Fildeos periodísticos, noticias peloteras

Los periodistas-softbolistas cubanos repartidos en tres equipos (Prensa Escrita, Prensa Latina e ICRT), compiten durante 18 Campeonato de Softbol de Medios Nacionales. Los juegos tiene lugar todos los sábados desde las 9 am del mes de Julio y Agosto en los terrenos del ISCF Manuel Fajardo. FOTOS: Calixto N. Llanes (CUBA)

El softbol es la pelota de los fracasados. De los bodegueros y los periodistas que anhelaron pitchear en el Latino, pero que, drásticamente, tuvieron que conformarse con cosas bien distintas, de menos glamour, menos satisfactorias, como despachar azúcar detrás de un mostrador o informar en el Granma acerca de la venta de pescado o del nuevo dentífrico de elaboración nacional.

Algunos periodistas y bodegueros se parecen a las muchachas rubias que con 20 años sueñan hacer carrera en el cine, y que con el tiempo, y el reajuste cabal de las expectativas, terminan de extra, o, en el mejor de los casos, declamando un insalubre bocadillo. Pero igual se creen actrices.

Como yo, que me creo pelotero. Porque sería capaz de entregar cualquier pasaje -el mejor, el más sentido verso- a cambio de la espectacularidad de Víctor, o del tenedor y la slider de Contreras. Y porque todos los sábados juego, en un modesto terreno de La Habana, bajo un sol ambidextro, un sol que batea a las dos manos, el inefable softbol de la prensa.

Qué evento ese, digo para mis adentros. El único evento serio, el único evento a muerte donde un pitcher de 70 años se enfrenta a un bateador de 19 y lo domina. El único torneo donde un presunto redactor de Hoy, o de Lunes de Revolución, cuenta con la misma experiencia, el mismo ímpetu y le pone a cada acto las mismas ganas que le pondría un recién graduado, un imberbe periodista que de reportar solo sabría lo poco que le hubieran enseñado los libros.

En el softbol de la prensa se hace, descansadamente, pisa y corre de segunda a home. Y se anota, socio. Y se discute, asere. Y no pasa nada, bestia. Roletazo al short, hermano. Fly al cátcher, brother. Alguna burla, sister. Algún desenfreno, ambia. Cosas de ese tipo, ecobio, propias de una comedia, yunta, de una parodia sui géneris, tigre, de una parodia sui géneris.

Allí se reúnen, como en una fotografía de época, analistas internacionales, fotógrafos de cultura, polémicos cronistas deportivos y otros que son, a su vez, adorables personas, o excelentes padres de familia, pero no polémicos. Otras buenas cosas sí, pero polémicos no.

Uno no puede evitar las asociaciones, los vínculos de desopilante hilaridad. El hombre que el viernes criticó la actuación de Cepeda, o la descortesía de los choferes, o los genocidas ataques de la OTAN, cuando llega el sábado se toma un ponche. Y hasta dos. Y hasta tres. Pero mejor dejémoslo ahí. Porque tampoco es tan patético, de tan timorata calidad. Y en el softbol de la prensa hay de todo. Desde espectaculares rejuegos tácticos, magníficos engarces y descomunales batazos, hasta receptores que, entre lanzamiento y lanzamiento, por serios problemas de columna, desayunan, leen un tabloide y luego se toman un café.

Menos mal, digo yo... menos mal que no se permite robar bases. Y que aunque no se declare, porque ese es un torneo de nivel, un torneo en el cual uno debe estar dispuesto a jugarse el honor, existe un velado consenso, cierta benevolencia hacia los menos capaces, hacia esa gente digna de aplauso, que no se pierde una, y que son imprescindibles, aunque nunca den un hit, y aunque embarquen, aparatosamente, más de una jugada, más de un último inning.

Yo creo no ser tan malo. Y creo no ser tan bueno. Que es la misma reverenda cosa. Y creo que el único espacio donde pudiera redimirme, donde pudiera salvarme de una vez, sería en el terreno de juego.

A ver si un día de estos, cuando decida un partido, o dé una línea enorme, o, al mejor estilo Víctor Mesa, me enganche de una cerca imaginaria (una cerca que ya no existe y que es probable no exista nunca más) para robarme impunemente la gloria de otro, pueda yo escapar por un rato, encontrar una salida, algún recóndito resorte, y sentir en mi fuero interno lo que sienten las estrellas, lo que se siente cuando se quiebra un record, cuando se llega adonde nadie más, ni de lejos, ha podido llegar.

Acabo de transgredir una de las reglas. Al softbol de la prensa -cosa curiosa- nadie le dedica un lead. Nadie toma los medios para hablar de su average, de su promedio de carreras limpias. Y a mí me parece bien. Porque eso sería como que el bodeguero trasladara para su casa los víveres de la bodega. Y el que más y el que menos todo el mundo sospecha lo mal que nos caería una atribución de esa índole. Si cosas como esas sucedieran, digo... si sucedieran.

El softbol de la prensa no tiene nada de extraordinario, nada que se salga de lo previsible, y ahí descansa su magnificencia. Además, otra razón mucho más lógica explica la ausencia del evento de las primeras planas del dominical, o del noticiero del mediodía. Porque cada cual a lo suyo, y si son los periodistas los que juegan, entonces quién cubre la noticia. ¿Ariel Pestano? ¿Yuliesky Gourriel?

No parece, ciertamente, muy descabellado. Jugadores indiscutibles, cuyas sombras o reversos le vendrían bien al periodismo cubano. Por carácter y por talento. Para que juzgaran, con encendidas polémicas, los fildeos periodísticos, o las noticias peloteras. O un poco de lo uno, fiera, un poco de lo uno y de lo otro, brother, un poco de las dos cosas y nada más.

Un joven juega con las pelotas durante 18 Campeonato de Softbol de Medios Nacionales. Los juegos tiene lugar todos los sábados desde las 9 am del mes de Julio y Agosto en los terrenos del ISCF Manuel Fajardo. FOTOS: Calixto N. Llanes (CUBA)