El informe Baker aprueba las conversaciones con los insurgentes

En mi primer informe, acerca de la retirada de las tropas, consideré que las  recomendaciones del Grupo de Estudios sobre Irak para las reducciones de las tropas eran muy vagas y rotundas. En mi segundo informe, consideré repugnantes y hasta interesadas las recomendaciones de abrir las reservas de petróleo de Irak a las multinacionales. Ahora analicemos la solución política interna ofrecida por el Grupo Baker-Hamilton. Esta merece un análisis detallado, ya que  refleja y aprueba las conversaciones de paz con los insurgentes iraquíes que ya se encuentra en curso en secreto, como se reportó por primera vez la semana pasada en el Huffington Post.

Primeramente el informe exige señales apoyadas hace bastante tiempo por el movimiento de paz: declaraciones hechas por el presidente de que los Estados Unidos no quiere  bases militares permanentes y no tiene intención de controlar el petróleo de Irak. Estas recomendaciones (22, 23) están incluidas en secciones posteriores pero también aparecen solas.

Sobre el asunto vital de la división de los ingresos del petróleo, el informe reprende las exigencias de los curdos y el partido chiíta  Consejo Superior para la Revolución Islámica en Irak (SCIRI), de un control regional, en contraposición al nacional, de los futuros avances e ingresos. (28)

Formulado como "reconciliación nacional", el informe refleja intereses fundamentales expresados por los insurgentes sunitas y los parlamentarios, es decir, la revisión de los defectos en la constitución exigida por los sunitas (26);  el proceso de  de-Baathification, específicamente la reintegración de los Baasistas y los nacionalistas árabes a la vida nacional, con excepción de las figuras principales del régimen de Saddam Hussein.(28)

El informe está a favor de las elecciones provinciales el año que viene, que le otorgaría a los sunitas el poder de autogobierno en sus regiones.

Se exige la amnistía en la Recomendación 31, que enfatiza esa reconciliación nacional entre "antiguos enemigos a muerte". Las recomendaciones  de la amnistía iraquí no deben ser " debilitadas en Washington" como pasó entre los demócratas y los republicanos varios meses atrás. (37) "A pesar de no ser popular desde el punto de vista político, tanto en los Estados Unidos como en Irak, la amnistía es esencial si se quiere que  tenga lugar el progreso".(p.68)

La pregunta de fundamental importancia sobre las conversaciones directas de paz con los insurgentes sunitas y chiítas se plantea en las recomendaciones 34,35 y 36. El lenguaje es cauteloso pero inequívoco. "Los Estados Unidos debe alentar el diálogo entre las comunidades sectarias" (36); "los Estados Unidos debe emprender esfuerzos activos para atraer a todos los partidos en Irak exceptuando a al Qaeda… los Estados Unidos debe encontrar una forma para conversar con el Gran Ayatolá Sistani, Mogtada al-Sadr y los líderes de la milicia y la insurgencia" (35); debe haber un emisario musulmán chiíta de alto nivel para Sistani; (y, una vez más) "los Estados Unidos debe encontrar una forma para hablar directamente con Mogtada al-Sadr… (34); "las Naciones Unidas puede ayudar a facilitar los contactos" con los insurgentes (34).

Ya que el  grupo Baker-Hamilton confió en las personas del ejército y la inteligencia que tienen acceso a información confidencial para sus análisis de la situación política interna, sólo podemos suponer que el Grupo conocía el curso secreto de los contactos que ya estaban en marcha  pero que habían sido rechazados por la Casa Blanca y los partidarios de la línea dura neoconservadores y del Pentágono. El informe aprueba con un lenguaje muy sencillo ese proceso,  que es mucho más de lo que los Republicanos y los Demócratas han estado queriendo hacer.

La posición general del movimiento de paz ha sido que sólo una fecha tope por parte de los Estados Unidos para la retirada de las tropas conducirá a los insurgentes nacionalistas al cese al fuego y a las conversaciones. El grupo Baker, que se posiciona como centrista, no apoya las fechas topes, pero  está muy consciente del problema. En la (34), recomiendan mantener la interrogante de una retirada estadounidense "sobre la mesa para ser analizada mientras tiene lugar el dialogo de reconciliación porque "su inclusión aumentará la  probabilidad de participación de los insurgentes…" Además de la incentiva ofrecida a los sunitas, el informe Baker tiene una advertencia para el actual régimen en Bagdad: si las recomendaciones para la reconciliación no se llevan a cabo, los Estados Unidos no será "rehén" de Bagdad y pudiera comenzar la retirada unilateralmente. (41) Además si el gobierno iraquí no logra la reconciliación nacional y la inclusión, "los Estados Unidos deberá reducir su apoyo político, militar o económico al gobierno iraquí"(21) Esa es una diplomacia de castigo.

El informe sugiere que las fuerzas estadounidenses deberían de algún modo continuar luchando contra al-Qaeda, que se estima sea el menor por ciento de los insurgentes, y debe favorecer un aumento de tropas a corto plazo en Bagdad, pero en general su objetivo es un convenio político negociado con las dos fuerzas contra las que realmente están luchando, matando y siendo asesinadas las tropas de los Estados Unidos: la resistencia nacionalista sunita concentrada básicamente en al-Anbar al occidente de Bagdad y el ejército Mahdi nacionalista chiíta de al-Sadr centrado en los barrios del oriente de Bagdad. Estos grupos aparentemente diferentes han unido sus fuerzas contra los estadounidenses en ocasiones anteriores, de manera más notable durante el primer sitio de Faluya, y en la actualidad parece que trabajan en paralelo para debilitar al régimen al -Maliki a menos que exija una fecha tope para la retirada de los estadounidenses.

Documentos back channel que aparecieran con anterioridad en el Huffington Post revelan conversaciones en curso con los sunitas sobre las soluciones políticas, incluyendo el "cambio de régimen" en Bagdad. Los sunitas ya están desplegados en el parlamento junto con el bloque al-Sadr. Ahora el Informe Baker se convierte en la primera recomendación  cuasi oficial para legitimar las conversaciones de los Estados Unidos con al-Sadr.

Viéndose de este modo, las reuniones recientes del presidente Bush con Abd al-Aziz al-Hakim de la organización SCIRI/Badr se tornan de mayor mal augurio. Hakim es decididamente proiraní y está a favor de una futura división de Irak estableciendo la parte chiíta en el sur, a lo largo de las fronteras de Curdistán. Su milicia Badr es una especie de escuadrón de la muerte como cualquier otro en Irak y está completamente integrado al Ministerio del Interior. Su bloque en el parlamento  no apoya al primer ministro al-Maliki. Es un enemigo de al-Sadr, quien es más que un nacionalista árabe chiíta. Hakim podría ser la persona señalada para cualquier estrategia neoconservadora desesperada para "soltar a los chiítas" contra los sunitas y al-Sadr. El presidente Bush parece estar alentando a al-Hakim para que su bloque respalde a al-Maliki y así terminar la dependencia del Primer Ministro  de los 30 puestos de al-Sadr en el parlamento. Esto podría significar más ataques contra el ejército Mahdi y los sunitas y una pelea más fuerte entre Bush y  el Informe Baker.