Granma Internacional
TODO indica que Robert Ménard, secretario vitalicio de Reporteros sin Fronteras, podrá observar pronto una nueva subida del balance de sus cuentas bancarias -y tal vez conseguirse un Mercedes de oro como el que le ofreció la firma alemana para sus subastas elitistas en el 2004- al producirse paulatinamente la descongelación de los fondos destinados por el Departamento de Estado a sus mejores servidores.
En el 2004 Reporteros Sin Fronteras recibía este Mercedes "de oro". Si su valor no corresponde al nivel de vida en los países del Sur donde Ménard predica, sí se alinea sobre la sed insaciable del Secretario Vitalicio de RSF para los billetes procedentes de Washington y de Miami.
La demora en el reguero de millones de dólares del contribuyente a la fauna subsidiada de Miami para el 2006, se debe - según lo que circula en la Florida- a que investigadores federales empezaron a darse cuenta del enorme desvío de fondos que constituye la regla de esa guerra sucia. Sin embargo, como muchas cosas en ese país, el clan Bush supo liberar a sus amistades, empezando por Frank Calzón, del Cuba Freedom Center, de los depredadores que volaban por encima de sus bistecs.
La fortuna norteamericana de Ménard -cuya contabilidad, según el Internal Revenue Service, se hace en un bufete de Alexandria, Virginia, a menos de 15 minutos del cuartel general de la CIA- no ha dejado de crecer desde que viajó por primera vez a Miami a negociar el costo de sus servicios.
Según varias informaciones que circulan en Washington, a las asiduas donaciones de Calzón y de Freedom House se han añadido los billetes de otro campeón: Orlando Gutiérrez-Boronat, del Directorio Democrático Cubano, quien con su subsidio de 663 690 dólares del fondo especial asignado por el Departamento de Estado, se ha robado el récord miamense del subsidio orientado, de acuerdo con las cifras oficiales.
En la década del 80, Gutiérrez-Boronat fue miembro de la llamada Organización para la Liberación de Cuba, de Ramón Saúl Sánchez Rizo, anteriormente de Omega 7, que tuvo entre sus más conocidos cómplices a Pedro Crispín Remón, condenado en Panamá junto al cabecilla Luis Posada Carriles. Remón, de acuerdo con el FBI, fue quien asesinó, en plena calle de Nueva York, al diplomático cubano Félix Rodríguez, y participó en el asesinato del emigrado cubano José Luis Negrín, en su casa de Nueva Jersey, ante los ojos de su hijo.
Todo el fan club miamense de Robert Ménard pertenece a esa misma calaña que va del Cuban Liberty Council hasta Alpha 66.
CÓMPLICE DEL GOLPE CONTRA ARISTIDE
A pesar de las inquietudes de varios de sus colaboradores, que empiezan a preguntarse hasta qué punto pueden venderse a cambio del confort que les aseguran los millones de RSF, Ménard sigue ampliando sus ramificaciones desde el trabajo sucio que realizó, unos años atrás al margen del putsch norteamericano contra el presidente haitiano, Jean-Bertrand Aristide.
A solicitud de la pandilla de Caleb McCarry, hoy jefe del Plan Bush contra Cuba pero entonces fuertemente involucrado en el golpe haitiano, Ménard desencadenó una campaña sucia -con la complicidad de sus parientes de la llamada Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)- acusando falsamente al gobierno haitiano de haber provocado el asesinato del periodista Jean Dominique.
Sin embargo, como lo documentó el investigador norteamericano Jeb Sprague, RSF se abstuvo de condenar, luego de la ocupación arreglada por Washington, la ejecución del periodista Abdias Jean, de la prensa comunitaria, el asesinato de la tía de Jeremy Duplan, el conocido reportero de Radio Ti Moun, así como el encarcelamiento por la junta al poder de periodistas tan conocidos como Kevin Pina, de Pacífica Radio, y Jean Ristil.
McCarry tenía argumentos para garantizar a sus socios del International Republican Institute las cualidades particulares de este mercenario francés que ya había demostrado su servilismo en el dossier cubano. No titubearon en inscribirlo en su lista de apadrinados: pronto se sabrá hasta cuánto se elevó y sigue elevándose la generosidad de estos amigos de Bush que catapultaron a Ménard por encima de todos los otros sobrinos europeos del Tìo Sam.
Entretanto, Caleb McCarry conserva con cuidado el teléfono de su amigo Robert.
El Secretario vitalicio de Reporteros sin Fronteras acaba de aprovechar, una vez más, la Jornada Internacional de la Libertad de Prensa para remachar su habitual discurso anticubano, gracias a su red de desinformación, donde El Nuevo Herald de Miami ocupa un lugar prominente.
Sin embargo, el protegido de los servicios norteamericanos de inteligencia - cuya reputación inventada está ahora discutida en las salas de redacción parisinas- se olvidó cómodamente de los múltiples atentados a la libre expresión que ocurren en los medios de comunicación que lo inciensan, no sin interés.
Una de las violaciones más grotescas olvidadas por RSF es, por cierto, la brusca eliminación de los escritores Ignacio Ramonet y Ramón Chao de los espacios de opinión que sostenían en el diario español La Voz de Galicia. Sin la menor explicación por parte de la dirección del rotativo.
Por suerte, en ausencia del autodesignado defensor de la libertad de prensa, la agrupación internacional de intelectuales "En Defensa de la Humanidad" ha señalado en un mensaje al periódico cómo "luego de forzar la renuncia de su director" se habían silenciado "las voces que cada semana brindaban una opinión disidente frente a la avalancha del pensamiento único".
Calificando la decisión de La Voz de Galicia de golpe contra "el periodismo realmente independiente en todo el mundo", la carta colectiva denunció "a quienes se empeñan en secuestrar la verdad y utilizar los medios de comunicación como un instrumento de dominación y engaño".
La descripción parece hecha a medida para Ménard y su clan.
LA ESCANDALOSA EXPULSIÓN DE JIM DeFEDE
Tampoco el dueño de RSF menciona, en lo que califica de informe anual de su millonario grupo, la escandalosa expulsión de las páginas del Miami Herald del más popular de sus columnistas, Jim DeFede.
El día 10 de julio del 2005, DeFede publicaba en este diario, bajo el título "Terrorismo es Terrorismo, ya sea en Londres o en Cuba", un artículo en el cual se interrogaba sobre el real significado de comentarios hechos por Ileana Ros-Lehtinen condenando el terrorismo, cuando esa misma congresista republicana defendió repetidamente a Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, acusados de volar un avión civil cubano en 1976.
Dos semanas después, el 27 de julio, DeFede grabó una conversación con el ex comisionado de Miami, Arthur E. Teele, acusado y juzgado por corrupción y en espera de un segundo juicio, quien se apareció repentinamente en el lobby del Herald, visiblemente desesperado. Luego de una breve conversación telefónica con DeFede, a quien expresó toda su molestia acerca de un artículo publicado en el semanario Miami New-Times, Teele sacó una pistola y se suicidió.
Horas después del incidente, la dirección del Miami Herald despidió a un DeFede asustado. El pretexto: la difusión de conversaciones grabadas sin consentimiento está sancionada en el estado de Florida.
Más de 500 periodistas no fueron tan ingenuos para ser víctimas de la maniobra y se solidarizaron con DeFede en una carta redactada por Peter Wallsten, del Los Angeles Times, y Charlie Savage, del Boston Globe.
El Herald se ha negado a restituir a DeFede a su puesto de trabajo. Y RSF se negó ostensiblemente a denunciar esta injusticia, la más flagrante ocurrida este año en la prensa norteamericana.
Entretanto, Carlos Alberto Montaner, condenado por terrorismo en La Habana en 1960 cuando se dedicaba a poner bombas en las grandes tiendas, sigue publicando sus comentarios lacrimosos en este mismo rotativo.
¿Y QUÉ PASA CON SAMI AL HAJ, SECUESTRADO EN GUANTÁNAMO?
Por otra parte, Ménard sigue despreciando totalmente el caso del camarógrafo sudanés de Al-Jazeera, Sami Al-Haj, secuestrado en el 2001 por la CIA, en Afganistán, encarcelado desde entonces en Guantánamo y "desaparecido" por RSF, que no le hizo caso hasta hace poco cuando se denunció la actitud escandalosamente orientada de esa organización.
RSF denunció entonces, en el 2006, un arresto ocurrido en el 2001 cuando la Federación Internacional de Periodistas, que nada tiene que ver con la SIP, lo había hecho ya en el 2003 en el momento del secuestro de Tayssir Alouni, otro periodista de Al-Jazeera cuya desaparición no conmovió al diminutivo jefe del grupo parisino.
Acerca de la cruel suerte de Sami Al-Haj y del tímido llamamiento de RSF para su liberación, el investigador francés Maxime Vivas comenta: "La verdad es que uno no puede pedir el favor de hacer un gesto humanitario a un país que secuestra periodistas a miles de kilómetros de su territorio".
Se supone que la renuncia, en los últimos días de enero de María Dolores Masana, así como de una vicepresidenta y seis miembros del buró de dirección de la rama española de RSF, está en algo vinculada a las amistades peculiares de Ménard, quien en ese país tuvo la desgracia de pegarse al Partido Popular de Rajoy y Moragas, herederos del franquismo, en el debate sobre el estatuto de Cataluña.
Fue así como en el 2004, Reporteros Sin Fronteras recibía de la Mercedes un carro Clase A de esa marca cubierto con 3 000 hojas de oro de 24 quilates por especialistas en restauración y luego barnizado para resistir a la intemperie.
El carro de un valor escandaloso -el solo costo del oro alcanzaba 20 000 euros- es, por cierto, ajeno a la situación de periodistas como Sami Al-Haj, sometido durante ya cinco años a la furia de los torturadores de la CIA y a la miseria que subsiste en el Tercer mundo donde Ménard se dedica a dar lecciones.
Pero sí corresponde a la sed insaciable de este sulfuroso personaje para el dinero, en particular el que circula en grandes cantidades desde los Jardines de la Casa Blanca hasta la Calle 8 de Miami, a través de la red de funcionarios poco escrupulosos de la USAID y de la NED.