LA ALIANZA OCUPANTE DE IRAK SE DEBILITA

Desafío del jefe de estado mayor

Cuando recibió el penúltimo Premio Nobel el genial y respetado dramaturgo británico, Harold Pinter, declaró sobre la política belicista de Tony Blair: "No tiene el apoyo del Partido Laborista, no tiene el apoyo de su país, ni siquiera de la tan mentada `comunidad internacional´. Cómo puede justificar la conducción de su país a una guerra que ninguno quiere. No puede. Sólo puede recurrir a la retórica, los clichés y la propaganda. No pensamos, cuando votamos por Blair, que llegaríamos a despreciarlo. La idea de que él influye a Bush es hilarante. Su aceptación supina de las bravatas estadounidenses es patética."  Pinter expresaba un estado de ánimo muy difundido entre los británicos.
Ahora el recién nombrado Jefe de Estado Mayor  del ejército del Reino Unido, General Richard Dannat, viene a confirmar el aserto de Pinter al declarar, hace unos días, que las fuerzas armadas que se encuentran en Irak  deben ser retiradas cuanto antes. Dannat es un adalid que los militares respetan por su rigor, honestidad y franqueza. Cuando se atreve a hacer un pronunciamiento de ese carácter es señal que existen otros dirigentes y estrategas que le apoyan. El resquebrajamiento de la disciplina en torno a Blair es síntoma de su vulnerabilidad política y la poca hondura de su liderazgo.
A Bush le resulta difícil la retirada general de sus tropas, que es lo que está demandando la opinión pública en Estados Unidos, porque perjudicaría los intereses de las grandes transnacionales petroleras que son las que han derivado beneficios inmediatos de la ocupación y financiaron sus campañas electorales. Pero Blair no tiene ese problema.
 El enorme gasto militar al cual se ven enfrentados Estados Unidos, el aumento del déficit interno, el alza del costo de la gasolina (ahora temporalmente detenida), el desfile incesante de cadáveres de soldados norteamericanos, la opinión internacional adversa, el desgaste del apoyo moral dentro del país, los llevarán, más temprano que tarde, a considerar la salida de Irak y Afganistán.
Alguna vez, en el desarrollo  del brutal imperio británico, los políticos de Whitehall usaron a los cipayos y los gurkhas para que realizaran las tareas sucias en las tareas de represión y conquista del imperio. Ahora son los propios ingleses quienes se han convertido en los cipayos y gurkhas de los estadounidenses. Blair ha demostrado que está siendo más retrógrado que la propia Thatcher, al menos está siguiendo al pie de la letra su legado ideológico. 
En una entrevista con el Daily Mail, Dannatt, que fue recién nombrado jefe del ejército, afirmó que la presencia de tropas británicas en el Oriente Medio exacerba los problemas de seguridad de su país, en todas partes, incluso en el territorio nacional. Añadió que el mundo musulmán usualmente acepta a sus invitados pero ellos no fueron invitados sino que "le propinaron una patada a la puerta". Una gráfica manera de denominar su entrada sanguinaria en aquél país.
El Reino Unido tiene siete mil soldados en Basora y cinco  mil en Afganistán. Esa fuerza no constituye un aporte significativo a los ciento cuarenta mil ocupantes que Estados Unidos mantiene en Irak, pero el costo político de esa eventual retirada sería enorme. A ello se unirían las desazones y acritudes francesas sobre su tropa acantonada allí. Una posible retirada de ambos países pondría a Bush en una posición de minusvalía ante la opinión pública norteamericana.
En todo caso es muy probable que las declaraciones de Dannatt influyan en las próximas elecciones congresionales de noviembre. El votante podrá apreciar que la oposición contra la guerra de Irak no proviene solamente de sectores radicales, reformistas o discrepantes del partido republicano sino que miembros muy eminentes del establecimiento británico también estiman aquella aventura como una gran insensatez.
Las declaraciones de Dannatt constituyen un abierto desafío a Blair, un desacato y, hasta cierto punto, una insubordinación. Percatándose de la gravedad del asunto Blair ha tratado de suavizar el  golpe declarando, a su vez, que estaba de acuerdo con Dannatt y que debían irse "cuanto terminen la tarea allí". Naturalmente la "tarea", según la ha definido Bush, es "implantar la democracia y la libertad".
Todos sabemos que eso quiere decir dejar organizado un gobierno  de ocupación con los fantoches nativos que se doblegan sumisamente ante las directivas yanquis. Y también implica dejar organizado un ejército represor nacional que sustituya en esa tarea a los ocupantes estadounidenses.
El problema es que el creciente número de ataques de los insurgentes no va en el sentido de la historia que Bush cree propiciar. Por todo Irak suenan las bombas, los asaltos a las casernas de las fuerzas nativas. Es una insurrección general que ha subido de tono y de intensidad.
Dannat es el heraldo de la sostenida erosión que provocará, finalmente, la retirada de todos los ocupantes de Irak. Exactamente igual que en Vietnam.
gotli2002@yahoo.com