Por Abel González Melo
Tras una primera incursión en el universo del cortometraje de ficción con Tres puntos (2008), el joven realizador habanero Daniel Chile vuelve a impactar con la agilidad cinematográfica de su nuevo corto: Túnel (2010), mostrado recientemente en varios espacios de la capital cubana, entre ellos el Festival de las Artes del ISA. La caída de dos jóvenes en el consumo de cocaína es el tema que centra el trabajo, defendido por un equipo de absoluta profesionalidad.
Sorprende lo bien expuestas que aparecen las relaciones de los personajes, los frágiles vínculos que los empatan. Sin que quede explícito a priori el parentesco entre Javier (Yaniel Castillo) y Pedro (Renecito de la Cruz), presentimos que son padre e hijo, pero con los afectos quebrados: el muchacho es obligado a salir a la calle en plena noche para cumplimentar sus labores de alquiler clandestino de películas en dvd, y su malestar con el padre lo conduce a robarle para pagar los caprichos –el “enganche” a la droga– de su reciente novia, Deborah (Amanda Fariñas). Por otro lado, de la madre de Deborah tenemos noticia porque todavía no le ha mandado el dinero del alquiler “del cuarto” en que ella vive, deuda que no cesa de echarle en cara su casera Caridad (Broselianda Hernández). Ambos muchachos estudian en una facultad municipal del plan de “universalización de la enseñanza”, estrategia que el gobierno cubano ideó en los primeros 2000 para titular de nivel superior a jóvenes profesionales de nivel medio.
Situadas las claves temáticas, he aquí los sucesos esenciales: Javier, que en principio ha criticado que Deborah esnife, ve como única salida para que ella lo readmita en su vida llevarle más cocaína. Entablan una relación entonces que tiene como eje el consumo desmedido y permanente que deviene drogodependencia, por lo cual sacrificarán todo: se irán encerrando en una urna de sexo y modorra. El día en que Javier es expulsado de su casa por el robo que le hace al padre, consume una sobredosis y queda fulminado en casa de Deborah. Ella, que había echado a Javier de su casa cuando este criticó su adicción, ahora se encuentra con un cuerpo inerte en su baño: se percata de que no sabe quién es, dónde vive. Está sola en el mundo y la casera vuelve a tocar a su puerta.
En su sencillez, este arco dramático permite a Daniel Chile concentrarse en el universo actoral. Los protagonistas consiguen desempeños excelentes. Yaniel Castillo demuestra su fuerza al decir con precisión y ser verosímil en el uso de la jerga. Su rostro manifiesta sus intenciones de la mejor forma posible: sin demasiados gestos, sintiendo los impulsos y permitiendo que afloren. Amanda Fariñas, que con esta interpretación se gradúa como actriz del Instituto Superior de Arte, es pura fibra emotiva: convence con la contundencia y lo penetrante de su mirada, y con unos procesos interiores que alejan a Deborah del estereotipo de la drogadicta. Amanda porta la humildad de las grandes actrices que logran convencer sin aspaviento y sin histeria incluso al subir los tonos: con su voz redondea los contornos del abismo en que se encuentra su personaje. Él la espera en la puerta de la escuela. Más tarde, ella lo espera a él. Dentro de los dos cabalga la ansiedad que tanto Yaniel como Amanda desnudan y complejizan para los espectadores.
Notables son también las breves apariciones de Broselianda Hernández y Renecito de la Cruz, quienes apoyan, desde sus posturas de clásicos “oponentes” dentro de la historia, la tensión que va generando el relato a lo largo de sus veinte y pocos minutos de duración.
A lo anterior hay que añadir la excepcional documentación del entorno habanero –de las zonas donde se desarrolla la acción, en Marianao y El Vedado–, que consigue la fotografía de Roberto Chile. Destaco los matices conseguidos con la iluminación del amanecer y la nocturnidad, en especial sobre el mítico Puente de Hierro, así como la nitidez con que se capta la luz del día: un entorno cromático que va del parque al interior de la habitación, de la claridad a la penumbra azul, con una fluidez insólita, conseguida, aquí también, gracias a la edición picada y envolvente de Salvador Combarro, quien monta con sutileza y buen gusto. Los primeros planos de los rostros de los actores significan una de las apuestas más eficaces del discurso visual: en estas tomas descansa la sinceridad del director, que busca que las sensaciones se transparenten, que fluyan con la organicidad que ha requerido del elenco.
La música de Alexis Bosch marcha en paralelo con la anécdota. La intensidad electroacústica sostiene el camino desesperado de los personajes, su soledad y su desamparo. “Yo me encierro en tus miedos / en los ratos perdidos de tu voz”, versos de Polito Ibáñez dentro del tema original interpretado por él mismo, funcionan como exacta dosis de reafirmación, con la densidad de la verdadera poesía.
Hay un momento de la película en que parece que los personajes pueden ser felices: ambos, drogados, avanzan a una velocidad supersónica dentro de una guagua por debajo de un túnel: atraviesan la ciudad, felices, para llegar a las clases. La imagen final es Deborah ante el espejo, buscando una solución, un escape, cuando todo se le viene encima. Entre las virtudes de Túnel se encuentra mostrar sin aleccionar: no hay culpas, hay hechos. La obra es la mirada de un joven realizador sobre su realidad y su tiempo, el conflicto de dos muchachos enamorados que se aferran a un error que les da vida y los desgasta. Sin saber si Javier ha muerto, sin saber cómo Deborah va a pagar el mes de alquiler, Daniel Chile baja el telón de esta fábula hermosa y real.
Cartel de "Tunel"
Fotograma de "El tunel"
Fotograma de "El tunel"
Fotograma de "El tunel"
Fotograma de "El tunel"
Fotograma de "El tunel"
Fotograma de "El tunel"
Fotograma de "El tunel"
Daniel Chile, director de el cortometraje "El tunel"
Túnel (Staff)
HDV / FICCIÓN / 25MIN
MIRAPAKÁ Producciones
Guión y Dirección: Daniel Chile
Intérpretes: Yaniel Castillo, Amanda Fariñas, Broselianda Hernández, Renecito de la Cruz y Ariel Albónigar.
Dirección de Fotografía: Roberto Chile
Asesor: Hubert Barrero
Edición: Salvador Combarro
Música Original: Alexis Bosch
Canción Tema: Polito Ibáñez
Sonido: Michel Caballero
Dirección de Arte: Michel Mesa
Asistente de Dirección: Susana Patricia Reyes
Jefe de Iluminación: Luis Manuel Escuela
Sinopsis: Javier y Deborah son dos estudiantes universitarios atrapados por la soledad. Emprenden una relación amorosa, desde sus comienzos llena de conflictos, y transitan, uno y el otro, del amor al vacío, como quien atraviesa un puente o un túnel sin final.