DÍA DE LOS ENAMORADOS

Fiesta comercial

Los enamorados de todo el mundo celebraron el catorce de febrero como la efeméride del amor, el tiempo de reconocer la pasión que consume y la emoción que abrasa. ¿Tiene que ver, en realidad, el evento con el amor? Lo usual es que cada uno de los amantes haya acudido a un establecimiento comercial para adquirir un presente con el cual halagar a su pareja. ¿Quién es el beneficiado? Las tiendas, en primer lugar, y luego los restaurantes. Porque ¿quién no lleva a su novia a una cena de lujo en un día como éste? ¿Quién no hace un obsequio? Llegamos a la conclusión que el Día de los Enamorados es esencialmente el "Día del Comercio Detallista y de la Gastronomía". ¿Quiere eso decir que el amor puro no existe? ¡Líbrenos el Santísimo de tamaña herejía!

Ahí tenemos en la historia los grandes amores, como los de Pericles y Aspasia, Tristán e Isolda, Abelardo y Eloisa, Cleopatra y César, Cortés y la Malinche, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, Napoleón y Josefina, Ofelia y Hamlet, Isabel Tudor y Essex. ¿Para qué seguir?

Stendhal en su tratado "Del amor" distinguía cuatro tipos: el amor-pasión, el amor-gusto, el amor-físico y el amor-vanidad. El primero se distinguía por el arrebato de los sentidos, el segundo por el buen tono de la peripecia emotiva donde todo era color de rosa; era el más descrito en las novelas de moda en el siglo XIX. El amor-físico, como indica su nombre, era una tormenta sensual donde predominaba el erotismo y la satisfacción voluptuosa.   El amor-vanidad era el que pretendía la ostentación presuntuosa de la pareja, la demostración orgullosa del dominio sobre un objeto estético muy preciado.

El amor nace, según Stendhal,  de la admiración por el objeto deseado y se nutre de la esperanza por el dominio de la entidad anhelada. Se descubren todas las perfecciones posibles y se ignoran las debilidades. Ahí se produce el fenómeno de la rama de Salzburgo. En las minas de sal de aquella región se arroja una rama seca de un árbol  y en tres meses se retira el gajo que aparece cubierto de radiantes cristalizaciones, de una capa luminosa de brillantes. Es el descubrimiento de todas las perfecciones, posibles o imaginarias, de la mitad amada.

El amor es como una fiebre, nace y se extiende sin que intervenga la voluntad  personal. Las mujeres prefieren la emoción antes que la razón, según nos dice Stendhal. El hombre suele sufrir los tormentos secretos del alma, la mujer es, en cambio, más lenta en aceptar la ofrenda que se le hace, no son tan decididas. Un hombre debe humillarse mientras dura el asedio  mientras la mujer siente la gloria que acompaña el asecho. La vanidad del hombre desdeña una victoria fácil. Las mujeres se alcanzan con el derrame de dádivas emocionales.

En su "Grandeza y servidumbre de la mujer" Gustavo Pittaluga nos dice:"La mujer lleva en sí, y trasmite al hombre, un signo de incertidumbre, un temblor del alma que hace peligrar constantemente las decisiones de la voluntad varonil." Y más adelante expone: "Los hombres llaman frivolidad a esa facultad repentina y aguda que posee el alma femenina de percibir los móviles más allá de la lógica."

El amor cortesano de la Edad Media era entendido como una forma de servir a la dama. Se produjo, entonces, un cambio de actitud del varón hacia la hembra. Los poetas trataron de idealizar el amor físico. Esa visión espiritual se explica por la devoción religiosa hacia la Virgen María y lo que simbolizaba de castidad, incorruptibilidad y pureza. Los sonetos del Petrarca a Laura son un ejemplo de rendición incondicional. Ovidio, en su "Ars Amandi" nos dejó la visión del amante como esclavo de su pasión y su desazón como el preámbulo de una recompensa sensual. La literatura árabe dejó un enfoque del amor como una deliciosa enfermedad. Dante vio a Beatriz como parte de su visión mística de la existencia. 

De una forma u otra el amor fue celebrado en este día de San Valentín como una de las más hermosas y delicadas formas de la relación humana. Los comerciantes, por su parte, estimularon la celebración por el amor que tienen a sus bolsillos, al mercantilismo y la compraventa que desdeñan las percepciones emocionales.   

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