OTAN: DOS POR DOS NO SIEMPRE ES CUATRO

El documento firmado por Vladimir Putin y George W. Bush en Sochi suena un poco a hueco. La cita entre los dos mandatarios, ambos a punto de concluir sus respectivas jefaturas, ocurrió en el balneario ruso del Mar Negro, hermoso escenario pero incapaz de favorecer la firma de acuerdos trascendentes y esperados, como el referido a la reducción de armas nucleares.

El conocido como Start I, suscrito por Washington y Moscú en julio de 1991, para la reducción de los arsenales nucleares estratégicos, vence el año entrante y va siendo hora de renovarlo. Y es que pese a la reiteración en un comunicado final de que los dos estados no son enemigos ni constituyen amenaza el uno con respecto al otro, tampoco logran concordancia en asuntos como el tratado por fenecer o el que se vincula a las fuerzas nucleares intermedias (INF) suscrito en 1987 por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov que permitieron la desactivación de los misiles Crucero y Pershing ubicados por el pentágono en Europa Occidental o cuantos tuvieran entre los 500 y los 5 500 kilómetros de alcance y que fueran motivo de tantas protestas ciudadanas al interior de las naciones donde Estados Unidos los tenía emplazados.

Aunque Bush y Putin se comprometieron a darle impulso a la cooperación en materia de antiterrorismo, es posible que si se mantiene tan difuso como hasta ahora el concepto que lo rige, quizás Rusia vuelva a retrotraerse, según hizo al comprobar que los objetivos perseguidos por su aparente socio no eran los declarados sino expresión de una agenda visible pero oculta, manifestada de varias maneras, entre ellas la que es objeto de mayores controversias, a saber: el muy antedicho escudo antimisiles en países este-europeos.

Con ciertos tintes de escena hollywoodense, el asesor de seguridad nacional norteamericano Stephen Hadley, al ser interrogado sobre la posibilidad de alcanzar acuerdos antes de que Bush deje el cetro en enero, estimó: "En mi opinión, eso no importa. Puede dejárselo a sus sucesores".

Bien. Putin, quien también deja el cargo pronto, expuso estando en Rumania durante la cumbre de la OTAN, que las garantías recibidas son insuficientes y considera imposible estructurar una política de seguridad nacional sobre dudosas promesas. "Nuestros países mantienen un serio desacuerdo sobre ciertos problemas", acotó, aclarando: "No es un secreto que hay serios obstáculos para el desarrollo de nuestra relación, como son la continuación de la expansión de la OTAN, la creación de bases militares en el territorio de nuevos estados miembros, la crisis del Tratado Europeo de Armas Convencionales, Kosovo, el desarrollo del sistema de antimisiles estadounidense... Todos estos temas son serios impedimentos para la cooperación".

Dmitry Medvedev político que algunos consideran pragmático y pro-occidental estará a cargo de la política exterior rusa desde el 7 de mayo venidero ¿tendrá una visión distinta sobre estos temas? Imposible no hay nada, pero no parece que tenga en mente cambiar mucho las directrices nacionalistas y defensivas establecidas por su antecesor que, por demás, no deja las estructuras de mando.

CUMBRE OTAN

La cita bilateral estuvo antecedida por otra destinada, ante todo, a una nueva ampliación que, en efecto, ocurrió con el ingreso de Albania y Croacia, para llegar a 28 miembros, pero se quedaron fuera Georgia, Ucrania y Macedonia. Las tres aspiraban a darle inicio a las negociaciones para una adhesión no lejana. Bush incluso hizo una gira previa al encuentro y contactó con las autoridades de Kiev y Tbilisi, dando palmaditas y promesas, mientras la gente protestaba en las calles.

El presidente de EE. UU. sabía que, aparte de las justificadas reticencias rusas, dos de sus socios de mayor peso, Alemania y Francia, tampoco estaban de acuerdo con estas incorporaciones. Quien parece haberlo dicho con menos palabras y mayor elocuencia fue la canciller Ángela Merkel al referir que si Georgia tiene problemas de divisiones territoriales, pues dos de sus regiones nunca aceptaron formar parte de esa república cuando fue constituida, y si apenas un 30% de los ucranianos desean que el país ingrese a la OTAN, carece de sentido admitirlos, pues llevarían serias dificultades al interior del Pacto bélico.

Grecia, por su lado, sigue opuesta a que Macedonia haga uso de ese nombre que históricamente tiene el área septentrional de su territorio. Temen que según la moda de estos tiempos, en algún momento la ex república yugoslava se le ocurra hacerle reclamos. Partiendo de los tres casos citados no faltan criterios sobre un "fracaso" para Bush, pero en realidad no le salió tan mal el encuentro.

La propia Francia ofreció enviar unos 800 soldados a Afganistán y ello garantiza que Canadá no retire sus tropas de allí pues había amenazado con hacerlo si otras naciones no realizaban nuevos aportes humanos a esta guerra. Robert Gates, Condoleza Rice y el mismo Bush estuvieron gestionando resultados como este desde hace meses sin mucho éxito. Nicolas Sarkozi les sacó las castañas del fuego porque tampoco la Merkel cedió a las presiones para que el contingente alemán abandone la zona norte del país centroasiático. Quiere decir que los franceses ocuparán parte de las posiciones norteamericanas actuales para que estas se desplacen hacia el peligroso sur, donde los talibanes predominan.

Es importante consignar que Sarkozi pretende realizar otra contribución. Prometió que reinsertará a Francia en las estructuras militares de la OTAN, abandonadas por Charles de Gaulle a mediados en los años 60, debido a discrepancias con Washington, un amigo que con o sin alianzas piensa más en sus intereses que en los ajenos.

Con estos resultados y los amagos asociados, es evidente que solo si ocurre un fenómeno extraordinario, la época tan especialmente destructiva iniciada por Bush va a mantenerse, haciendo inestable la existencia lo mismo para los de la OTAN como para quienes preferirían que esa estructura y cualquiera que se le parezca, junto con sus malas esencias desaparecieran.