¿El corazón tiene raza?

Lo publicó la BBC, con bombo y platillos, a mediados de 2005: la Dirección de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó un fármaco para tratar enfermedades cardíacas en negros.
"Es la primera vez que las autoridades estadounidenses dan luz verde a un medicamento destinado a un grupo racial específico y fue aprobado luego de que se comprobara su eficacia en el 43% de personas de esa raza con riesgos de morir por enfermedades del corazón", decía textualmente el cable.
No pocos se comieron el millo tras la noticia, que, por  supuesto, replicaron otros "grandes" -EFE, Reuters y compañía- durante los meses siguientes.
Con la aprobación del medicamento se da un paso importante en la "promesa de dar medicina personalizada", se apresuró a declarar la FDA.
Un párrafo, colado como de casualidad en algunas de las noticias, advertía, sin embargo, que algunos médicos mostraron su rechazo al medicamento, asegurando que no hay ningún tipo de razón biológica para que una droga funcione en un grupo étnico y en otro no. Elemental ¿no? 
The New York Times se coló en la escasa polémica sobre el tema y puso otro dato. "Los genetistas temen que, al aprobar una droga para un grupo determinado, la FDA esté utilizando la raza como un atajo para la categorización genética."

Sin embargo, varios grupos científicos y políticos influyentes se agarraron del flamante medicamento llamado BiDil, como una manera de compensar años de desigualdad en el tratamiento médico. O sea, enarbolándolo como prueba de que en el Imperio si se ocupan de todo el mundo.
Katrina les tiró la pírrica victoria por la borda. En un desastre calificado como el peor de la historia estadounidense, los más afectados fueron -precisamente- los pobres y los negros. ¿Entonces, se ocupan o no se ocupan?
Como muestra, solo un dato: se estima que dos tercios de la población de casi medio millón de habitantes de Nueva Orleáns, la localidad más golpeada por el meteoro, es de raza negra.
Por si no bastara, el Washington Post reportó que al hacer cálculos con base en datos del Censo nacional, unos 150 mil de los desalojados por la tormenta vivían bajo la línea de pobreza oficial, y más de 50 mil de ellos ya superaban la edad de jubilación.
Ahora termina el año y -al menos en la llamada gran prensa- no se ha vuelto a hablar del BiDil. No es de extrañar. Habría que decir que en el Imperio, el corazón tiene raza. Pero los desastres también.