Difícil punto de equilibrio de la economía socialista

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En un reciente encuentro con directores de empresas, el Gobierno cubano volvió a apostar públicamente al programa de perfeccionamiento empresarial, a la centralización, a la planificación socialista… y al mercado.
 
Las reglas del juego de la economía cubana por momento se tornan difusas y complicadas de entender. Pero alguna señal se puede pescar, si lanzamos con calma las redes en los discursos y declaraciones del último encuentro del Gobierno con directores de empresas sumadas al programa de perfeccionamiento empresarial.

La reunión, celebrada hace poco más de una semana con la participación del vicepresidente Carlos Lage y numerosos ministros y figuras del Gobierno, dejó claro que las autoridades cubanas apuestan a un proceso de reordenamiento del sistema empresarial que pareció fenecer con la vuelta a la centralización económica en 2004. A tal punto se marchitó entonces, que después de promediar 168 empresas sumadas anualmente al perfeccionamiento empresarial de 2002 al 2004, la cifra cayó a 67 incorporaciones en 2005 y a 55 el año pasado.

Hoy este programa intenta recuperar el ritmo. "Es la experiencia más coherente y prometedora que hemos desarrollado para hacer eficiente la empresa socialista", declaró en el encuentro Carlos Lage, también secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. Ya incluye a 797 entidades, el 28% del universo empresarial de Cuba, a diez años de iniciada su aplicación en la economía civil.

No faltan, sin embargo, directores de empresas que miran dudosos a un sistema que debiera otorgarles mayor autonomía. Las nuevas reglas del juego de la centralización amenazan con ahogar la capacidad de maniobra de una empresa a la hora de decidir, por ejemplo, sobre una inversión.

El ministro de Economía, José Luis Rodríguez, dejó bien claro en el encuentro -según el periódico Granma- que la planificación en el socialismo es ante todo un proceso político-ideológico que expresa la voluntad de priorizar el aporte de las empresas a la sociedad por encima de cualquier interés colectivo o individual. Correcto; pero, ¿cuál es el límite? ¿Quién decide cuándo el interés de una empresa contradice los intereses de la sociedad?

Rodríguez insistió ante los empresarios cubanos en la necesidad de perfeccionar la labor de planificación y la cultura de contratación de las empresas. No puede haber actividades -dijo, siempre según Granma- que se realicen y no se recojan en el plan. En su opinión, este todavía no es un instrumento efectivo de dirección y su discusión con los trabajadores adolece de formalismo. En otras palabras, el plan lo propone la empresa y lo aprueba un ministerio. No, los trabajadores.

El énfasis en la planificación antecedió, curiosamente, a otro enfoque muy interesante en relación con la importancia del mercado para el socialismo, este último en la voz del ministro de Comercio Exterior, Raúl de la Nuez. Este hombre, que alguna vez actuó como director de empresa, insistió en que no se vende lo que no tiene demanda, o se vende a bajos precios. Y para redondear, planteó -de acuerdo con la misma fuente- que en el socialismo sí hay mercado.

En esa cuerda, de la Nuez definió la mercadotecnia -incluida en las bases generales del Perfeccionamiento Empresarial- como un proceso fundamental para la comercialización eficiente y con eficacia de los bienes y servicios producidos por la empresa. Reclamó que debía ser parte de su estrategia integral. En síntesis, la famosa planificación socialista debe partir -dijo el ministro- del conocimiento de las necesidades, deseos, preferencias y demandas de la sociedad y los clientes, para lograr su satisfacción. De espaldas al mercado, la planificación es apenas un informe burocrático sin calado económico.

He ahí, en la coherencia plan-mercado, un posible eje para determinar ese difícil punto de equilibrio entre los intereses económicos de una empresa y los intereses de la sociedad. Desgraciadamente, no siempre lo encuentran o respetan ni en las empresas ni en los ministerios.