Los republicanos matan a los ricos con bondad, al resto con desigualdad

Radio Progreso Alternativa

"El Partido Republicano Fracasa en Intento por Derogar Impuesto a la Herencia", decía un titular de The New York Times del 9 de junio que anunciaba una rara derrota en la larga guerra de clases de los republicanos a favor de los muy ricos. Regocijémonos, pero reconozcamos también que tras la victoria hay algo de malas noticias.

Primero, la idea de que los republicanos propondrían otro gran regalo tributario para los ultra-ricos en una época de tremendos déficits presupuestarios y extrema desigualdad demuestra que no han aprendido. Los escándalos de corrupción que se han tragado a algunos de los miembros más poderosos del partido y a varios de sus principales aliados en los sectores corporativo y de cabildeo parecen haberlos dejado imperturbables.

Segundo, no es solo que los republicanos hayan tenido las agallas de proponer una enorme reducción adicional para los ricos. Lo peor es que casi ganan. Es más, una clara mayoría del Senado (57 a 41) votó a favor de derogar el impuesto sobre la herencia. Solo faltaron tres votos para los 60 necesarios para finalizar el debate y pedir un voto decisivo. Hubiera provocado la abolición del impuesto sobre la herencia. Se preservó un nivel mínimo de justicia en el sistema tributario solo debido a la naturaleza antidemocrática de las reglas del Senado.

Tercero, y aún más vergonzoso, varios demócratas, incluyendo a Bill Nelson de la Florida y Max Baucus de Montana, estaban entre los que votaron a favor de esta descarada legislación de Robin Hood a la inversa. Una cosa es que los republicanos, cuya ideología durante los últimos veinte años ha sido la de una opción preferencial por los privilegiados, defiendan el fin de los impuestos sobre la herencia. Pero otra es que los demócratas traicionen el legado de su partido de una manera tan descarada. Demuestra el gigantesco papel que el dinero desempeña en el sistema político norteamericano -y cuán cerca estamos del dominio plutocrático de un solo partido.

Después de su derrota, los republicanos juraron que seguirán insistiendo. No es sorpresa para nadie. El Partido Republicano ha probado todo, incluyendo calificar al impuesto a la herencia de "impuesto a la muerte" a fin de liberar a sus amigos pertenecientes a la estratosfera económica de tan siquiera una mínima responsabilidad fiscal para con el financiamiento de un sistema que los recompensa tan generosamente. Pero las implicaciones económicas y sociales de la derogación del impuesto a la herencia son tan horrendas que es imprescindible que organicemos una fiera resistencia.

Según el Centro para Política y Prioridades Presupuestarias, la derogación del impuesto a la herencia reduciría los ingresos federales en $1 billón de dólares entre 2012 y 2021. Esto sucederá a medida que los costos de Medicare y otros programas gubernamentales de derechos estén aumentando en flecha.

Los costos sociales y humanos de la derogación serían peores que el costo económico. La derogación del impuesto a la herencia haría daño a los que están a medio camino y en el fondo de la estructura de clases al quitar fondos a los programas que van de la educación al cuidado de salud. Al mismo tiempo, inflaría los cofres de los muy ricos, más allá de su actual estado de hinchazón. La impresionante concentración de poder económico y la consolidación de una clase alta hereditaria completarían el desmembramiento de lo que queda de la democracia norteamericana y llevaría a la instalación de una plutocracia abierta.

Las grandes desigualdades económicas no solo son mortales para la democracia, sino que matan de manera muy literal. Un estudio reciente publicado en el Journal of the American Medical Association (JAMA - Revista del Colegio Médico Norteamericano) arrojó que las personas blancas de mediana edad en Gran Bretaña son significativamente más saludables que sus contrapartes en Estados Unidos. Eso es sorprendente, ya que los británicos parecen tener una dieta y estilo de vida menos sanos que nos norteamericanos, y Estados Unidos gasta mucho más per cápita en cuidados médicos que Gran Bretaña. Lo que es diferente no es solo que Gran Bretaña tiene un sistema de cuidados de salud que cubre a todos, aunque es un factor. Como señala el epidemiólogo británico Richard Wilkinson, autor de El impacto de la desigualdad: cómo hacer más saludables a las sociedades enfermas (The New Press), la brecha de enfermedades y de mortalidad es también el resultado del hecho de que Estados Unidos es una sociedad significativamente más desigual que el Reino Unido.

Ciertamente una cuota mayor de igualdad haría más saludable a esta sociedad, y no solo en términos de enfermedades y tasas de mortalidad. Desafortunadamente, la mayoría de los republicanos -y un vergonzoso número de demócratas- se están esmerando para garantizar que suceda lo contrario.  Noviembre es un buen momento para enviarles un mensaje.