Carlos Lechuga Hevia: "De la Underwood al podio".
Cuando al amanecer del primero de enero de 1959 dio la noticia de la huida del sátrapa Batista, estaba lejos de imaginar que a los pocos días estaría defendiendo a la nueva Cuba en los podios internacionales.
Carlos Manuel Lechuga Hevia nació entre la Revolución de Octubre y la terminación de la Primera Guerra Mundial, el 28 de febrero de 1918, en el barrio habanero de La Víbora, durante el segundo gobierno de Menocal, cuando la llamada .danza de los millones".
En su niñez y juventud había soñado con estudiar navegación, pero terminó "tripulando barcos de papel en mares de tinta"
Había ejercido el periodismo desde 1937 y, pese a haber devenido diplomático al triunfo de la Revolución Cubana, continuó enviando artículos a la prensa desde las posiciones que a la sazón ocupaba en el servicio exterior.
Más tarde, en la década del noventa, escribió En el ojo de la tormenta, testimonio de excepcional valor sobre la Crisis del Caribe en octubre de 1962, cuando estuvo a punto de desatarse una conflagración nuclear. En él se revela documentación inédita en posesión del autor, habida cuenta de su desempeño en aquel momento como embajador de Cuba ante la ONU, y participante en las negociaciones que condujeron a solucionar la crisis.
Fue precisamente su condición de periodista la que le permitió recoger en dos libros su testimonio sobre ambos hechos.
El tema tratado en su segundo libro conserva vigencia en este mundo unipolar en el que Estados Unidos ejerce la fuerza a su antojo, pues si en la década del sesenta, cuando la llamada .guerra fría., Washington era también muy poderoso, existía el campo socialista, que compensaba la hegemonía del imperialismo yanqui en el concierto mundial.
Como afirmó el autor: "En 1962, Estados Unidos gozaba de una superioridad en armas nucleares de diecisiete a uno con respecto a la URSS." Y más adelante que "el fundamento de la crisis, desde el punto de vista histórico, no tuvo relación directa con esta aritmética nuclear sino con la política de asedio de Cuba por Washington y con la amenaza que se cernía en aquellos instantes sobre la Isla. De todos modos, la defensa de Cuba y su Revolución y la disminución de la brecha nuclear, ambas a la vez, eran una razón de peso para reforzar la capacidad militar de la Isla"".
"La Revolución Cubana fue la protagonista del singular conflicto, el verdadero centro de gravedad alrededor del cual se movieron todas las fuerzas en disputa", añadió el autor de En el ojo de la tormenta.
Se analiza en el libro todo lo que aconteció a partir de la decisión soviética de proponerle al gobierno de Cuba la instalación de cohetes nucleares de alcance medio e intermedio en su territorio y cómo finalmente se solucionó lo que hubiera sido una verdadera catástrofe para la humanidad.
En el libro se relatan también hechos inéditos sobre las relaciones de Cuba con Estados Unidos, pues recoge conversaciones entre un enviado de la Casa Blanca y el autor, como representante del gobierno de La Habana, cuando, después de la crisis, el presidente Kennedy habría explorado la posibilidad de una normalización de las relaciones entre Washington y la Isla, gestiones que quedaron truncas al ser asesina- do el mandatario yanqui.
La obra periodística del autodidacta Lechuga, lector infatigable, se inscribe fundamentalmente, hasta 1959, en el ámbito nacional, pues trata temas políticos, económicos y sociales, abordados por lo general, con carácter de denuncia frente a los desmanes de los diversos gobiernos de la República Mediatizada. No pocos problemas confrontó el redactor cada vez que revelaba los chanchullos de algún politiquero. En más de una ocasión fue objeto de amenazas e, incluso, retado a duelo.
Con diecinueve años de edad, Lechuga había comenzado su carrera periodística trabajando en los diarios El Mundo, Patria y Luz. Fue reportero de Sociedades Españolas, de la Universidad de La Habana, cubrió los sucesos cotidianos de Palacio y fue cronista parlamentario. Posteriormente se destacó en la revista Bohemia, en la cual fue uno de los fundadores de la sección .En Cuba. donde ejerció el periodismo de investigación, e inició, además, la modalidad de mesas redondas.
Regresó al periódico El Mundo en una segunda etapa, durante la cual fue jefe de la plana política y publicaba su conocida columna diaria .Claridades" A partir de 1954, además de su labor en el periódico, dirigió varios programas informativos en el Canal 2, entre ellos, El Mundo en televisión, Telemundo pregunta y un espacio vespertino en el que hacía comentarios políticos llamado también Claridades.
Fue colaborador de las revistas Siempre, Hoy y Humanismo de México, publicó en varios países de América Latina y Estados Unidos como La Prensa de Nueva York.
En el período anterior al 10 de marzo de 1952, lo esencial de la línea que mantuvo en sus comentarios periodísticos abogaba por el saneamiento de la administración pública, por una mayor suma de libertades para el pueblo y se pronunciaba a favor del rescate de las riquezas de Cuba.
Tanto en El Mundo como en Bohemia, las críticas estuvieron enrumbadas principalmente contra la corrupción, la desatención de los asuntos públicos, el engaño al pueblo. En especial fueron objeto de sus trabajos las actividades del llamado "Bonche universitario" y de los grupos gangsteriles que infectaban el ambiente del país.
Después del cuartelazo de Batista en 1952, la actividad periodística se conjugó con la participación en la lucha insurreccional. Durante los siete años de dictadura utilizó la tribuna escrita y televisada del periodismo para luchar públicamente contra ella. En ese sentido, contribuyó a difundir el sentimiento popular a favor de una amnistía que incluyera a Fidel y a los moncadistas.
Expresó su criterio en contra del llamado "diálogo cívico" promovido por Cosme de la Torriente y se opuso a las farsas electorales montadas por Batista. Denunció los crímenes y torturas de los esbirros, defendió la autonomía universitaria frente a los asaltos de la policía.
Se pronunció por la unidad de las fuerzas revolucionarias, defendió públicamente la tesis insurreccional y contribuyó a contrarrestar la campaña de la dictadura para silenciar la lucha de la Sierra Maestra. Durante los momentos más críticos de la férrea censura de prensa muchos de sus trabajos se quedaron sin publicar.
En el libro Winds of December, los periodistas John Dorschner y Roberto Fabricio, narran cómo el pueblo se lanzó a las calles cuando "Lechuga, la figura central de los espacios informativos del Canal 2, anunció la huida de Batista en televisión, lanzó una vitriólica denuncia de la dictadura y calificó a Batista de un asesino y un tirano"."
En carta a Luis Conte Agüero desde el presidio de Isla de Pinos, fechada el 12 de junio de 1954, Fidel Castro escribió: "Sobran dedos de la mano para contar los cubanos que nos han defendido en las horas duras y amargas de la adversidad como lo han hecho cívica y valientemente, Roberto Agramonte, Ricardo Miranda, Pelayo Cuervo, José Manuel Gutiérrez, Ernesto Montaner, Carlos Lechuga, Enrique de la Oza [sic] y otros".
Posiblemente haya sido Lechuga, si no el primero, uno de los primeros en entrevistar a Fidel en Santa Clara al triunfo de la Revolución, durante su recorrido desde la Sierra Maestra hasta La Habana. Recuerda que el Jefe de la Revolución le comentó que hubiera querido montarse en un avión e ir en un viaje muy largo, hasta Uruguay, por ejemplo, para ir leyendo todo el tiempo.
A los pocos días, el periodista devino diplomático revolucionario. Desde el razonamiento de una adolescente pensaba entonces que ahora habría dos Carlos Lechuga, el periodista cercano de quien me enorgullecía y recibía todo el cariño y la seguridad del mundo, y el diplomático de bastón y chistera, más lejano y frío, más "diplomático".
Nada de eso, siempre ha sido el mismo, el más educado, jamás hiriente aunque incisivo, incapaz de utilizar alguna oportunidad para provecho propio, excesivamente modesto. Pese a haber desempeñado el trabajo de toda su vida en los más disímiles escenarios tanto en el periodismo como en la diplomacia, no es nada dado a figurar los ambientes sociales, sin embargo, en todo grupo donde aparece se caracteriza por su gran sentido del humor.
Según han ido pasando los años, lejos de desdibujarse sus rasgos, más sobresalen. Tanto en la redacción como en el podio, entre amigos y familiares, defiende a ultranza las ideas y principios que han guiado siempre su actuación en la vida, los más justos, los más humanos.
Su carrera diplomática se conjugó siempre con su alma de periodista. Comenzó en el servicio exterior cuando lo nombraron enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en las Naciones Unidas, luego lo nombraron embajador en Chile, enviado en misión especial por América Latina, representante permanente ante el Consejo de la OEA y el Consejo Interamericano Económico y Social. Fue el último embajador de Cuba en la OEA en 1962.
Asimismo se desempeñó como embajador en México y ante la ONU, con sede en Nueva York. Fungió como director del Departamento de Organismos Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) y director político de Asia y África en este organismo; también fue embajador ante las instituciones especializa- das de la ONU con sede en Ginebra en dos oportunidades y durante catorce años en total; representó a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y fue embajador en Portugal. Encabezó numerosas delegaciones a conferencias internacionales e intervino en los escenarios más críticos del diferendo Cuba-Estados Unidos.
Ocupó la presidencia de la Conferencia para el Desarme en 1986, entre otras muchas misiones que le fueron encomendadas. En dos ocasiones en la década del sesenta interrumpió su labor diplomática, cuando lo nombraron presidente del Consejo Nacional de Cultura y al desempeñar el cargo de secretario general adjunto de la Organización de Solidaridad para Asia, África y América Latina (OSPAAAL). Viajó por Asia, África y América Latina defendiendo la tesis cubana de los movimientos de liberación. Fue también comisionado general del Pabellón Cuba en la Expo 70 de Osaka, Japón.
Hasta el año 2001 fue miembro del Comité por la Eliminación de la Discriminación Racial con sede en Ginebra para lo cual fue elegido en 1990 y reelecto en 1994 y 1998.
En la actualidad es requerido por periodistas nacionales y extranjeros para que exponga sus opiniones y testimonios sobre diversos temas políticos.
Trabaja ahora en un libro que aborda el panorama político, económico, social y cultural de la década de los sesenta. Escribe en computadora pero añora tremenda- mente los años que pasara frente a la vieja Underwood. De hecho, algunas veces regresa a ella.
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¿Cómo te iniciaste en el periodismo?, ¿cuándo?, ¿dónde y por qué?
Llegué al periodismo por una ruta imprevista. En aquella época mi intención era estudiar navegación y terminé tripulando barcos de papel en mares de tinta. Me aventuré en esa carrera allá por el año 1937. Un conocido de mi padre trabajaba en el periódico El Mundo y le habló para que laborara allí como aprendiz. Estaba matriculado en el Instituto Número 1 de La Habana y había perdido innumerables clases contemplando unas veces los barcos en el puerto y soñando con amplios horizontes y otras veces participando en cuantas manifestaciones y protestas estudiantiles se escenificaban. Mis recuerdos de la época de Mendieta están envueltos en gases lacrimógenos y disparos, en roturas de cristales en el Ministerio de Educación que entonces regenteaba Mañach, en algaradas en el terreno de baloncesto al lado del Instituto, con gritos de "abajo Batista" y "abajo Pedraza" Pasaba el tiempo también en tratar de reflejar sobre el papel cuanto pasaba a mi alrededor en esos años, pero nada salió al público fuera del estrecho recinto de la casa que habitaba en el barrio de La Víbora.
En aquel tiempo me gané unos cuantos centavos haciendo suscripciones para una revista titulada Cine Mundial y trabajé también una hora de radio en una modesta emisora CMCR situada a pocas cuadras de mi casa; pero el periodismo me atraía enormemente, así que acepté la proposición.
Entré en la redacción como si hubiera arribado a un país misterioso. Trabajaba de noche, y en medio del bullicio y de las luces di mis primeros pasos en la profesión. Me indicaron una máquina de escribir y si la memoria no me falla me entregaron una larga información para que la sintetizara pues no había espacio para relato tan extenso. No recuerdo los detalles, pero supongo que me habré tomado toda la noche con aquel trabajo. Si sé que al principio laboraba para la página política y que meses después estaba redactando notas de todo tipo y haciendo títulos.
Muchas madrugadas caminé desde el periódico hasta la casa y me gastaba en el trayecto el dinero del pasaje de la guagua en alguna sustanciosa "frita".
Como aprendiz al fin, estaba marginado de lo que .realmente sucedía en el periódico. El eco de las bombas y los petardos que estallaban casi todas las noches se reflejaba inmediatamente en la sala de redacción con los comentarios del caso. Las complejidades de la situación política del momento pasaban como en procesión, por delante de la vieja Underwood que me habían asignado, en las figuras de los políticos de entonces que iban al periódico a hablar con los periodistas profesionales. Laredo Brú era el presidente de turno manejado desde Columbia por Batista. Por el teletipo llegaban las noticias del drama de Europa y muchas veces tuve también que ayudar en la traducción de los cables no obstante mis entonces limitados conocimientos del inglés. No hay dudas de que había mostrado aptitud y de que el ambiente me había ganado. Evocando las imágenes de aquellos primeros días se me presentan como una mezcolanza de hechos, impresiones, incertidumbres que no sabría enfocar ahora con precisión.
Había salido de un ambiente muy limitado para encontrarme de pronto en el vórtice de lo que me parecía a mí un torbellino. Por primera vez cruzaban ante mí las noticias de los cuatro puntos cardinales cuando, hasta esos momentos, mi campo visual era estrecho, mi ignorancia insondable, mi experiencia nula, mis pensamientos una baraúnda. Era un choque con realidades sobre las cuales no tenía una clara percepción. Y tengo que decir que esas realidades iban desde la revelación paulatina de la vida de los bajos fondos habaneros hasta el contacto con los ecos de los acontecimientos que se producían en todo el mundo.
El Mundo estaba ubicado en el llamado barrio de Colón. La vida nocturna de La Habana tenía allí uno de sus centros más corrompidos. Las casas de prostitución y los bares ocupaban una zona bastante extendida que se vinculaba al mismo centro de la ciudad, el Prado y el Parque Central. La miríada de turistas que pasaban por la capital, además de los explotadores del vicio y sus numerosos clientes, animaban los alrededores del periódico a veces multitudinariamente. Aquella visión me llevó a escribir en el magazine dominical uno de mis primeros reportajes. Recuerdo vagamente que redacté una especie de mejunje literario sin valor alguno con una supuesta leyenda de íncubos y súcubos para describir un .bautizo. en una casa de prostitución, al cual había sido invitado por alguien. Se trataba de que una de las mujeres de la casa sufría de un trastorno psíquico por haber perdido un hijo y se le ocurrió sustituirlo por una muñeca a la que brindaba toda clase de mimos. El bautizo era el de la muñeca y el acto se llevó a cabo con profusión de brindis y la "madre" bañada en lágrimas. Así se me mostró una de las vetas de la sociedad de entonces.
Aprendí también, de modo visual, cómo funcionaba en parte la depravada maquinaria policíaca de la época. Aspecto cotidiano del barrio eran las visitas de los policías a los centros de apuntación de los establecimientos para recoger la gabela que exigían, chantajear a las rameras, compeler a los comerciantes para que les regalaran mercancías.
Hago estos apuntes para fijar las circunstancias del momento, en el entorno del centro de trabajo que constituía, sin duda, parte de la atmósfera en que me hallaba insertado. Era el clima también en que se desenvolvían los factores del poder, con Batista en la cima de la pirámide con su apetito voraz, su demagogia oportunista, su expediente de crímenes.
¿Qué impresiones guardas de las interioridades del periodismo de la época?
Dentro del periódico, el ritmo de trabajo era acelerado y para un principiante dejaba poco margen para calar con hondura en sus entrañas. No recuerdo que nadie me guiara profesionalmente. Fui dominando el oficio a golpes de voluntad, observación e imaginación. Tampoco, en aquellos días, existía una escuela de periodismo. De los periodistas más logrados, así como de los colaboradores, seguramente aproveché algunas lecciones al leer sus trabajos. Curiosamente, la gran mayoría de mis amistades siempre estuvieron fuera de la profesión, aunque tuve amigos dentro de ella, pero eran la excepción. No tengo explicación para ello. En general, sin embargo, mantuve buenas relaciones de trabajo con los compañeros.
El vínculo entre periodistas y propietarios, por otro lado, era muy limitado, salvo los que ocupaban puestos de dirección. Cuando ingresé en El Mundo, los propietarios eran unos señores Govín, a los que nunca vi, entre otras razones porque vivían en Nueva York la mayor parte del tiempo. Después la empresa pasó a manos de un profesor de Derecho de la Universidad de La Habana, Pedro Cué, con quien cambié muy pocas palabras. Simultáneamente con mi trabajo en El Mundo laboré en un periódico oposicionista titulado Patria relacionado con el Partido Auténtico. Trabajaba con Juan David y Enrique de la Osa y, también, en otro diario titulado Luz, dirigido por Manuel Braña.
Por la vía del periodismo también tuve la oportunidad de hablar por primera vez en público, aunque fue un poco más tarde. No recuerdo la razón por la cual me designaron miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asociación de Reporteros de La Habana, ya que concurrí a ella en contadas ocasiones, pero de todos modos ese hecho me permitió hablar en nombre de la Asociación en un acto del Frente Nacional Antifascista en el hotel Inglaterra. Fue la única actividad que desarrollé en aquella organización profesional.
Las relaciones entre periodistas se desarrollaban principalmente en el centro de trabajo y también, con los colegas de otras publicaciones, en los lugares en los cuales se producían las noticias. En mi caso particular, casi todas ellas se desenvolvieron en la redacción, pues aunque hubo épocas en las cuales la profesión me llevó a cubrir algunos sectores, la mayor parte de mi vida profesional la hice dentro del periódico, aunque, desde luego, como es lógico, con contactos externos.
No digo nada nuevo al expresar que los vínculos con otros compañeros se establecían con mayor o menor identificación según los criterios o las inclinaciones intelectuales. Esto era válido para ellos también. No obstante, había un clima común que nos envolvía a todos durante las jornadas de trabajo.
En líneas generales, lo mismo sucedía en las relaciones entre los periodistas y los personajes de los distintos sectores que tenían vigencia en la sociedad de entonces.
A grandes rasgos pudiéramos manifestar que en la redacción se reflejaban en cada persona los acontecimientos del país y del mundo, y había algunos en los cuales nada se reflejaba. Ganaban el sustento escribiendo como si recibieran la retribución colocando ladrillos o despachando mercancía.
No es ocioso recordar que la prensa de entonces, salvo los órganos de definidas tendencias políticas o ideológicas, respondía a los intereses de los propietarios que, a su vez, eran los de la burguesía, aunque no siempre coincidieran con los gobiernos de turno según las circunstancias de que aquella fuera bien o mal servida. Había casos, como en El Mundo cuando lo adquirió su último propietario, Amadeo Barletta, o como El País, que era propiedad de Hornedo .político del Partido Liberal. para citar dos ejemplos que me vienen a la mente, en que esa defensa de los intereses de la burguesía se estrechaba aún más para amparar negocios particulares. El resto, desde luego, te- nían negocios marginales que también eran protegidos y auspiciados por sus órganos de prensa. Esos periódicos estaban también al servicio de los intereses políticos y económicos de los Estados Unidos de donde venía el papel y la mayor parte de la publicidad.
Ahora bien, no todo era blanco y negro. Los órganos de prensa tenían que adecuarse en cierta medida a las demandas de la opinión pública para ganar clientes y aumentar sus contratos publicitarios. Por lo tanto había una zona intermedia que ofrecía espacio para expresar criterios o reflejar acontecimientos de beneficio popular que eran aprovechados en muchas ocasiones, y por muchos, aunque -y de nuevo puedo poner de ejemplo mi experiencia personal- frecuentemente los comentarios tenían que publicarse mellados o suavizados o no imprimirse. Había que escoger, en cada caso, el menor de los males.
¿Y qué hay de la llamada "libertad de prensa"?
A su vez aquella prensa estaba encuadrada en el concepto falso e hipócrita de la .objetividad., el .balance de las noticias o de los comentarios. y de .la libertad de expresión" Tales conceptos funcionaban o se aplicaban hasta donde convenía a los intereses que defendía el periódico y no más allá. Personalmente tengo pruebas innumerables de artículos y comentarios que salieron de la máquina de escribir, pero nunca pudieron llegar a la imprenta, tanto en los momentos de normalidad como, por supuesto, en las etapas de censura.
Otro aspecto que conviene recordar es la supeditación de la prensa a los servicios de noticias norteamericanos y a las líneas estratégicas de la política de Estados Unidos. Era corriente poder atacar a un gobernante cubano, pero no a un presidente norteamericano.
Esa subordinación se producía, naturalmente, por la misma política general de los órganos de prensa y sus instrumentos eran la reproducción de las noticias suministra- das por las agencias, seleccionadas y elaboradas en sus centros de Nueva York. Recuerdo que, incluso, en épocas de tensión en el país, las noticias nacionales que se publicaban algunas veces no eran las que llevaban a la redacción los reporteros sino las versiones que venían por cable desde el extranjero.
Pero es posible que el instrumento más eficaz fueran las agencias transnacionales de noticias con su carga diaria de información y los sistemas de distribución infor- mativa de publicaciones norteamericanas. Bohemia, por ejemplo, la información inter- nacional que brindó a sus lectores durante muchos años era un servicio de la revista Time, portavoz de los círculos más reaccionarios del vecino país. El Mundo era un cliente fijo de todos los servicios norteamericanos, tanto noticiosos como de crónicas y comentarios, al igual que el Diario de la Marina. Pero hay más. Muchas veces se publicaban noticias originadas en Cuba que se elaboraban en las redacciones de las agencias en Nueva York prefiriéndose esa versión a la de los propios reporteros, y en este caso me refiero a El Mundo, sobre todo, durante los años de la tiranía de Batista.
Pero no solamente eran las noticias. Estaban los servicios de crónicas, artículos, comentarios internacionales, secciones enteras de distinta índole, tiras cómicas, fotos, ilustraciones. En la televisión, donde trabajé por unos cinco años, cuando la última administración de El Mundo,que también era propietaria del Canal 2, me designó para hacerme cargo de los espacios noticiosos, no solamente las películas de información nacional venían de Estados Unidos sino también otros servicios generales. La televisión, especialmente, tenía conexiones directas con órganos similares en Estados Unidos. Así, la CMQ, estaba .afiliada. a la NBC y el Canal 2, a la CBS. No sé, ciertamente, lo que significaba esa vinculación. Por lo pronto, en el Canal 2, hasta dónde yo sabía, se trataba únicamente del aprovechamiento, por intercambio, de algunos materiales, que en estos momentos no recuerdo cuáles eran.
Claro que muchos de los periódicos, estaciones de radio o de televisión, no contaban con recursos suficientes para mantener corresponsales en el exterior y asegurarse así una propia fuente de noticias. Recuerdo que en más de una ocasión algunos compañeros comentamos esa posibilidad con la administración del periódico. La respuesta siempre fue la de la imposibilidad económica, aunque ello no era completamente cierto. Los llamados grandes periódicos podían hacerlo, pero no les interesaba, o bien porque consideraban que no les daría más lectores y el esfuerzo sería baldío desde el punto de vista de los ingresos, o porque sencillamente las fuentes exteriores servían idóneamente a la política que seguían. De cualquier forma era un menosprecio a los lectores.
Ya en aquella época, empezaba a prosperar lo que hoy es un negocio de más de un centenar de millones de dólares para las estaciones de televisión norteamericana .y para Estados Unidos. con la venta de materiales filmados. Hoy más de cien países, en su inmensa mayoría subdesarrollados, contribuyen a los ingresos de Estados Unidos mediante la compra de esos seriales. En los años cincuenta, el negocio era modesto, pero fue creciendo vertiginosamente año tras año lo que significó, además, penetración ideo- lógica, pues casi todo ese material se proyectaba en las horas de mayor audiencia.
La dependencia estaba dada también por los anuncios. Traigo a la memoria el hecho de que la inmensa mayoría de las agencias publicitarias o eran sucursales de las
norteamericanas o tenían alguna relación de trabajo con ellas. La publicidad se canalizaba a través de esas agencias y en la medida en que el órgano de prensa servía más o menos eficazmente los intereses políticos de las grandes empresas .casi todas también norteamericanas. en esa misma medida se volcaban los presupuestos publicitarios, y los periódicos, las revistas, la radio y la televisión vivían principalmente de los anuncios. En Cuba había muchos periódicos pero la circulación era muy limitada.
Esto no quiere decir que tanto los anunciantes nacionales como los extranjeros no se interesaran por el número de lectores o por la cantidad de oyentes o televidentes. Quiere decir que ambos factores se tenían en cuenta.
Había también otros ingresos en las empresas periodísticas que supongo no se registraban en los libros de contabilidad. Y no eran solamente los que pudieran provenir de fuentes oficiales, sino de entidades privadas. Un periódico que salió a la luz pública a fines de los años cincuenta tuvo como soporte financiero casi exclusivo el dinero de las compañías de Electricidad y de Teléfonos y según el nivel moral de los propietarios, sus apetencias, su audacia o sus intereses, las fuentes de ingreso de muchos estaban distribuidas en la madeja de negocios de toda índole que existía entonces.
Vemos así que El Mundo representaba a la burguesía devenida importadora estrechamente vinculada a Estados Unidos; el Diario de la Marina .el único mal que duró más de cien años según el dicho popular. era el personero de la burguesía comercial importadora española, de los latifundistas criollos, del clero reaccionario y, en general, de la oligarquía nacional que, a veces, dicho sea de paso, hasta compraba títulos nobiliarios en el mercado peninsular. Bohemia servía a la burguesía industrial no azucarera. Pero hay que decir que no siempre estaban bien definidos los límites del comprometimiento con esos sectores, y unos y otros invadían a veces el coto de sus congéneres, aunque el rancio olor a fascismo era una particularidad específica del secular Diario de la Marina.
Para las empresas, el periodismo era un comercio. Para los periodistas que sentían profundamente la profesión era un trabajo angustioso, aunque atrayente. El periodista, como asalariado al fin, sufría las mismas incertidumbres que el resto de los trabajadores, las mismas dudas sobre la estabilidad de su puesto, la misma falta de seguridad en el futuro, la misma angustia por el mantenimiento de su familia. Un cambio de propietario en la empresa o una baja económica en el país engendraba desconfianza. La impotencia para poder expresar a veces sin restricciones un criterio agudizaba la sensación de desvalimiento. Con las excepciones que había, el ambiente intelectual era bajo y ello pesaba en el ánimo. Los .subibajas.3 que ingeríamos golosamente sobre las mesitas de mármol manchado sobre patas de hierro despintadas en el aledaño cafetín de El Mundo nos levantaron el espíritu en no pocas ocasiones, pues el ritual siempre iba acompañado de críticas mordaces a todo lo que sucedía dentro y fuera del periódico.
Pan con mantequilla mojado en café con leche.
¿Qué salario percibías entonces? ¿Cuál era tu situación económica?
Al principio estuve trabajando más de un año sin sueldo alguno. Fue una época difícil pues en mi casa solamente entraba un sueldo de maestro. Después, por un tiempo que no puedo precisar pero que fue extenso, percibía diez pesos a la semana y fue aumentando hasta que alcancé el salario de veintidós pesos y tantos centavos que creo era el mínimo señalado por la ley para los periodistas. Más tarde, combinando el salario de El Mundo y lo que me pagaban por las colaboraciones en Bohemia .diez pesos también por crónica o reportaje. fui aumentando los ingresos. Durante dos o tres años fui también corresponsal de la revista Siempre de México, que pagaba veinticinco pesos por colaboración. En la medida en que se iba consolidando mi posición como periodista, el sueldo fue mayor y aumentó un poco más por el trabajo simultáneo en la televisión. Al fundarse la sección .En Cuba., en Bohemia, se me pagaba un salario que, al principio, era muy reducido, pero como laboraba también en El Mundo, significaba un alivio. Al abandonar el periódico para dedicarme exclusivamente a la sección .En Cuba., Bohemia me aumentó la retribución, pero se me han borrado por completo de la mente las cantidades. Años después regresé a El Mundo para escribir un artículo diario sobre temas políticos.
Los apuntes anteriores no llevan un estricto orden cronológico y, además, distribuidos a lo largo de esos años hice trabajos marginales para tener mejores ingresos .redacción de notas, venta de seguros, trabajo en una oficina de relaciones públicas, programas de radio y hasta intentos de levantar negocios de distinta índole.
¿Qué alternativas o posibilidades había entonces para hacerse periodista" y para mantenerse? ¿Cuánto tiempo ejerciste la profesión en activo? ¿Cuándo dejaste de hacer periodismo y por qué?
En términos generales, las posibilidades de hacerse periodista entonces dependían de las relaciones personales que se pudiera tener con propietarios u otros periodistas que facilitaran el ingreso en el órgano de prensa. Claro que había muchos con una historia en la profesión que tenían el mercado de trabajo abierto.
La competencia era intensa y, como dije antes, el nivel era muy bajo en gran número de ellos. Era corriente escuchar que había muchos periodistas que habían escogido la profesión porque no servían para nada en otras actividades. También, como se sabe, aquellos cuya profesión principal era el chantaje y el atraco, pero los que así se pudieran calificar eran un grupo muy reducido, conocido de todos. Para mantenerse trabajando había que demostrar capacidad, salvo esos casos .a los que me he referido. en algunos periódicos o estaciones de radio que, supongo, se mantenían porque compartían sus fechorías con los propietarios.
En términos generales, la calidad técnica de los periódicos era buena. Y los periódicos los hacían los periodistas.
Yo estuve en activo en la profesión alrededor de veinte años. Aún después de la Revolución y cuando ocupaba ya otros cargos dentro y fuera del país, seguí escribiendo en Bohemia y El Mundo. Dejé de escribir cuando mis responsabilidades principales se hicieron incompatibles con el comentario público.
¿Cuál fue tu primer trabajo en la prensa?, ¿de qué género era?, ¿dónde se publicó? Retrospectivamente, ¿qué valoración haces de él?
Mis primeros trabajos en la prensa fueron la redacción de las noticias que llevaban los reporteros. Era lo que se denominaba .redactor de mesa" Pronto, sin embargo, me enviaron a la calle a hacer reportajes. Durante la mayor parte de mi vida profesional me desenvolví en el terreno político; pero hice títulos, algunas veces tuve que traducir cables, hasta trabajé un tiempo en la Crónica de Sociedades Españolas que se publicaba entonces en algunos periódicos, entre ellos El Mundo. Tuve a mi cargo también, en otras ocasiones, algunas páginas del magazine dominical. Antes de ingresar en ElHMundo escribí crónicas de cine para una revistica llamada Cine Mundial.
En el magazine dominical de El Mundo hice varios trabajos con mi firma y sin ella, además de los títulos y el emplane en la imprenta. Entre los trabajos firmados apareció al principio un cuento. Después de leerlo publicado me convencí de que yo no servía para ese género.
Los primeros trabajos en Bohemia constituyeron una serie sobre la necesidad de que Cuba tuviera una marina mercante. En la revista hice muchos reportajes de distinta índole, una sección que se titulaba .Recordando el pasado. que consistía en entrevistas con figuras conocidas, ya retiradas, de distintos campos de la actividad nacional. Hice también en Bohemia las primeras mesas redondas. Redacté en El Mundo notas de información internacional. En Bohemia tuve a mi cargo durante varios años el resumen gráfico nacional que aparecía en el último número de diciembre. En El Mundo cubrí también el reportaje de la Universidad, que entonces tenía una importancia especial pues era la época de la rectoría de Méndez Peñate, del CESU4 y de la delincuencia del tristemente célebre "bonche" universitario, con sus atracos y crímenes. Fue una etapa que no solamente contribuyó a mi formación profesional, sino también cívica.
En fin, no lo recuerdo todo, pero puedo afirmar que trabajé en casi todos los campos del periodismo y, como es lógico, esa actividad múltiple me fue forjando, aunque fue en el artículo diario en el que pienso que logré más.
En la televisión, por otro lado, también desarrollé una actividad intensa. Empecé haciendo los .controles remotos. del programa del Canal 2, El Mundo en Televisión. Después leí noticias en el programa. Tuve a mi cargo un programa titulado Claridad que consistía fundamentalmente en entrevistas y era el moderador de otro llamado Telemundo pregunta. Después dirigí El Mundo en Televisión y ante las cámaras hacía comentarios de la actualidad. Durante la lucha contra Batista publiqué asimismo artículos en publicaciones extranjeras y trabajos en la prensa clandestina, pero esos caen fuera del campo profesional.
¿A partir de qué momento crees haberte convertido en un periodista hecho y derecho? ¿Siempre te has sentido seguro a la hora de redactar un trabajo?
Dije antes que nadie me guió profesionalmente y que me hice periodista solo. Es verdad. Sin embargo, trabajé junto a viejos periodistas que fueron dejando pedazos de sus vidas en la brega diaria, llenos de pasión por su profesión, viviendo en la pobreza, muchos de ellos inmersos en el anonimato, gente de gran calidad humana, que no escatimó esfuerzos para estimularme, como hacían con todos los que se iniciaban en la árida profesión. Ellos -redactores, titulistas, cronistas o reporteros- constituían la conciencia profesional del periódico, su envoltura de calidad. Y esa conciencia estaría mutilada si no recordáramos, asimismo, a los compañeros de la imprenta, a los tipógrafos en toda su variedad de actividades, doblados todas las madrugadas año tras año sobre el plomo, con bajos salarios pero con un amor sin fronteras a su oficio; de ellos recibí también muchas lecciones y fraternales muestras de camaradería. De no haber vivido en el ambiente que ellos creaban no hubiera podido convertirme en periodista.
No es fácil precisar el momento, o el espacio de tiempo, en que me convertí en un periodista completo. Repito que a mi juicio me logré cabalmente -hasta donde mis limitaciones me permiten afirmarlo- en el comentario de actualidad, en el artículo diario.
¿Te ha resultado difícil algún género en específico?
Aunque no es fácil producir un artículo todos los días y mucho menos cuando hay que cubrir otras tareas, como tenía que hacerlo tanto en el mismo periódico como en televisión, el artículo, generalmente, lo producía con fluidez. Estimo que la razónprincipal era la oportunidad que me brindaba de comunicarme con los lectores de un modo personal, de expresar mis pensamientos y criterios públicamente, el reto de asumir todos los días una responsabilidad ante los problemas nacionales, aunque no era fácil pues carecía de la brújula de una militancia. Se escribieron a ritmo acelerado y respondieron, como es obvio, al desarrollo de mi conciencia revolucionaria, de mi madurez y hasta del caudal de información que poseía.
Muchos de los artículos pasaron al olvido al momento de publicarse, no obstante la intención siempre presente de esclarecer y guiar, aunque algunos pecaran de anfibológicos; pero siempre también tuvieron un sentido de crítica, de denuncia de la situación asfixiante en que se vivía y de exaltación de lo positivo. Muchos también ganaron el favor del público y no pocos provocaron encendidas polémicas y hasta retos a duelos. Uno de ellos recuerdo que fue cuando acusé de malversación a un representante auténtico llamado Gerardo Pérez López.
¿Cuál crees que ha de ser el ABC para poder agarrar eso que se da en llamar la "inspiración"? ¿Cuáles son los pasos mentales que consideras necesarios para ello?
En primer lugar ese fenómeno que se llama .inspiración. es difícil de definir. Si es el aliento que uno siente para producir algo, creo que el tema es el impulsor principal y, siendo así, la obra nace y se desarrolla con facilidad. Es el tema concreto y la temática del momento, el drama que se vive en el instante. Ser parte activa de ese drama desde la trinchera periodística conlleva la inspiración para escribir.
Para que el mensaje que uno quiera proyectar tenga efecto es muy importante, por supuesto, el dominio del oficio. Es importante también el conocimiento de la materia que, muchas veces, es sustituido por la intuición. Ahora bien, el hecho de que el tema sea interesante para uno y se sepa desarrollarlo idóneamente, no quiere decir que siempre la inspiración sea el resorte que lo dispare a uno con velocidad. El hecho de que el estímulo que uno sienta para escribir nos impulse a hacerlo con facilidad, es relativo, en el sentido de que la integración de todas las partes o factores o razonamientos de la obra, su conjugación, puede que a veces se produzca con gran fluidez pero también que tengamos que vencerla con algún trabajo. Los pasos mentales que hay que dar para agarrar la inspiración dependen, como dije antes, del oficio que se tenga, del conocimiento del asunto o de la intuición acertada y según sea el nivel que uno tenga en cada uno de esos factores así saldrá el trabajo; pero de todos modos, a mi juicio, el tema es el motor principal. Sin ese motor las demás piezas no se ponen en movimiento.
¿Cuál ha sido tu mejor trabajo periodístico?
No sabría decir cuál ha sido mi mejor trabajo periodístico ni cuál fue el mejor lead. De lo que sí no tengo dudas es de que puede situarse entre 1952 y 1959, es decir, durante la época de la dictadura batistiana, durante la lucha que culminó con el triunfo de la Revolución. Y la razón es sencilla: es cuando más carga de inspiración había.
Debo señalar, no obstante, que aquí confundo un poco la respuesta.
Es posible que si los pudiera analizar ahora uno a uno, me encontrara con trabajos hechos antes de esa época que me satisfagan, pero nunca como en esa etapa recibí tan directamente la aceptación de los lectores. Y eso es lo único que vale a fin de cuentas. Nada compensa tanto al periodista como el eco de la adhesión que recibe del público y el convencimiento de que ha hecho un aporte, aunque sea mínimo, en pro de una causa justa.
¿Cuál fue tu momento más difícil en el periodismo? Dime detalles: ¿en qué año, dónde, en qué circunstancias? ¿Cuál fue el saldo?
¿Mi momento más difícil en el periodismo? Sin dudas, aquellos en los que en esa etapa de 1952 a 1959 me veía en la imposibilidad de expresar abiertamente mis criterios o bien por la censura de la dirección del periódico o por la censura oficial.
Fueron difíciles porque aparte de la ira que sentía al no poder publicar el trabajo .reacción normal en todo periodista. estaba la indignación de pensar en las conjeturas que harían los lectores ante mi silencio. Fueron los momentos más amargos.
Aunque con el paso de los años he ido extraviando casi todos mis artículos, creo que aún conservo algunos de los que escribí y no pude publicar, tanto en sus origina- les como en las pruebas de plana.
¿A quiénes consideras tus maestros en la profesión? ¿Quiénes han sido tus periodistas más admirados a través de todos los tiempos?
Creo que nadie tiene dudas de que un maestro para todos fue José Martí. La prosa de Enrique José Varona era admirable. Juan Gualberto Gómez y Manuel Sanguily, por su oficio y cultura, por la honradez y patriotismo, por el amor a Cuba. Entre los coetáneos, la cultura, el dominio del idioma y el estilo peculiarísimo de Raúl Roa tienen difícilmente parigual. Como periodista Pablo de la Torriente Brau dejó escritos plenos de vitalidad. Y no menciono a otros porque no me gusta dictar sentencias. Como la pregunta se refiere a periodistas admirados creo que la prosa tiene que considerarse inseparablemente vinculada a su actitud ante la vida, a su conducta, pues lo atractivo de la envoltura no garantiza necesariamente la bondad del producto. Y para responder a la otra pregunta apuntaré que, lamentablemente, no me parezco a ninguno de ellos escribiendo.
En el periodismo hay estilos propios y también en los periódicos. Cada uno tiene su sello que va desde la forma en que está escrito hasta los tipos de letras y la distribución del material. Se pueden identificar al primer golpe de vista. Ello es señal de individualidad. Y lo mismo sucede con los escritores. Así es como el periódico o el periodista, en su expre sión de producto acabado, goza de la predilección de unos y no de otros, incluso muchas veces independientemente de que se coincida o no política o ideológicamente. La manera de estructurar un periódico, tiene una enorme importancia.
¿Qué se necesita para ser periodista?
La amenidad, la claridad, el ritmo, los giros, todos ellos son factores de consideración en el estilo, como es sabido. Y en dependencia de la espontaneidad, el estilo tendrá aceptación. La vocación, como es lógico, es el ingrediente principal para ser periodista. Creo, además, que la inclinación hacia la profesión puede desarrollarse con el propio ejercicio del oficio y no necesariamente antecederlo. Hay casos también en que individuos con una marcada vocación hacia otras actividades escriben bien, pero habría que ver si pudieran sostenerse en el periodismo por su libre albedrío.
Pudiera preguntarse qué significa la vocación en el periodista y no es fácil responder. Me parece que hay más de una motivación. Está el deseo de escribir lo que uno siente, lo que uno piensa. Está el impulso de reflejar lo que uno ve, de relatar un suceso, un acontecimiento. Está la necesidad íntima de expresar un criterio o un juicio. Está, por supuesto, una ansiedad intelectual. Y como denominador común a todos esos afanes de manifestarse, a todos esos anhelos que bullen en nuestro interior, la necesidad que se siente fuertemente de comunicarlo a otros, de no retenerlo para consumo propio. La vocación en este caso es la imposición que sentimos de establecer un diálogo, de exteriorizarnos, de volcarnos hacia una audiencia por medio de la palabra escrita o hablada.
Ello supone cierta audacia, porque hay que asumir una responsabilidad pública; cierta temeridad, porque es someterse a una crítica.
¿Cuál es tu criterio acerca del periodismo?
El periodismo, como espejo de la actualidad, no tiene sustituto a mi juicio. Guarda relación con la Historia, porque es parte de ella, aunque no es la Historia misma porque le falta perspectiva. Creo que el periodismo, para cumplir su función a cabalidad, tiene que seguir la marcha de la historia. De no ser así sirve solamente a los intereses de los sectores estrechos, contrarios a los intereses de las mayorías. Como ejemplos, pudiera citar como resumen cuatro nombres, aunque al referirme a ellos esté llevando la ilustración a extremos que no tienen comparación. De un lado Lenin y Martí. Ambos utilizaron el periodismo en su más alta y pura acepción. Del otro los millonarios Hearst y Pulitzer, famosos en el periodismo. Recuerden el episodio con motivo de la Guerra de Independencia de Cuba contra España, cuando se enfrascaron en una campaña sucia no solamente para servir los intereses imperialistas, en primer término, sino para, como consecuencia adicional, ganar más dinero aumentando el número de sus lectores. Ahí tienen dos clases de periodismo. Uno, honesto y altruista. El otro comercial y deshonesto. Sobre todo Hearst, a la sazón magnate de la prensa estadounidense, incitó a la intervención de Estados Unidos en el conflicto entre Cuba y España aduciendo que Cuba era víctima de una guerra cruel y que Washington debía actuar a favor de los cubanos. A todas luces se trataba de lograr que Estados Unidos se quedara después con la Isla. Martí, en una de sus crónicas, dijo que amaba más una reflexión que una noticia. No hay dudas de que el razonar tiene más valor que el informar cuando hay que descubrirle la verdad al lector, sacarlo de la confusión y la ignorancia. Y, desde luego, lo uno no excluye lo otro, cuando ambos son posibles.
¿Qué sería para ti el buen comienzo de un trabajo periodístico?
Por mi formación profesional tengo que decir que buen comienzo de un trabajo periodístico es decirle al lector, en pocas palabras y sin rodeos, la sustancia del asunto, desarrollando después el tema en los siguientes párrafos de acuerdo con el orden de importancia de los diferentes aspectos de la noticia. Esto, cuando se trata de noticia pura y simple. Cuando vamos al artículo, al comentario, a la crónica, ya el enfoque tiene que variar necesariamente porque entran otros factores en la estructuración del trabajo, aunque siempre es preferible establecer una comunicación inmediata entre el lector y el asunto.
¿Qué debe pretender a tu juicio una entrevista, un reportaje, una crónica, un artículo, un editorial?
Una entrevista debe pretender brindar todos los ángulos y los matices, las re- flexiones y la información de uno o varios asuntos en boca de uno o varios personajes que, de una u otra forma, sean protagonistas del tema o temas de que se trata y que no pueden ofrecerse utilizando otro género periodístico.
Un reportaje puede considerarse como una noticia in extenso. El reportaje admite recursos de colorido, de ambientación, de antecedentes, que no caben en la información pura y simple.
La crónica es el artículo de actualidad en el que se liga la información con las consideraciones del autor, con citas apropiadas con descripciones de tiempo y de lugar.
El artículo es la expresión más directa del autor sobre el tema comentado.
El editorial puede tener de crónica y de artículo, pero es impersonal. Refleja siempre el criterio de la publicación, de su política. He visto periodistas que han escrito editoriales con proyecciones que personalmente no comparten, lo que realmente debe ser difícil. El editorial, generalmente, es producto de una discusión previa con los que hacen la política de la publicación, es un producto colectivo.
¿Existen temas áridos? Si es así, ¿has tenido que trabajar alguno? ¿Cómo puede compensarse este escollo?
Los temas áridos no solamente existen sino que proliferan. Creo que para salvar este escollo lo más indicado es estudiar el tema con la mayor profundidad posible para dominarlo. El otro escollo es la limitación de tiempo que siempre encontramos en el trabajo periodístico, pero aunque no podamos llegar a la perfección, por lo menos se debe presentar el asunto al lector del modo más claro posible.
¿Cuál es tu criterio en cuanto a los recursos: grabadora, libreta de notas, memoria, imaginación? ¿Qué es lo primordial, qué lo superfluo, qué lo innecesario?
Los recursos que puede utilizar el periodista están de acuerdo con la técnica y, desde luego, también con la preferencia personal. Yo nunca utilicé otro recurso que la libreta de notas y la memoria. Tiene desventajas evidentes, pero también su aspecto positivo. Creo que el recurso de la grabación lleva a veces a reflejar lo superfluo por la inclinación a consignar la mayor parte, o todo, de lo que está en la cinta magnética. La libreta de notas y la memoria nos obligan a utilizar más la imaginación y, por lo tanto, el trabajo tiene más fluidez, aunque repito, es cuestión de preferencia personal o, en el caso mío, de falta de experiencia con los otros recursos.
No hay dudas de que la grabadora es el instrumento técnico de actualidad para el periodista y también para el historiador. Es una nueva forma que tiene la desventaja que apunto más arriba y también aquella que se deriva del miedo escénico del entrevistado, quien puede cohibirse. Tiene la ventaja, por otro lado, de recoger fielmente lo que se expresa y que después no puede negarse y, para el periodista, no hay dudas de que la cinta magnética es completamente confiable y no así las notas escritas o la memoria. Como se sabe, hay publicaciones que ahora hacen las entrevistas copiando exactamente lo que está grabado y nada más.
¿Qué particularidades debe tener un buen título periodístico?
El título periodístico debe ser conciso, ofrecer lo más señalado de la información, ser atractivo para llevar al lector lo publicado, no debe reflejar más que lo necesario pues si abarcara todos los detalles importantes la información sobraría. Creo que es uno de los aspectos más difíciles de dominar en el oficio. El título tiene su técnica particular. Recuerdo que nosotros nunca comenzábamos un título utilizando un artículo, sino preferentemente un verbo o un nombre, cuando el personaje era conocido.
Y el fotorreportaje, ¿es un género específico? Consideras qué se impone algún género en particular en el periodismo contemporáneo? ¿Por qué?
Estimo que el fotorreportaje como género atractivo ha sido desplazado por la televisión, pero, por supuesto, la ilustración fotográfica no ha perdido su vigencia, diría que es parte inseparable del texto en la mayor parte de los casos. Lo que sucede es que la imagen animada de la televisión y su proyección inmediata le deja muy poco campo de originalidad y de actualidad al fotorreportaje; aunque soy de los que creen que ni el cine ni la televisión han desplazado la fotografía, y no hablo de la fotografía como tal, que hoy es considerada una manifestación artística, sino de la foto en el periodismo.
Considero que la foto tiene sobre la televisión la ventaja insuperable de ser un testimonio permanente para el público, sea esa permanencia por un día, una semana o muchos años. La televisión muestra la imagen cuando la proyecta solamente. El público ve la foto cuando quiere, si es que le interesa conservarla. La foto hace más atractiva una publicación, no solamente desde el punto de vista estético: también rompe la monotonía de las largas galeras.
Lo que sucede es que hoy la foto tiene que cubrir un campo más específico en el periodismo. Claro que no me refiero a las fotografías de un acto o a la foto personal. Tengo en mente la realizada para proyectar un mensaje, para explicar un hecho, para dar la secuencia gráfica de un acontecimiento. En este campo hay un gran espacio por cultivar y creo que no se puede concebir el periodismo moderno sin la utilización de la imagen.
Háblame sobre la sección "En Cuba"
¿Sobre la sección .En Cuba.? Junto con Enrique de la Osa la inicié en 1943. Si la memoria no me es infiel, todo empezó por una proposición de Bohemia para completar con noticias nacionales un servicio extranjero titulado .La marcha del tiempo" Este último era exclusivamente sobre informaciones del exterior y la idea original era poner la nueva sección seguida de la otra por lo que el título quedaría así: "La marcha del tiempo... en Cuba" Más o menos. Bueno, lo cierto es que la sección "En Cuba" tuvo, desde el principio, una personalidad propia y que no se vinculó con el servicio extranjero.
Enrique y yo trabajábamos en El Mundo en aquella época y teníamos de todo menos dinero, y el poco que recibíamos duraba el tiempo suficiente para contarlo y nada más, pero teníamos optimismo, entusiasmo y amor a la profesión, así que puedo asegurar que la proposición que se nos hizo no solamente fue bienvenida para obtener nuevos ingresos sino porque era un reto para crear algo y enjuiciar la temática del momento desde un ángulo más amplio, con un estilo nuevo, y llegar a un público más numeroso.
Recuerdo que hicimos dos pruebas para someterlas a la valoración de la dirección de la revista. La primera se parecía un poco a las notas editoriales y la segunda, que fue la que se aceptó, ya contenía los elementos de estilo que después la hicieron famosa. Debo añadir, además, que cuando se inició .En Cuba., la revista pasaba por una época de baja circulación y fue, precisamente, la nueva sección la que la puso en una espiral de ascenso con nuevos lectores.
La labor que emprendimos no fue fácil. Que yo sepa nunca se había hecho nada semejante en el periodismo cubano. Procuramos, desde el principio, que hubiera unidad en el estilo de toda la sección. Nos esforzamos por brindarle al público la mayor cantidad de datos inéditos. Hay que señalar que los acontecimientos que se comentaban ya habían sido publicados en la prensa diaria y no queríamos repetir lo que ya se había dicho, pues de otro modo carecería de originalidad. El resultado fue que dábamos .palos., a pesar de que salíamos semanalmente con las mismas noticias que salían a la luz pública durante el resto del tiempo.
Claro que bien pronto, la sección tuvo sus propias fuentes de información y no se limitaba a glosar lo sucedido y publicado por otros sino a brindar noticias nuevas. De ese modo, invirtió un poco el proceso original, pues al revelar datos desconocidos se convirtió a veces en fuente de referencia para las otras publicaciones.
Puedo decir que el trabajo nos entusiasmó. Se popularizó en corto tiempo, cobró un prestigio enorme, era temida y buscada, los informantes iban a nosotros muchas veces sin necesidad de buscarlos. La sección siempre se escribió en la casa de Enrique de la Osa. Íbamos a Bohemia a entregar el material y a ver la correspondencia que se recibía de los lectores.
Recuerdo que cuando ya estaba firmemente establecida se nos llamó de la estación de radio CMQ para hacer un programa con ella, pero Bohemia no lo admitió.
Debo decir, sin embargo, que el éxito de la sección, a mi juicio, más que por el estilo, el colorido, la ambientación que se le daba; más que por los datos inéditos, las descripciones, la vivacidad de las notas, fue por la proyección política que tenía.
"En Cuba" era un látigo. Su vida prerrevolucionaria abarcó el último año de la presidencia de Batista, las administraciones de Grau y Prío y toda la época de la última dictadura batistiana. Fue una etapa de crímenes y de latrocinios y la sección siempre llevó una política de castigo sin cuartel a los asesinos y a los ladrones. Consecuencia de ello fueron las continuas amenazas que se recibían y las presiones que se ejercían.
En sus primeros años puso al desnudo el insólito latrocinio de Alemán durante el gobierno de Grau, las manipulaciones del llamado BAGA -Bloque Alemán, Grau, Alsina- que fue un movimiento dentro del PRC para comprar descocadamente a los delegados, y controlar el partido, las interioridades del famoso Inciso K, la venta de puestos de maestros, la alimentación de grupos gangsteriles. Si no me equivoco fuimos los primeros en clavarle al señor Guillermo Belt, ministro de Grau al servicio de los yanquis, el título de Mr. William Belt. Hicimos una radiografía del escándalo que se produjo por el trueque de arroz ecuatoriano por azúcar cubano que dejó millones de pesos a varios políticos de la época, entre ellos a Alberto Inocente Álvarez que era a la sazón ministro de Comercio y que después del escándalo fue premiado por Grau quien lo nombró ministro de Estado. Publicamos la fotografía de una casa que Batista tenía alquilada en secreto en el reparto Almendares para sus reuniones políticas y de otra índole. Revelamos diálogos sostenidos en la intimidad de Palacio en los que se proyectaban negocios.
La sección publicó muchas notas que causaron gran revuelo pero carezco en estos momentos de los datos completos. Tendría que apelar al archivo. Lamento no recordar todas las anécdotas.
¿Qué opinas sobre el periodismo actual, internacionalmente hablando, con énfasis latinoamericano?
El periodismo actual, como el de siempre, es un instrumento ideológico. Su expresión política no solamente está en los editoriales sino en el tratamiento de las noticias, en el balance que se les otorga a las informaciones, en el destaque o no que se las dé. La difusión masiva de los órganos de prensa en el momento presente ha cobrado una magnitud enorme por los adelantos técnicos aplicados a los medios de información. En ese sentido presentan hoy más importancia que antes por las posibilidades que se les ofrecen.
Hoy también hay un aspecto peculiar en mucha prensa de los países capitalistas, que es la explotación realmente nauseabunda de la pornografía, arma también ideológica dirigida a brutalizar a las masas, a distraerla de los verdaderos problemas que las aquejan.
Con referencia a América Latina diremos que, a nuestro juicio, los rasgos negativos actuales de la prensa capitalista impresa, radiada o televisada están más acentuadas en nuestro continente, sin que por ello queramos minimizar esos rasgos en la prensa norteamericana, de Europa Occidental o de otros países en otros continentes.
Lo que sucede es que en América Latina, aparte de lo que pudiéramos llamar la producción nacional de esas peculiaridades, está su importación de Estados Unidos. Hay una gran cantidad de revistas escritas en idioma español que se originan en Estados Unidos para exportarlas a América Latina las cuales explotan los peores sentimientos humanos y son centros que irradian incultura e ignorancia. Y todo eso se hace planificadamente. Una misma revista, por ejemplo, editada en español, se distribuye con un material para ser vendida en España y con otros para América Latina. Las que se destinan a nuestro continente son las de peor contenido.
El sexo, el crimen, la difamación y hasta secciones enteras dedicadas a la brujería, son temas corrientes hallados en las publicaciones en español que se venden en América Latina.
Desde el punto de vista estrictamente técnico hay algunos buenos periódicos y revistas en nuestro continente, pero son los menos. La mayoría puede calificarse de mediocre. Y la inmensa mayoría, como es lógico, responde a los intereses de la burguesía y el imperialismo, a los intereses de las empresas transnacionales.
Lamentablemente la prensa honesta y revolucionaria constituye una minoría y tiene que ser así por las condiciones imperantes.
CARLOS LECHUGA, Itinerario de una farsa
Cuando en enero de 1962 se excluyó a Cuba de la entidad regional, después de tres años de intentos para aplicarle sanciones que la aislaran diplomática y económicamente del resto del continente, Estados Unidos creyó haber vencido una etapa trascendente del trayecto emprendido para liquidar el proceso revolucionario, pues contaba con la complicidad de la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos. Pero ese no fue el resultado. El extrañamiento de la OEA fue una victoria pírrica. La Revolución siguió su curso histórico y la autoridad y prestigio del Sistema Interamericano quedaron más maltrechos de lo que ya estaban. El papel deslucido y secundario que tenía la OEA en el escenario internacional cayó en una crisis profunda de la cual no se ha recuperado totalmente.
En crisis, asimismo, se halla la política latinoamericana de Estados Unidos. Basta hacer un recuento de lo acontecido en los últimos treinta años, desde la presencia de la Revolución Cubana, para comprobar que las fórmulas que aplicaba antes y ensaya ahora el actor principal de la OEA, carecen de validez y eficiencia. Las recetas de Washington no han resuelto satisfactoriamente los graves problemas que encara en el continente.
Se puede afirmar que hoy más que nunca los intereses contrapuestos de la potencia del norte y los de sus vecinos del sur ponen en evidencia que el panamericanismo, símbolo de esa singular alianza de factores discrepantes, es tan anacrónico como la Doctrina Monroe, melancólica expresión de nostalgia para los que aún piensan que no hemos dejado atrás el siglo XIX.
Fue en esa fase primigenia de la conspiración anticubana, desde enero de 1959, triunfo de la Revolución, hasta enero de 1962, fecha de la separación de la isla antillana del llamado Sistema Interamericano, cuando en el campo de las relaciones internacionales se concibió la estrategia para destruir a la Revolución o detener su desarrollo, plan que no ha tenido variaciones sustanciales en los últimos treinta años. Ha sido una línea constante la que se ha seguido, con irrelevantes matices para adaptarla a situaciones coyunturales.
CARLOS LECHUGA, En el ojo de la tormenta
Es irrebatible que el gobierno norteamericano actuó premeditadamente desde el primer momento, utilizando la coacción sin tener en cuenta sus obligaciones internacionales, desconociendo abiertamente los derechos soberanos de Cuba sujeta a una guerra sucia y amenazada por el poderío militar de una gran potencia situada solamente a 90 millas de distancia, lo que la obligaba a defenderse. Está claro que Cuba trató de mejorar su capacidad militar, no con propósitos ofensivos, sino con el objetivo de salvaguardar su integridad territorial.
Historiadores norteamericanos han afirmado que Kennedy necesitó arriesgar una guerra para obtener ganancias políticas domésticas, también han condenado el bloqueo naval como una acción irresponsable, explicando la resolución de la crisis como resultado de la moderación soviética y de la buena suerte de los Estados Unidos. Así opinan I. F. Stone, Ronald Steel y Barton J. Bernstein. Para Stone hubo una clara divergencia entre los intereses nacionales de su país y los intereses políticos de Kennedy. Los primeros aconsejaban un contacto secreto con Jruschov con la esperanza de resolver el conflicto diplomáticamente y Kennedy se decidió por la confrontación por- que era más probable así obligar a Jruschov a retirar los cohetes antes de las elecciones de noviembre. .No había tiempo para prolongar las negociaciones, o ir a una reunión en la cumbre, o ir a un debate en las Naciones Unidas porque el daño no se podía reparar antes de las elecciones"
Steel destaca su vulnerabilidad política respecto a Cuba y su necesidad de que se retiraran los proyectiles balísticos nucleares antes de las elecciones.
El profesor de la Universidad de Stanford, Barton Bernstein, califica a Kennedy y a sus más íntimos asesores como a personas impulsadas para hacer algo que impresionara a Jruschov y a otros dirigentes soviéticos por la voluntad decisoria norteamericana. Una confrontación pública y un triunfo público le permitía de forma dramática [".] persuadir a varias circunscripciones, tanto a los ciudadanos de su país como a los aliados en el exterior, y a los soviéticos, con su forma decidida de actuar y su comprometimiento" De acuerdo con Bernstein la confrontación cubana fue la máxima expresión de .la fatal paradoja detrás de la política estratégica americana: que el país tenga que ir a la guerra para afirmar su propia credibilidad, lo que supone haría innecesario tener que ir a una guerra" Él opinó que debió tratar la negociación en vez de la confrontación.
John Kenneth Galbraith, embajador de Kennedy en la India en aquel momento de la crisis, es muy claro en que la cuestión política doméstica fue muy influyente en la decisión del bloqueo. .Al estar los cohetes en Cuba la necesidad política de la administración de Kennedy lo urgía a asumir cualquier riesgo para que los retiraran.