La Habana.- Hoy no puedo referirme como hubiese deseado, ya que me encuentro en esta querida Isla nuestra, a cuestiones que aquí atañen a la vida y a la lucha diara por una vida mejor de este batallador pueblo. Como pudiera ser los ingentes esfuerzos por rehacer lo destruido por las torrenciales lluvias que recientemente afectaron el oriente y centro del país producto de perturbaciones climáticas. No sólo hay que rehacer lo destruido sino también salvar y sembrar vitales cosechas. En 499 millones de pesos consideran las autoridades el estimado del monto de las pérdidas sufridas.
También pudiera haberme referido a sucesos que han sido la comidilla de la calle y de reuniones como ha sido el debate entre los presidentes de Venezuela, Nicaragua, Argentina y el vicepresidente cubano con el presidente del gobierno español, así como la sorpresiva insolencia del Borbón, en la reciente Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno en Chile. También ha sido comidilla popular el torneo del campeonato mundial de béisbol y la actuación en éste del equipo cubano.
En vez, hoy tengo el pesar de dejarles saber de la muerte de un viejo y muy querido, respetado y admirado amigo y compañero, Luis Miranda. Luis, en sus setentas años murió en la mañana del martes 13 de noviembre en la ciudad de Nueva York. Su muerte era esperada.
Luis era en el momento de su muerte, y por largos y fructíferos años había sido, el presidente de la Casa de las Américas de Nueva York. Esa Casa es el más antiguo club de cubanos emigrados en los Estados Unidos. Club en la patriótica tradición de los clubes revolucionarios cubanos en Estados Unidos que durante el siglo XIX se organizaron para ayudar al proceso libertario del pueblo cubano y que alcanzaron su mayor gloria bajo el liderazgo de nuestro Apóstol en la última etapa de nuestras luchas por la independencia de España en los últimos 15 años de aquel siglo.
Luis Miranda era el último de una extraordinaria generación de cubanos emigrados en Estados Unidos que siempre fueron fieles a los valores patrios. Habían éstos emigrado a los Estados Unidos en los años treintas, cuarentas y cincuentas del siglo pasado y muchos vivieron la gran parte de su vida en Nueva York. En esa ciudad se organizaron para ayudar en la lucha popular en contra de la dictadura batistiana. Fueron estos dignos cubanos los que junto con Fidel, y a instancias de él, fundaron el Movimiento 26 de Julio allá en Nueva York, y así recaudaron fondos para la revolución e hicieron saber la verdad sobre los crímenes de la dictadura.
Fundaron también la Casa Cuba la cual con el tiempo y una visión más amplia de la lucha se convirtió en la Casa de las Américas. Al ocurrir el triunfo revolucionario de Enero se mantuvieron leales al legado martiano apoyando y defendiendo siempre el proceso revolucionario de su pueblo.
La venerable Casa de las Américas en su querido local de la Calle 14 casi esquina a la Sexta Avenida fue por décadas hogar a decenas de organizaciones latinoamericanas y de otras etnias y nacionalidades como sede de reuniones y otras actividades a favor de la justicia y la libertad. Allá también se iba todos los domingos a disfrutar de una deliciosa comida hecha con buen gusto y amor por entrañables compañeras y compañeros.
¿Quién que viviera en Nueva York durante esas décadas y fuera activista a favor de causas justas podrá jamás olvidarse de aquellos generosos y aguerridos compañeras y compañeros de Casa?
A nosotros los miembros de la Brigada Antonio Maceo nos acogieron y nos protegieron con gran cariño y respeto y vieron en nosotros su relevo histórico. No los hemos defraudado.
Mi amigo -nuestro amigo- Luis Miranda cumplió plenamente con el deber de todo patriota y revolucionario. Entra ahora en la historia reuniéndose al resto de esa extraordinaria generación de emigrados cubanos revolucionarios. ¿Qué más cabe decirles que, ¡Viva Cuba Libre!? ¡Viva Cuba Libre!, Luis, ¡Viva!
Director de Areítodigital