El lobby judío o el miedo a la muerte en el establishment norteamericano (II)

Por Omar Olazábal Rodríguez

Parte II - Los medios y el entretenimiento

Me encontraba escribiendo esta segunda parte, cuando la noticia del retiro de la veterana periodista Helen Thomas recorrió el mundo. Un ejemplo de lo que mencionábamos en el primer artículo sobre la muerte política. Las declaraciones de la decana del periodismo estadounidense, difundidas por un sitio web israelí, en las que llamaba a los sionistas a la retirada de los territorios palestinos ocupados, provocaron la ira del fuerte lobby judío y el fin de la carrera de Thomas.

Y es que no se puede opinar contra Israel en la sociedad norteamericana. Es un crimen de lesa humanidad, una intromisión en el programa estratégico trazado desde hace más de un siglo por el Movimiento Sionista.

Los medios en los Estados Unidos están tomados por ese Movimiento. Y todo comenzó a principios del siglo XX, con el surgimiento del cine como industria. Recordemos que para esa época, las proyecciones cinematográficas eran la novedad, el transmisor directo de las ideas de lo que posteriormente fue llamado "el modo de vida americano".

Los primeros exponentes fueron Carl Laemmle, fundador de la Universal Pictures, Adolph Zukor (Paramount) y William Fox, creador del imperio que hasta nuestros días lleva su apellido. Todos llegaron a Estados Unidos desde Europa, los dos últimos de Hungría, país con una fuerte presencia de la comunidad judía.

Todos los grandes estudios de cine estadounidenses fueron creados con capital de la comunidad judía. Las inversiones eran muy fuertes, en una carrera por la toma del poder que formaba parte del plan de dominio del movimiento sionista, ya para esos tiempos con fuerte presencia en la sociedad norteamericana y con el apoyo de los grandes banqueros europeos, también miembros de ese movimiento.

De esa forma, Louis B. Mayer (Metro-Goldwin-Mayer) y los hermanos Harry, Albert, Sam y Jack Warner (Warner Brothers) junto a los ya mencionados pusieron los cimientos del dominio mediático que tanto ha servido a los designios sionistas dentro del imperio norteamericano. Y ese dominio se fue expandiendo hasta llegar a nuestros días.

Una analista chilena, Denise Shomaly, realizó un ejercicio cuantitativo de la presencia del  sionismo en los medios. Los resultados son tan sorprendentes, que no nos queda otro remedio que acudir a ellos para ejemplificar la extraordinaria cuota de poder que ejerce sobre las mentes de los estadounidenses ese lobby judío.

Según Shomaly, prácticamente todos los grandes conglomerados mediáticos y de entretenimiento en los EEUU son propiedad de miembros de la comunidad judía. Y, para aclarar algún pensamiento ajeno a nuestra voluntad, debemos decir que el principal radio de acción y centro de presión del movimiento sionista es precisamente la comunidad judía. Por supuesto que no todos los judíos son sionistas, así como tampoco todos los sionistas son judíos. Pero negar la interacción entre el sionismo y la comunidad judía es, por lo menos, naif.

La comunidad judía en cualquier país del mundo comparte ceremonias y tradiciones, negocios y educación religiosa. Y es en ese permanente intercambio donde el sionismo realiza sus tenebrosas acciones de inserción. Y ¡ay de quién proteste! Ejemplos sobran de cuán mal la han pasado aquellos que han tratado de escabullirse de los tentáculos sionistas.

Una vez aclarado esto, retornemos al análisis de la Shomaly. Pudiese parecer un poco largo, pero a la vez extremadamente ilustrativo.  Por ejemplo: la compañía medial más grande del mundo es la Time Warner Inc. Desde sus inicios en el negocio de Hollywood, la Warner ha estado dominada por el capital judío. Con su inserción en el jugoso mercado de la Televisión, la Time Warner Inc, es un conglomerado de ocho grandes empresas de cine y TV. Es dueña de la CNN, se fusionó con AOL, y posee además Cinemax TNT, Castle Rock Entertainment, Hanna-Barbera, y HBO. En todas ellas, prominentes miembros de la comunidad judía estadounidense son los principales ejecutivos.

Otro imponente imperio es la Walt Disney Company. Ese nombre que tan gratos recuerdos nos trae de nuestra ya lejana infancia, es realmente un poderoso consorcio que abarca todas las ramas de la industria mediática y de entretenimiento de los EEUU. Su líder indiscutible es Michael Eisner, aunque durante muchos años, su rama televisiva estuvo realmente bajo el dominio de un nombre incómodo para muchos políticos estadounidenses, Harry Goldstein. La Walt Disney comprende a la ABC, Touchstone Pictures, BuenaVista International, Hollywood Pictures, Miramax Films, Caravan Pictures, Life Time Television , Art and Entertainment , así como ESPN.

Un tercer conglomerado lo constituye Viacom Inc, bajo las órdenes de Summer Redston, cuyo verdadero nombre es Murray Rothsein. Este imperio está compuesto, entre otras muchas compañías por Paramount, Showtime, Nickelodeon, MTV,la CBS y 200 emisoras de radio. ¡Cuánto poder!

Y así la lista continúa con la familia Bronfman al frente de la NBC-Vivendi-Universal; Rupert Murdoch (de madre judía) con su imperio FOX; Norman Pattiz, Presidente de Westwood One, que posee 7500 emisoras radiales; Lawrence Kirshbaum, que preside la división Publicaciones de AOL Time Warner e incluye las revistas Time, Fortune, Sport Illustrated y People, entre otras.

Familias judías están al frente de los más afamados periódicos norteamericanos, como el New York Times, US News and World Report, y las revistas Vogue, Vanity Fair, entre otros. O sea, lo que se denomina el cuarto poder está en manos de la influyente comunidad judía norteamericana.

Esto explica muchas cosas. Entre ellas, el desconocimiento por parte de la sociedad norteamericana de la realidad del Medio Oriente. La imposición de un esquema en el que los israelíes son las víctimas y los árabes los victimarios. Un ejemplo concreto lo fue la agresión contra Irak en el 2003, durante la cual los representantes de los más importantes medios norteamericanos viajaron en los carros de combate de su ejército contando las "hazañas" de sus soldados.

Y, unidos, hacen tambalear a Presidentes, como lo fue el caso de Bill Clinton y su escándalo con la Lewinsky. O lo elevan a las más altas cimas, como ocurrió con Bush y posteriormente con la campaña de Obama. Es un poder infinito, con el cual la política americana tiene que ponerse de acuerdo o perecer. No les queda de otra.

Envenenar a la opinión pública con el mensaje de que lo único válido es el modo de vida norteamericano y que la defensa de su aliado más íntimo, léase Israel, es sagrada e inviolable, constituyen ejes fundamentales en los que se sustenta el movimiento sionista en esa, a todas luces, bien estructurada conspiración para manejar los hilos de la política en el mundo.

Contra ese poder, los políticos de hoy en los EEUU no hacen nada, no pueden hacer nada, a menos que estén dispuestos a sacrificarse en aras de la justicia. Y en el concepto de "American Way of Life" ese sacrificio no está previsto, al menos, por quienes desde las primeras películas silentes, lo elaboraron a su antojo. Y si no comparte Usted ese criterio, le pido recuerde a los malos indios contra los valientes cowboys del Oeste estadounidense. La misma historia de hoy, solo que los "malvados" son otros.