche del otro lado: “Muchas gracias”.