Los vuelos de la CIA con sospechosos de terrorismo evocan la Operación Cóndor

Philip Agee, tres imágenes de su paso por la CIA.La Jornada, México
(Reportaje publicado originalmente en dos partes, el 8 y 9 de mayo de 2006)

La Habana, 7 de mayo. El traslado ilegal de sospechosos de terrorismo de un país a otro que realiza Estados Unidos, en recorridos que comprenden Europa, países árabes, traslados a América Latina y otros lugares, es similar a la Operación Cóndor, coordinada en los años 70 y parte de los 80, entre las dictaduras militares del Cono Sur y que fue extendida a Centroamérica y el Caribe, como lo denuncian los familiares de las víctimas de aquellas acciones en la región.

Es también una conclusión que surge de las entrevistas con varios analistas en la búsqueda de nuevos descubrimientos sobre la actuación de la Operación Cóndor en su saga centroamericana y caribeña, para cometer crímenes de lesa humanidad.

La similitud está en el tronco común: Estados Unidos y sus agencias de seguridad y en los objetivos que responden a las necesidades de Washington. En su fase latinoamericana este tipo de operaciones de contrainsurgencia trató de esconder la mano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) muy visiblemente acudiendo a grupos de terroristas mercenarios, y a los dictadores de la Teoría de Seguridad Nacional, pero ahora los vuelos de la muerte con su trágica carga los realizan pilotos estadunidenses en sofisticados aviones de la CIA.

Otras de las conclusiones es que los crímenes de guerras encubiertas son ahora crímenes de guerras abiertas, sin final y sin fronteras.

Pero las similitudes en los mecanismos directos de la acción contrainsurgente son señalados tanto por el Premio Nobel argentino (1980) Adolfo Pérez Esquivel, como por el descubridor de los llamados Archivos del Horror de Paraguay (diciembre1992) Martín Almada.

Esto abrió nuevas posibilidades para ampliar las bases de los juicios contra los responsables de Cóndor, especialmente a partir de los nuevos archivos que aparecen, la apertura de documentos desclasificados, y las investigaciones periodísticas y jurídicas.

Así como La Jornada estuvo desde un primer momento siguiendo la apertura de los archivos de Paraguay, que contenían toneladas de papeles de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), donde se encontraron algunos documentos importantes sobre la Operación Cóndor, las nuevas investigaciones llevan los pasos hacia países como Perú, Venezuela, Colombia, que en su momento participaron o apoyaron, y también hacia Centroamérica y el Caribe en la ruta de la muerte.

En estos días hemos estado siguiendo los laberintos de esta misma operación contrainsurgente en estas regiones, después de los avances en el Cono Sur.

El comienzo

La Operación Cóndor comenzó sus acciones en 1974 montada sobre otros antecedentes de acciones conjuntas entre algunos países en 1973, para "institucionalizarse" en marzo de 1976, en el momento en que se produjo el golpe militar en Argentina y este país se unió más "formalmente" al acuerdo entre las dictaduras de Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia.

En una serie de entrevistas que realizamos con diversos especialistas e investigadores de Caribe y Centroamérica, se logra establecer la magnitud de aquella acción que tuvo un simbolismo especial por las víctimas elegidas y por su escenificación en diversos países del mundo eliminando fronteras.

Hablando con Philip Agee, ex agente de la CIA, donde trabajó 12 años hasta principios de 1969, tiempo en que estuvo enviado por la agencia en Ecuador, Uruguay y México, se puede advertir que el trabajo que la compañía realizó en todos nuestros países le permitía aportar a las dictaduras una base única y completa de datos actualizadas hasta en mínimos detalles, que eran infalibles a la hora de la represión.

Agge, graduado en la Universidad estadunidense de Notre Dame, y entró a la CIA en el programa de reclutamiento de estudiantes universitarios, y en este caso por un ánimo de aventuras y de viajes, escribió un libro que causó impacto en su momento La Compañía por dentro: Diario de la CIA, publicado en Londres en 1975 y en español en 1978. La razones de su alejamiento fue el confirmar que ninguno de los trabajos realizados para la compañía estaban destinados a ayudar a los pueblos de América Latina, sino a proteger los intereses de Estados Unidos, para lo cual se recurría a todo tipo de acciones, como la implantación de criminales dictaduras.

Recuerda para La Jornada el tipo de operaciones que realizaba como agente de la CIA que iban desde "recolección de inteligencia, contrainteligencia, penetración de otros servicios, acciones encubiertas y además operaciones de enlace con otros servicios.

"Tuvimos operaciones montadas con los servicios de inteligencia locales en todos los países latinoamericanos, salvo Cuba. Yo estuve encargado de esas operaciones en Ecuador, Uruguay y México", dice.

Las estaciones de la CIA tenían sus operaciones y sus investigaciones al margen de los servicios locales, "pero con enlaces permanentes con éstos" por medio de los cuales hacían averiguaciones en cada país, cuando se elegía la opción de consultar con esos servicios locales, a la vez proveedores de información. Aunque mucho de esto está relatado en sus diarios, Agge lo refiere ahora cuidadosamente ligado a lo que fue base de aquella Operación Cóndor.

"Por ejemplo, consultábamos a los servicios locales en diversos casos y especialmente en el de seguimientos de asilados en Montevideo. Si eran argentinos, a la Policía Federal argentina y otros organismos, y lo mismo si eran de otros países. Y también podíamos hacer operaciones unilaterales. Es decir, sin la participación del servicio local.

"Lo que puedo decir es que en los años 60 hubo operaciones montadas con todos los servicios locales y que en ese tiempo no era solamente un programa en América Latina sino en otros países, destinados a mantener actualizadas las listas de los principales enemigos (la izquierda en general). El programa era llamado lynks (lince). Luego en los años 62-63 se cambió el nombre ya cuando entramos seriamente en la cuestión de contrainsurgencia. Y se llamó en español "Control de subversivos". Yo estuve encargado de esta tarea en Ecuador y lo que constituía la lista no eran sólo nombres, sino todos los datos dirigidos a lograr una detención rápida en tiempo de crisis".

"Las listas tenían una foto corriente de la persona, sus datos biográficos, lugar de dónde transcurrían sus pasatiempos, las escuelas a las que asistían sus hijos, dónde trabajaba la esposa. Era una lista lo más detallada que se podía hacer sobre hábitos, que se mantenía siempre en idioma español, por si las encontraban no se pudiera identificar la mano de la CIA. Era lo que llamábamos un documento estéril. Esos archivos podían tener 25, 150, 500 nombres de personas, lo que se considerara necesario según el criterio de la estación donde estuvieran. Estas listas eran mantenidas para ser entregadas a los servicios locales de inteligencia, que utilizaban ese tipo de herramientas de enlace para un apresamiento rápido de los sujetos en caso de crisis".

El caso de Ecuador

Agge señala el caso de Ecuador en el golpe militar que "ayudamos a fomentar en julio de 1963 para instalar una junta militar. Cuatro oficiales tomaron el poder y en ese caso nosotros dimos una cantidad de información de estas listas a nuestro contacto principal en el grupo de la junta, Marcos Gándara creo, que era el más cercano a nosotros".

Continuando con su relato recuerda que "en Uruguay en 1967 hubo una conferencia de presidentes en Punta del Este, por abril más o menos, y como yo había estado en ese país casi tres años desde 1964 y en el otoño del 66 me había regresado a Washington, me enviaron para estar en esa reunión a la que asistía Lyndon Johnson. La conferencia fue en abril de 1967 y fui enviado para hablar con la policía y los servicios locales con los que había trabajado. La policía de Montevideo era como decir la policía nacional en Uruguay. Fuimos para dar seguridad al presidente y en ese caso, por ejemplo, dimos mucha información y listas. Entonces se produjeron arrestos preventivos como les llamaban. Los detenidos sólo recuperaron su libertad cuando se fue el presidente de Estados Unidos".

Es precisamente esta base siempre actualizada de datos en la CIA en cada uno de los países, lo que Agge relaciona directamente con lo que fue básico en la Operación Cóndor, que era el intercambio de listas de "subversivos", entre otras fases.

¿Eran estas listas entregadas a los militares que en cada país protagonizaban golpes? Le pregunto. "Sí, responde sin duda. Eso fue lo que hicimos en Ecuador. Y cuando se produjo el golpe militar en Brasil en 1964, yo estuve seguro y estoy convencido que desde el primer día, la estación de la CIA en Río de Janeiro entregó ese tipo de información a los militares, tanto para el derrocamiento del presidente Joao Goulart, como para la cantidad de arrestos que se produjeron durante la dictadura fascista que duró 21 años".

Como una continuidad del trabajo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en América Latina y especialmente en su trabajo con la dictadura de Brasil (1964-1985), el ex agente de esa corporación, Philip Agge, señala también el espionaje montado sobre una cantidad de brasileños que se refugiaron en Uruguay.

"Tuvimos que controlarlos, vigilarlos y dar información a Brasil ayudados por la policía de Montevideo, que para vigilarlos mejor les daba aparente protección. Vigilamos a Goulart mismo, a Darcy Ribeiro, y tantos otros que se refugiaron en Uruguay, y pasábamos toda la información a Brasil, sobre ellos, sobre las visitas que recibían, cuánto tiempo estaban. También Leonel Brizola fue otro de los muy vigilados. Eso es lo que pasó con el golpe en Brasil. Salí de la CIA en 1969 y cuando hubo el golpe contra (el presidente Salvador) Allende en Chile (1973) yo estuve seguro otra vez que nosotros proporcionamos la lista a los militares chilenos. Y no tengo duda alguna de que la DINA (policía política de la dictadura de Augusto Pinochet) fue una creación de la CIA. El entonces coronel Manuel Contreras era el hombre de la CIA, probablemente mucho antes del golpe".

En relación a Paraguay, considera Agge que el dictador Alfredo Stroessner (1954-1989) había logrado establecer un orden y control total y férreo. Pero para ellos el trabajo fue la vigilancia de los asilados paraguayos en Montevideo. Por supuesto que hacían lo mismo en todos los otros países, para abastecer de datos a los dictadores.

"Nosotros tuvimos cantidad de paraguayos bajo vigilancia en Montevideo. A través de los años en América Latina ha habido tantas olas de exiliados y había ciertos lugares de asilo. Montevideo fue lugar para brasileños, argentinos y paraguayos en los años 60 y nosotros penetramos y vigilamos a todos. Nos dedicamos muy profundamente al movimiento peronista de izquierda en Montevideo. Como el peronismo era muy amplio, nosotros debimos establecer una fuerte vigilancia sobre el peronismo de izquierda en especial".

Todo contra el socialismo

Le pregunto si esto tenía que ver con que se trataba de un movimiento masivo y si esta especial vigilancia de la CIA era debido a que esa izquierda que tomaba cada vez más fuerza dentro del movimiento peronista podía llevar a grandes sectores del mismo hacia la propuesta del socialismo.

Agge asegura que eso fue clave para incentivar la fuerte vigilancia, recordando, incluso, cómo habían colocado escuchas en varios departamentos y señala, entre otros, el nombre de Julio Gallego Soto, sobre quien establecieron una estrecha vigilancia.

"En el peronismo era bastante complicado saber quién era quién, y a la casa de este hombre llegaba mucha gente. Recuerdo claramente un nombre: John William Coocke, a quien vigilamos muy especialmente. La estación de la CIA en Buenos Aires no tenía tan buena información sobre el peronismo como nosotros, ya que la operación de escuchas nos permitía lograr información sobre todos los visitantes. Y por eso y los enlaces lográbamos más información que la propia estación de la CIA en Buenos Aires".

En el libro que contiene su diario Agge relata con minuciosidad las operaciones en Uruguay, seguimientos, escuchas, las formas como ingresaban clandestinamente en los departamentos de los asilados y ponían los aparatos de escuchas eléctricos en esos momentos, cambiando enchufes, alquilando departamentos, o sótanos cercanos, lo que también hacían con sedes de partidos y casas de los políticos de izquierda en Uruguay. Por supuesto era central lo actuado contra los diplomáticos cubanos y de los países socialistas.

Todas estas operaciones encubiertas como el intercambio de listas en el caso del peronismo, por ejemplo, sucedieron en distintos países como España por "los lazos que tenía la CIA con los fascistas del presidente Francisco Franco, con lo cual se había montado absoluta vigilancia sobre todos los que peregrinaban para ver en Madrid al general Juan Domingo Perón y para obtener información de seguimientos y escuchas alrededor de este.

"La CIA entonces llegó a tener una gran base de datos sobre el peronismo y pudo clasificar con mayor cuidado a los distintos sectores, mucho más de lo que podían hacer los propios peronistas o los servicios argentinos. Por su excelente relación con los servicios de inteligencia de Franco, la CIA recibía la mejor información posible, muy detallada. En México fue algo parecido. México fue una Meca de asilados políticos, incluso hubo estadunidenses, que nosotros vigilamos. Montamos operaciones para penetrar a las colonias de exiliados en México. Llegamos a reclutar a algunos. Recuerdo en 1962 llegó a Quito donde yo estaba, Warren Dean, que había estado en la estación de la CIA en México y me contó que la mejor fuente que habían tenido como información sobre los guatemaltecos en esos momentos era Carlos Manuel Pellicer, quien había sido ex ministro de Trabajo del derrocado presidente Jacobo Arbenz, en Guatemala. Después del derrocamiento de Arbenz se exilió en Checoslovaquia y luego llegó a México, donde se hizo el trabajo de reclutamiento".

Según Agge, Pellicer no era de la CIA cuando estaba con Arbenz y había pertenecido al Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista).

"Como en el caso de otros llegó el momento en que Pellicer, después de dar valiosa información, debía aparecer como alguien que había decidido alejarse del comunismo denunciando su pasado como tal, escribiendo un libro como lo hizo. El comienzo de una cruzada anticomunista en la mayoría de los casos se hizo escribiendo un libro que la CIA pagaba y distribuía por todas partes. Eso sucedió también con Eudocio Ravines".

Esto no ha cambiado y siguen montándose campañas de la misma manera. Le señalo entonces a Agge que de acuerdo con todos estos antecedentes uno puede analizar que sólo la CIA y sus colaterales podían tener una información tan amplia y precisa sobre las izquierdas latinoamericanas, y de la misma manera podríamos pensar que además no sólo se proporcionaba la información a nivel de los países, sino sobre los opositores que vivían en otros lugares.

Es decir, precisamente lo que fue Cóndor.

Philip Agge coincide en que así es la situación. Y por eso sostiene que "siempre hemos estado seguros que la CIA estuvo en la Operación Cóndor. Por todas esas operaciones de vigilancias, escuchas, operaciones de enlace con los servicios de inteligencia tenían listas muy completas y posibilidad de seguimientos y control en todos los países. En distintos países. Así que no fue un gran trabajo unir en un momento todos los servicios para operaciones conjuntas y actuar sobre las izquierdas. Yo creo que Contreras fue el hombre clave de la CIA en la Operación Cóndor y también para lograr una organización de operaciones conjuntas entre varios servicios y así pudieron controlar todo el Cono Sur".

Asimismo establece las razones y objetivos de una operación de contrainsurgencia como lo fue Cóndor, "de extermino y muy selectiva. Tenía varios aspectos, entre ellos, los sicológicos de sembrar terror. Por ejemplo, si alguien podía ver esa mano criminal que iba de un país a otros podía decirse: si pueden matar chilenos en Buenos Aires, en México o Washington, la mano puede alcanzar muy lejos, puede alcanzarme. No hay seguridad para mí en ningún lado. Desde el punto de vista de los izquierdistas que estaban en el exilio era aterrorizante.

Cómo alguien podía sentirse seguro en Buenos Aires después de los secuestros y asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz (mayo de 1976) en Buenos Aires o el general boliviano, ex presidente Juan José Torres (junio de 1976). Esto fue una organización internacional de asesinos de víctimas muy cuidadosamente seleccionadas, un mensaje aterrador".

¿Y quien podía tener más capacidad de unir a todos los servicios de inteligencia para este accionar contrainsurgente?

Es una pregunta cuya respuesta no tiene complejidades. La CIA, con toda esa cantidad de información clasificada, era la más capacitada no sólo para entregar información múltiple a los dictadores sobre las víctimas, sino también de auspiciar y lograr la unidad de esos servicios para actuar y de aportar una "mano de obra" para actuar en todo tipo de atentados y asesinatos, con nutrida experiencia, como eran sus propios hombres de origen hispano, en este caso los cubanoestadunidenses de Miami. Con esto, como señalan otros analistas del tema consultados, se escribe la saga centroamericana del crimen que llega hasta México.