Tomado del Huffington Post,
Traducido especialmente para Cubadebate
Si alguien ha revisado mis datos biográficos, nací en la Habana pero me crié en Manhattan. Todo esto ocurrió a mediados de la década de los años 60. Durante esa época, la situación para los cubanos seguidores de la Revolución cubana de 1959 era en el mejor de los casos, delicada, y más aun para alguien que se atreviera a vivir en los Estados Unidos representando al gobierno revolucionario ante las Naciones Unidas. Mi padre había sido nombrado embajador a la tierna edad de 29 años y fue así que junto a mi madre, mi abuela materna y yo salió para la ciudad de Nueva York.
Mis padres, habían tenido una vida algo precipitada antes de partir hacia Nueva York. Ambos habían participado en la lucha clandestina contra Fulgencio Batista en Cuba, ambos se conocieron en la Universidad de la Habana durante sus estudios de Filosofía y Letras, se enamoraron inmersos en revolución a toda escala. Eran intelectuales jóvenes llenos de literatura, las bellas artes una pasión por los libros, Visconti y Ray Coniff y ambos estaban convencidos de que los cambios sociales a cualquier escala eran la manifestación más importante del arte en cualquier lugar. Con todo ese equipaje emocional a cuestas mi pequeña familia se mudó a la Gran Manzana, la jungla de asfalto, la ciudad que nunca duerme.
Sobrecogidos por los tiempos, la Revolución cubana era joven, la invasión de Playa Girón recién había sucedido y la Crisis de Octubre estaba fresca en la memoria de la mayoría y justo cuando el Ché estaba por partir hacia tierras lejanas desconocidas para muchos, nosotros nos estábamos acostumbrando a vivir en el lugar que pronto se convertiría en casa.
Nueva York se hizo nuestro hogar mucho antes de lo que cualquiera se hubiera imaginado. Yo apenas hablaba y comencé a comunicarme con la hija del Rabino vecina de la casa de al lado. Mis padres tuvieron que practicar su inglés del bachillerato y mi abuela pronto dominó el arte de leer el New York Times de punta a cabo para luego insistir en no hablar otra cosa que no fuera castellano para "garantizar que la niña aprenda su lengua ´materna´." La vida francamente nos iba bien salvo un pequeño detalle: ¡éramos "los comunistas" y para colmo, latinos!
Crecer en un mundo donde uno no encaja del todo puede llegar a ser solitario pero por suerte ya para cuando yo tenia cinco años mi familia había comenzado una relación de afecto con un grupo de amigos que eran una familia también y que pronto se convertirían en la extensión de la nuestra en esa ciudad y luego para siempre por el resto de nuestras vidas.
Este domingo 13 de septiembre, 2009 en el Auditorio del Centro Medico Beth Israel se celebrará un recordatorio a la memoria del hombre que fuera cabeza de esa familia que se volvió parte de la nuestra o mejor dicho la familia que asumió a la nuestra y la cobijó bajo su ala haciendo que nos sintiéramos en casa.
Durante años el Dr. Leo Orris y su familia fueron nuestro santuario, nuestras conversaciones, nuestras noches interminables de conversaciones que abarcaban desde la historia de los movimientos estudiantiles de izquierda como SDS y SNCC pasando por como poner fin a la Guerra en Vietnam, la educación y la salud y como mejor lograr ambas. A veces me quedaba dormida mientras estas conversaciones se extendían entrada la noche y Maxine, la hija, me llevaba en brazos a su viejo cuarto en la casa de la calle 12 en el Village.
Nunca arreglaron el mundo, pero que bien la pasaban bebiendo vodka martinis semi-secos mientras lo intentaban. Pero más que otra cosa lo que hicieron fue transmitirle a la nueva generación la visión de la importancia de tratar de arreglar el mundo.
El Dr Leo Orris fue un hombre que en las palabras de su hijo mayor, Peter "jugó un papel activo en los movimientos por los cambios sociales y organizaciones progresistas de galenos. Fue un joven Sionista en el bachillerato y en la universidad y un socialista comprometido durante toda su vida adulta." Y Leo fue exactamente eso, comprometido. Estaba comprometido con sus creencias filosóficas y políticas y sociales. Durante décadas fue miembro activo del Foro de Galenos y fundador del Comité Medico por los Derechos Humanos, un miembro vitalicio de las sociedades medicas de su condado y estado al igual que miembro de la Asociación Médica de América. Conjuntamente con otros 12 colegas en 1963 participó en la protesta histórica en los estados del sur exigiendo la integración de las sociedades médicas. En el obituario que le enviara su hijo al diario The New York Times (de lectura diaria para Leo) y que el diario decidió no publicar, Peter dijo "desde su primer viaje a la isla de Cuba en 1960 mantuvo una sólida amistad y apoyo por la independencia del pueblo de esta isla aguerrida. Admiró siempre el progreso en los campos de la salud y la educación, los niveles de vida que fueron adquiridos por el gobierno revolucionario en los años 1960 y durante más de 40 años habló con tenacidad en pos de la normalización de las relaciones entre Cuba y los EEUU."
Este médico, el mismo que fuera académico en varias especialidades de la facultad de medicina tanto de la Universidad de Nueva York como de la escuela de medicina de Mt Sinai y que se retirara en el año 1988 luego de haberse desempeñado durante más de 10 años como director de dermatología del Centro Beth Israel, tenia un concepto muy claro que le inculcó a sus hijos, siempre decía "un médico no se retira". Para el su profesión iba más allá del llamado del deber, su humanidad no tenia limites, sufría y sentía por todos los pueblos por igual y creía de todo corazón que su papel en la vida era el de ayudar a otros a cualquier precio. Leo se sentía orgulloso del presidente que había recién resultado electo en los Estados Unidos en noviembre del año pasado. Sentía orgullo porque tenía la esperanza de que este hombre joven, inteligente, vivaz, comprendiera al igual que había comprendido él, que un mundo mejor es posible. Tenía la esperanza de que este presidente pudiera ayudar a los Estados Unidos a seguir por un camino que ayudara a que esto se hiciera realidad.
Leo tenia el optimismo de que con la unidad y el mejor entendimiento y la capacidad de aprender los unos de los otros muchos temas hallarían solución. Espero entonces que un día no muy lejano, su sueño se cumpla y ese día me sumaré al resto de la familia y susurraré hacia el estrecho de Long Island "¡Papa lo logramos!"
http://www.huffingtonpost.com/margaritta-alarcon/leo_b_283994.html