Malleta está encendido. Foto: Alex Castro
Escribo estas líneas recién finalizado el emocionante -pero mediocre- primer desafío entre los eternos rivales del béisbol nacional, Industriales y Santiago de Cuba. Cuando menos, tres detalles me dejaron consternado. O mejor, para atenuar el pesimismo, pensativo.
El primero de ellos usted seguramente lo ha intuido: se refiere a que persisten -y persistirán, mientras no se tomen medidas al respecto- las fallas arbitrales. En home, y también en las bases.
Detrás del pentágono, nuestros umpires carecen de una línea de trabajo. Esto es, de uniformidad de criterios a la hora de evaluar los lanzamientos. Lo que hoy es strike, mañana es bola. Inadmisible. Desconcertante. Absurdo.
Y en las bases, lo mismo de siempre: la maldita tendencia -criticada anteriormente en Strike 3- de decretar el out en todas y cada una de las jugadas "chiquiticas". "Llegando y pisando, para el fildeador", parece ser la máxima de los oficiales de la Serie.
El segundo detalle tiene que ver con ese venerable pelotero indómito, Reutilio Hurtado. El veterano vive un momento dorado con el bate, despacha cuadrangulares kilométricos, aporta mucho a la causa ofensiva de un equipo debilitado hasta el cansancio por la inexistencia de relevos para sus estelares de antaño.
Sin embargo, Reutilio luce mal -muy mal- a la defensa. El almanaque, cruel, lo ha privado de la explosividad que antes lo convirtió en uno de los guantes más seguros del center field cubano. Así, este viernes no anduvo nada fino por lo menos en tres conexiones, e Industriales aprovechó tales deslices. ¿Qué hacer con él? Hombre, si en el line up existe el rol de designado...
Por último, confieso que quedé petrificado cuando vi que el alto mando santiaguero decidió lanzarle a Malleta en la parte baja del octavo, con hombres en los ángulos y un out. La razón es sencilla: las Avispas perdían por una carrera, y debían tratar a toda costa de llegar al inning conclusivo con desventaja mínima.
Cierto es que transferir a Malleta representaba poner a otro corredor en posición anotadora, porque Urgellés pasaría a la intermedia con la base. Pero creo firmemente que la jugada era prácticamente forzosa.
Ante todo, porque el pitcher se libraba de uno de los peloteros que mejor momento de forma atraviesa a estas alturas del torneo -ha subido unos cuarenta puntos de average en poco tiempo-, zurdo por demás y metido en la pelea por el liderato de impulsadas.
"Quitarse" a Malleta equivalía a enfrentar a un bateador de menor categoría, Irakli Chirino, con la posibilidad del double play por cualquier vía. Pero, ya lo dije, se optó por lanzarle al cuarto bate, y su metrallazo fulminante subió una nueva anotación azul a la pizarra. Una anotación que a la postre resultó decisiva. (Ironías del deporte: a seguidas, Chirino roleteó para doble matanza).
¿Está bien que sucedan estas cosas?, me pregunto. Y me digo yo mismo que no, como tampoco que uno de los brazos más potentes del país, Serguei Pérez, haya dejado la custodia del right field; o que el siniestro Yoandri Portal todavía no lance por encima del brazo contra bateadores derechos; o que algunos peloteros no corran -viejo vicio- cuando le pegan mal a la Mizuno.
Una vez desahogado, solo me queda desearle pronta recuperación a Luis Ulacia, uno de esos atletas que puso el alma en el diamante para que nosotros amáramos el béisbol.