Fórmula para un fracaso continuo

En mayo de 2004, la Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre del gobierno que preside Bush hizo público un informe de casi 500 páginas que parecía llegar a la conclusión de que el gobierno de Fidel Castro estaba prácticamente a punto de derrumbarse.

Algunos golpes más, unas cuantas transmisiones más de Radio Martí, negación de unas cuantas licencias de viaje, y más apoyo a unos cuantos disidentes y ya se habría puesto fin. Estados Unidos, según parece proponer el informe, intervendría luego en el país y les enseñaría a los cubanos como dirigir sus escuelas correctamente, hacer que sus trenes lleguen puntual a su destino, y desarrollar su agricultura de una manera más eficiente. Dado que se había previsto una operación como esta, dirigida por los Estados unidos, en julio de 2005 se designó un coordinador estadounidense para la transición en Cuba. Un observador escéptico apuntó en aquel momento que en el caso de Iraq, el gobierno de Bush esperó al menos invadir y ocupar el país árabe antes de nombrar un coordinador para la transición.

¿Significó su nombramiento en este caso que Estados Unidos tenía la intención de agredir a Cuba también? Y si no fue así, ¿qué se suponía que el coordinador estadounidense para la transición hiciera desde su oficina en el Departamento de Estado? Incluso en la actualidad eso no queda claro.

Tal vez la reacción del Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza ante la idea de designar un coordinador para la transición en Cuba lo resuma mejor. «Pero no hay tal transición», dijo, y «ese no es tu país».

El Nuevo Informe

En estos momentos la comisión ha dado a conocer un nuevo informe, en un acto celebrado el 10 de julio presidido por la secretaria de Estado Condoleezza Rice, el secretario de Comercio Gutiérrez y el coordinador de la Transición Caleb McCarry.

De manera interesante, quizá en respuesta a las acusaciones de que el primer informe no era otra cosa que un plan estadounidense de ocupación, el nuevo pone énfasis en que su propósito es, por el contrario, ofrecer ayuda a los cubanos que viven en la isla.

Son ellos quienes deben dar soluciones, insiste. Estados Unidos sencillamente está preparado y dispuesto a apoyar sus iniciativas. Pero después de decir esto, el informe luego recoge página tras página una serie de recomendaciones, que van desde la reestructuración de la economía y el sistema educacional hasta la celebración de elecciones multipartidistas, siempre y cuando, por supuesto los cubanos que viven en la isla deseen aplicarlas.

Y la premisa fundamental, de que el régimen está a punto de venirse abajo, es tan descabellada e irrealista tanto en el nuevo informe como en el anterior. Han pasado dos años y en vez de desmoronarse, la economía cubana da sólidas muestras de recuperación. Incluso la CIA reconoce que esta ha alcanzando un índice de crecimiento del ocho por ciento. Cuba mantiene relaciones nuevas y de vital importancia con Venezuela y China y da indicios de la existencia de un nuevo e importante yacimiento petrolífero cerca de la costa norte, por el cual ya algunos países pugnan por obtener sitios de perforación. Las cosas están mejorando, no empeorando.

Sin embargo, el nuevo informe no se hace ninguna alusión a esto. Por el contrario, este dice: «Desnutrición crónica, agua potable contaminada, y enfermedades crónicas sin tratar continúan afectando a un por ciento significativo del pueblo cubano». Y por supuesto agrega que: «Las condiciones no mejorarán mientras Fidel Castro permanezca en el poder».

No toman en cuenta que los índices de las Naciones Unidas continuamente señalan que la población cubana es mucho más saludable que la de la mayoría de sus estados vecinos, entre ellos el territorio de Puerto Rico perteneciente a Estados Unidos, y una razón para ello es que los cubanos gozan de un sistema de salud gratuito. Es interesante señalar además que la esperanza de vida de los cubanos es cinco años mayor que la de los afronorteamericanos.

Fondos Desviados para la injerencia en los asuntos de otros países
Cualesquiera que puedan ser las ganancias que obtenga la economía cubana, el informe insiste en que estas no se utilizan en beneficio del pueblo de Cuba, sino para fines nefandos. «Los ingresos no se utilizan en beneficio de los cubanos», asegura el informe, «sino que se desvían para mantener el aparato de seguridad represivo del régimen y financiar las políticas intervencionistas y desestabilizadoras de Fidel Castro en otros países del hemisferio. La intromisión del régimen de Castro en los asuntos internos de otros países se realiza a costa de las necesidades del pueblo cubano».

Ante todo, si fuera así si los fondos hubiesen sido desviados en grandes proporciones, los cubanos ya no tendrían atención médica y educación gratuita, y hace mucho tiempo otros programas de bienestar social se habrían derrumbado.

El hecho de que esto no haya ocurrido demuestra que las acusaciones que aparecen en el informe son falsas. Además el informe no ofrece ningún ejemplo de esta «injerencia en los asuntos internos de otros países» para la cual, supuestamente, se ha desviado este enorme por ciento de los ingresos de la economía cubana.

Los médicos cubanos han sido enviados a muchos otros países, entre ellos Guatemala y Haití, además de Venezuela y Bolivia. Dondequiera que van son elogiados por su ayuda excelente y desinteresada. Si esta es la injerencia a la cual se refiere el informe, debiera haber mucha más. De lo contrario, entonces el informe deberá dar ejemplos de acciones intervencionistas a las cuales hace alusión.

Cero asistencia para el Consejo de Iglesias de Cuba

Se propugnan nuevas medidas incluso contra las iglesias de Cuba, mediante el fortalecimiento de las regulaciones para la exportación de artículos de ayuda humanitaria con vistas a garantizar que las exportaciones no sean consignadas a instituciones que sean «administradas por el régimen u organizaciones controladas por este, como el Consejo de Iglesias de Cuba». A esto le sigue la negación de visas a varios miembros del Consejo de Iglesias de Cuba, el cual el gobierno de Bush insiste en decir que es controlado por el gobierno cubano. Como replicara indignadamente un líder religioso estadounidense: «En el sentido de que tienen que regirse por las leyes que establece el gobierno cubano, por supuesto que están "controladas". Pero es absurdo sugerir que el Consejo de Iglesias de Cuba es simplemente un instrumento del gobierno. Las personas que lo conforman son legítimos líderes religiosos cuya cooperación valoramos grandemente». Sea como sea, las iglesias estadounidenses ya no podrán brindar ayuda humanitaria al Consejo de Iglesias de Cuba, una prohibición que el Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Estados Unidos, está protestando enérgicamente.

Esfuerzo por controlar las exportaciones de níquel

Dado que las exportaciones de níquel constituyen en la actualidad una importante fuente de ingresos para el gobierno cubano, el informe de la Comisión exige la creación de una fuerza de tarea interinstitucional para perseguir el níquel cubano por el mundo con vistas a hacer más estrictas las medidas para controlar las importaciones de sustancias o productos que contengan níquel (es decir, «no compraremos su acero si existe la posibilidad de que contenga níquel cubano»), y algunas otras medidas para intentar que otros países no compren níquel cubano. Estas tácticas han sido probadas en años anteriores con muy poco éxito. Probablemente ahora no tengan un éxito mayor. En realidad, hay mayores posibilidades de que causen una fuerte reacción negativa en la comunidad internacional.

El anexo secreto

El informe contiene un anexo, que según se dice, debe permanecer en secreto por «motivos de seguridad nacional» y para potenciar al máximo sus posibilidades de éxito. Solo nos queda suponer lo que está contenido en el anexo. Sin embargo, dada la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, inevitablemente se especula que este contiene nuevas conspiraciones de asesinato contra Fidel Castro (aunque esta vez son también contra Raúl) y nuevos planes de incursiones militares de los exiliados o incluso una acción militar directa estadounidense.

Prácticamente no existe apoyo en la comunidad internacional a la política estadounidense hacia Cuba. Es posible que disminuya aún más debido al sentimiento de inseguridad y recelo que provoca este anexo secreto. (Fragmentos. Tomado de CounterPunch. Traducido por Cubadebate)

Wayne Smith es en la actualidad socio principal del Centro para la Política Internacional y uno de los analistas más antiguos de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Ex jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana entre 1979 y 1982.