El desplome de las mentiras sobre Iraq

Levantaron junto a la costa un castillo de arena y, en muy poco tiempo, apenas entraron un par de olas, se ha desplomado. Las mentiras de Bush, Cheney, Rumsfeld, Condolezza, Powell, Blair, Aznar y muchos otros dirigentes del capitalismo sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, que fue la justificación principal para invadir y ocupar ese país el 20 de marzo de 2003, han sido tan evidentes que hasta sus mismos inventores las han tenido que empezar a reconocer.

Traigo a colación algo bien sabido por la opinión pública internacional desde hace mucho tiempo por dos confesiones bien recientes. La última, de un ingeniero químico iraquí, que vive en Alemania desde 1995, quien acaba de decir al periódico inglés The Guardian que mintió cuando convenció al gobierno de Estados Unidos sobre que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva, y que lo hizo sencillamente para propiciar la agresión militar que derrocase a ese régimen.  Días antes, se publicaron las memorias  ("Lo conocido y lo desconocido") de Donald Rumsfeld, jefe del Pentágono, quien reconoció la falsedad de sus afirmaciones en aquel entonces de que Iraq tenía armas de destrucción masiva en Bagdad y Tikrit, pues lo que debió decir es que eran "sitios sospechosos", y que estaba también arrepentido  por  sus palabras "estas cosas pasan" cuando el museo de Bagdad era saqueado por las tropas invasoras.

Días después de que Bush dejó la Casa Blanca, él y su equipo de mentalidad y métodos fascistas, empezaron a tratar de limpiar la estela de mentiras dichas. En una entrevista a la cadena ABC y después en sus memorias ("Momentos decisivos") Bush dijo que "sentía náuseas cuando piensa que no se encontraron armas de destrucción masiva en Iraq", lo que consideró "el mayor error de toda la Presidencia".

Pasados ya 8 años, oportuno y aleccionador es recordar lo que dijeron al pueblo norteamericano y al mundo los principales dirigentes políticos de Estados Unidos, Gran Bretaña y España.

2 de octubre de 2002.- "Iraq posee bastantes agentes químicos y biológicos para matar millones de personas", Bush.

24 de septiembre de 2002.- "Iraq intenta adquirir uranio en África para fabricar armas nucleares. Posee ya armas químicas y biológicas. Sus misiles podrían ser desplegados en 45 minutos", Tony Blair, primer ministro de Gran Bretaña, ante la Cámara de los Comunes.

28 de enero de 2003.- "Iraq ha intentado adquirir uranio en Níger para un programa de armas nucleares", Bush, en su discurso del Estado de la Unión. (Días después, ante tan escandalosas y falsas declaraciones, el director de la CIA, George Tenet, hizo recaer sobre él toda la responsabilidad diciendo que era información errónea que había transmitido a la Casa Blanca).

3 de febrero de 2003.- Colin Powell, entonces Secretario de Estado, dijo: "Sadam Hussein ha emprendido investigaciones sobre docenas de agentes biológicos".

Por estos mismos días, Dick Cheney, el vicepresidente yanqui decía: "Sadam Hussein ha reconstituido armas nucleares", y Aznar expresaba ante el Parlamento de España: "Todos sabemos que Sadam Hussein posee armas de destrucción masiva. Todos sabemos que obran en su poder armas químicas".

Todo era falso. La verborrea no era más que una operación sicológica para preparar al mundo de la invasión y ocupación de Iraq, y apoderarse de su principal riqueza, el petróleo.

Las mentiras no pararon. Mientras la aviación bombardeaba ciudades y pueblos iraquíes, los tanques y las fuerzas de infantería de la fuerza multinacional formada por Bush, no consultada siquiera con Naciones Unidas, avanzaban matando y destruyendo todo lo que hallaban a su paso, las mismas voces seguían insistiendo en que estaban a punto de encontrar las armas de destrucción masiva. Aunque antes, los inspectores de la ONU y de otras organizaciones internacionales no habían encontrado pruebas sobre su existencia. Bush y Blair decían con desfachatez que eso no significaba que no existiesen esas armas.

Bush entonces dijo: "Aquellos que dicen que no hemos encontrado armas prohibidas están equivocados. Están en laboratorios móviles que hemos ya localizados Las armas están ahí. Las encontraremos".

Los medios de prensa imperialistas, esos que tanto proclaman defender la libertad de expresión y de prensa, ser objetivos, no dar información sin cruzarla con distintas fuentes, ponían en sus titulares, sin cuestionamientos, las mentiras y falsedades que decían los dirigentes de Washington, Londres, Madrid y otras capitales del mundo occidental.

Ahora, el ingeniero químico iraquí Rafi Ahmed Alwau al-Janabi ha dicho que desde el año 2000 los gobiernos de Estados Unidos y de Gran Bretaña sabían que en Iraq no había ninguna bomba de destrucción masiva. Que todo, en fin, fue un montaje para justificar ante la opinión pública de Estados Unidos y el mundo la invasión y ocupación de Iraq.

Los imperialistas consiguieron los propósitos que lo llevaron a Iraq: derrocar a Sadam, apoderarse del crudo, tener mercado para las empresas fabricantes de armamentos, participar en la reconstrucción de lo que sus bombas y metralla destruyeron y establecer empresas privadas de seguridad, integradas por matones mercenarios. Sin importarles los daños y sufrimientos causados al pueblo iraquí: un millón de muertos, un millón de refugiados, 400 mil niños que han muerto de hambre. Todo en nombre del establecimiento de la democracia.

Bush, Cheney, Condolezza, Powell, Blair y Aznar, entre otros, en esos años iniciales del siglo XXI, expulsaron la verdad del mundo, como dijese el escritor portugués Saramago.

Si vemos las falsedades y calumnias que se lanzan  en estos días sobre China, Viet Nam, Cuba, Venezuela, Bolivia y muchos otros países que no se someten a los dictados de los países imperialistas, tenemos que decir que la verdad sigue expulsada del mundo.

Bueno, no debemos ser tan absolutos: porque los que tienen la razón siguen luchando, sin claudicar, porque sus ideas a favor de la independencia, la soberanía, la autodeterminación, la justicia social, el fin de las desigualdades y el bienestar, triunfen.

Seamos optimistas. La carencia de eticidad, como esa de mentir, mentir y mentir sobre todo para justificar acciones depredadoras y criminales con el fin de  obtener ventajas y privilegios, podría ser un factor que se sume a muchos otros que están actuando en contra del sistema capitalista desarrollado que es incapaz ya de atajar las crisis que lo conducen hacia un desastre inevitable.