Así, todo el mundo amaneció hoy empatado. Sin rasguños. Enarbolando las banderas de una paz que muy poco le ayuda a los torneos, sobre todo a este certamen cubano donde –a falta de premios rutilantes- se requiere una lucha permanente para que el mundo siga valorándolo como merece.
Pero claro, no vino Ivanchuk. El seis veces campeón se ha ausentado esta vez, para desgracia de los que siempre esperan por la sangre en el tablero. Y Andreikin, que matriculó con el ELO más alto, es apenas un buen jugador de 23 abriles. Y Harikrishna, el indio, ya sabemos que es un trebejista inconstante. Y Leinier, que es el otro favorito, acostumbra a ser sólido, mas poco temerario.
Queda esperar que el curso cambie y alguien rompa este hielo monótono y quemante. Que regrese la alegría a los escaques, aunque sea por los repetitivos cauces de la Ruy López y la Siciliana (cinco de seis cotejos han tomado esos caminos). Y que caigan monarcas, abatidos por el peso del asedio.
Que a fin de cuentas, de eso se trata el ajedrez.