Para nadie es un secreto que las posibilidades que tiene un candidato de salir presidente de los Estados Unidos no están dadas, en lo absoluto, por su capacidad para dirigir el país o desarrollar una política exterior sensata, sino por muchos otros factores, cual de ellos más ajeno a sus verdaderas características personales.
Al socaire de los pronósticos y comentarios a que dan lugar el largo y complicado proceso electoral norteamericano es obvio que el dinero sobre todo es muy importante. Con él pueden comprar los espacios en televisión, los consejeros de imagen, los asesores económicos y políticos, los psicólogos que le dicen qué y cómo expresarse, los humoristas que escriben los chistes, etc.etc.
Pese a que en esa sociedad hay mucho por hacer, tanto los demócratas como los republicanos no plantean nada nuevo y, se dedican a dictar reglas de moralidad al resto del mundo y a invadir países para robar recursos mediante guerras de rapiña.
En el actual proceso se hace hincapié, sobre todo en el tema de inmigración donde afloran actitudes raciales y en algunos casos hasta fascistoides.
Durante meses, las apuestas sobre la posible terna entre los abundantes candidatos republicanos con más opciones para ganar la nominación de su partido han ido variando, especialmente con la irrupción inesperada del magnate troglodita Donald Trump y su aún más inesperada consolidación en las preferencias pese a sus expresiones, racistas, agresivas, insultos, grocerías a solo unas horas de los caucus de Iowa, primer estado en votar las primarias. Parece que hasta ahora le siguen los dos ultraconservadores americanos de ascendencia cubana, Ted Cruz y Marcos Rubio entre los otros más de diez contendientes republicanos. Sin embargo, en esa lista no aparece el ex gobernador de la Florida, Jeb Bush.
Mientras, la maquinaria de la ex primera dama, Hillary Clinton –favorita entre el electorado demócrata, aunque algunos apuestan por Sanders– se está centrando en cómo enfrentar a los otros aspirantes del partido del Elefante en la carrera para domiciliarse en la avenida Pensilvania.
Tras el ataque terrorista de San Bernardino, toma fuerza algo que siempre ha existido, el miedo a otras religiones, etnias, y ahora el terror de los norteamericanos al Islam lo cual alimenta las posiciones de Trump. Aunque siempre ha sido una característica el manejo fundamentalista de los medios de comunicación para crear corrientes de miedo que nada tienen que ver con la realidad, sino con intereses de tipo electoralista, económico y cultural.
Podría decirse que al menos el noventa por ciento de los norteamericanos vive bajo el pánico al comunismo y al terrorismo islamista. En Estados Unidos ni un solo gobierno puede permitirse el lujo de pretender reducir los gastos del Pentágono que necesita de un estado de guerra permanente ya sea con guerras “justificables” o inventadas.
Los donantes a las campañas de cada uno de los aspirantes republicanos o demócratas permiten ir despejando incógnitas para develar quienes son los contrincantes más fuertes de cara a las primarias, camino a la Casa Blanca, independientemente de lo que arrojen los sondeos.
Quien quiera que gane las elecciones el próximo año, demócrata o republicano, es más que sabido que las decisiones políticas no se toman de acuerdo con la voluntad de la mayoría de sus ciudadanos, sino únicamente para promover los intereses de la élite económica y los grupos organizados que ejercen una influencia sustancial en la política de la Casa Blanca, mientras que los ciudadanos no tienen influencia alguna en la política norteamericana.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, destacó durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca, “la urgencia” de actuar en materia de control de armas de fuego en el país, donde los tiroteos se han convertido en casi cotidianos. “Ahora debemos sentir la urgencia absoluta, ya que las personas están muriendo. Y las constantes excusas por la inacción no funcionan más. Ya no bastan”, insistió en una rueda de prensa en la Casa Blanca el presidente Obama, citando al difunto activista de derechos humanos y líder afroamericano Martin Luther King.
El mandatario afirmó que el multimillonario lobby de los fabricantes y vendedores de armas logró convencer al Congreso de bloquear cualquier tentativa de regular el acceso a armamento letal, pero que no puede hacer lo mismo con el poder Ejecutivo.
Obama criticó enérgicamente a quienes se oponen de forma radical a la aprobación de medidas elementales como el chequeo de antecedentes para quienes desean comprar un arma de fuego, una posibilidad que, según dijo, tiene el apoyo del noventa por ciento de los estadounidenses.
“El lobby de las armas podría estar tomando de rehén al Congreso ahora mismo, pero ellos no pueden tomar de rehén a Estados Unidos”, dijo Obama, para quien esos grupos son “ruidosos y bien organizados para que sea fácil que las armas estén disponibles para todos, en cualquier momento”.
Sin embargo, señaló, los estadounidenses deben ser “igualmente apasionados e igualmente organizados en la defensa de nuestros niños. No es tan complicado”.