That is the question

Hace poco menos de un año, se publicó en este sitio, cuando faltaban sólo unos días para las elecciones en Estados Unidos un comentario de esta redactora titulado ¿Se sentará Obama en la poltrona? Pese a las dudas de muchos debido al color de la piel del candidato demócrata, el pueblo norteamericano lo instaló en la Casa Blanca, cuando la opinión pública se preguntaban si podría cumplir sus promesas con las que tomaba gran distancia de su desastroso antecesor.

Al conocerse hace unas horas que se le había otorgado el Premio Nobel de la Paz , observadores se asombran de la rapidez con que, los que toman esas decisiones, se apresuraron a premiar anhelos e intenciones. No muchos logros que en lo doméstico y lo foráneo ha podido mostrar Barack Obama.

La honrosa distinción le llega justamente cuando, por analizar sólo lo que sucede en este continente, el panorama es bien sombrío en cuanto a la proyección de su administración hacia el sur del Río Bravo. En el caso de Honduras, por ejemplo, donde el Pentágono hace de las suyas, mientras la Secretaria de Estado -que parece ser el "hombre fuerte" de la política exterior- actúa hacia el país centroamericano con ambigüedades y tibiezas. ¿Y qué decir de las bases militares que instalan en Colombia? Y los traspiés que le ponen a los emergentes gobiernos latinoamericanos que apuestan por humanizar la vida de sus pueblos explotados durante siglos por las políticas discriminatorias de Washington.

En cuanto al accionar hacia países que nos quedan en las antípodas, como Iraq, Irán y Afganistán el paisaje se parece bastante al que dejara el belicista e irresponsable antecesor, que al decir de Gore Vidal, "demolió la Constitución" (Cubadebate, 09 de nov. del 2007).

Será que a Barack Obama -hijo de una norteamericana blanca con un negro de Kenya- los halcones, representantes de los intereses de los grandes emporios armamentistas, no lo dejan hacer efectivas sus promesas en cuanto a terminar con las guerras que empezó Bush ¿O es que el propio presidente no puede desprenderse totalmente de su formación dentro del sistema capitalista más salvaje?

El gobierno en el que supuestamente radica el poder ejecutivo, es una papa caliente para Obama, que asimila presiones desde todos los grupos de poder, en un país sumido en la mayor crisis financiera desde la catástrofe de 1929, con salpicaduras universales, debido a una política belicista totalmente arbitraria y que sólo tiene sentido para los grandes consorcios de la guerra y los que recogen enormes tajadas en los contratos multimillonarios, o los que viven de la politiquería y el chanchullo.

Sin embargo, es justo reconocer que se ha pronunciado por el cierre de la base de Guantánamo, la eliminación de las armas nucleares, el fin de las torturas, el regreso de las tropas de Iraq, aunque -como dice Michael Moore- si no sale de Afganistán, que devuelva el premio Nobel. Pero el prestigioso y honesto cineasta pasa por alto la política hacia América Latina, Cuba, las criminales redadas domésticas contra inmigrantes, y muchas otras injusticias que emanan de la política de fuerza practicada proverbialmente por Washington, que persisten y que también merecerían el regreso de esa distinción a Oslo.

Como analizábamos en aquel comentario días antes de que fuera elegido presidente, los objetivos del primer afronorteamericano habitante de la Casa Blanca en la historia de ese país no es la lucha por los derechos civiles que sus antecesores libraron contra la discriminación y el trato de animales que le daban a los negros.

Obama tiene ante sí una proyección diferente a la de Martin Luther King o Malcolm X. Su elección significa sólo una esperanza recuperada después de cuatro décadas.

Ahora, la situación es diferente. Hoy, las acciones discriminatorias contra los afronorteamericanos han tomado otras formas, incluidas dentro del universo en que los elementos más racistas sumergen también con salvaje agresividad, a los inmigrantes mexicanos, haitianos y de otros países latinoamericanos, salvando las deferencias que tiene Washington -impuestas por la floridana mafia anticubana- con los que emigran de la mayor de las Antillas.

Las razones de este trato diferenciado son obvias: pasan por la cólera incontrolable hacia el gobierno de La Habana que ha resistido todo tipo de crueldades, pero no se ha dejado mangonear por el imperio, ni amedrentar por un bloqueo económico que data de más de cuarenta años. Nada ha cambiado en cuanto a la política agresiva hacia nuestra Isla. Y qué decir del injusto encarcelamiento de los cinco luchadores antiterroristas cubanos, mientras, el mil veces asesino Posada Carriles, devenido pintor, exhibe su obra artística y se pasea impunemente por las calles de Miami. En lo que a nosotros respecta, como dice el bolero: "el cuartico está igualito".

Por otra parte, según sus propias palabras, aspira a complacer a aquellos que anhelan recuperar una fe enraizada en el llamado "sueño americano". Tendrá que al menos intentar desfacer ciertos entuertos.

Luego de enumerar algunos de los graves problemas que el pueblo norteamericano enfrenta cotidianamente, consigna en su libro The Audacity of Hope: "[...]Ellos alternan la esperanza con el miedo sobre el futuro. Sus vidas están llenas de contradicciones y ambigüedades. Y como la política se ocupa poco de la situación por la que atraviesan -porque saben que la política hoy es un negocio y no una misión, y lo que parece un debate es poco más que un espectáculo..."

En el supuesto de que Obama quisiera cambiar realmente muchas injusticias, quizás esté calculando las consecuencias de eventuales acciones que pudieran encolerizar a los elementos más visceralmente reaccionarios y fascistoides. No hay que olvidar que en la historia de Estados Unidos se han mandado a matar a cuatro presidentes -Abraham Lincoln en 1865, James Garfield en 1881, William Mc Kingley en 1901, y John F. Kennedy en 1963- y han sido objetos de atentados Andrew Johnson, quien salió ileso en 1835 y el candidato demócrata a la presidencia, senador Robert Kennedy, asesinado en 1968.

Durante su estancia en el poder fueron objeto de atentados Teodoro Roosevelt en 1912, Franklin Delano Roosevelt en 1933, Harry Truman en 1950, Gerald Ford en 1975 y Ronald Reagan en 1981.

Nada tendría de raro que los gánsters ultraderechistas desaparecieran a Barack Obama de la escena.

¿Se merece o no el Nobel? That is the question.