Víctimas del mismo odio

DISCURSO DE RANDY ALONSO FALCÓN EN LA TRIBUNA ABIERTA DE LA REVOLUCIÓN CONTRA LOS CRIMENES DEL IMPERIO
Teatro Karl Marx

6 de octubre del 2005

Querido Comandante en Jefe:
Hermanos puertorriqueños:
Compatriotas:

Sobre la voracidad y la prepotencia, la sangre y la venganza se ha construido la historia del más peligroso de los imperios. Lo que una vez fue gloriosa gesta de independencia frente a la metrópoli inglesa, se transmutó a fuerza de cabezas indias acuchilladas, negros humillados, tierras mexicanas sangrientamente arrebatadas y guerras de conquista alrededor del mundo, en la despiadada y destructora potencia de nuestros días.

Nos convocan hoy acontecimientos aflorados de esa historia de odio y crimen que desde el poderío norteamericano, desdeñando sentimiento y grandeza del pueblo de esa nación, se ha escrito sobre los cadáveres de cientos de miles de seres humanos y sobre el orgullo y la independencia de decenas de naciones del planeta.

Puerto Rico y Cuba, entrelazados en las Antillas por la gesta de independencia que a decir de Martí propiciaría el equilibrio del mundo y salvaría la dignidad de la propia nación norteamericana, conocen muy bien lo que el rencor y la mezquindad de la clase gobernante estadounidense es capaz.

Frustradas sus independencias de España por la intervención norteamericana, sojuzgada Cuba por medio siglo y Puerto Rico aún durante más de un siglo, nuestras naciones han experimentado todo el terror de la maquinaria asesina del imperio: Cerro Maravillas y Barbados, Vieques y Guantánamo, Carlos Muñiz Varela y Filiberto Ojeda unen en la historia y en la afrenta a nuestras tierras. Como nos recitó Lola Rodríguez de Tió "Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas. Reciben flores y balas sobre el mismo corazón."

El alevoso asesinato el pasado 23 de septiembre del recio combatiente independentista puertorriqueño Filiberto Ojeda Rios estremece aún nuestras conciencias y ofende nuestro sentido de Humanidad y justicia.

Clandestino y heroico, tras años de burlar el cerco implacable de los ocupantes de su Patria, Filiberto encontró la muerte que le deparaba su propia vida: De pie y combatiendo por la independencia de Puerto Rico. Pero su destino inexorable de luchador inclaudicable sobrevino con la vileza y el ensañamiento de los asesinos uniformados del Buró Federal de Investigaciones y el terrorismo brutal de quienes gobiernan hoy en la Casa Blanca.

Nunca hubo el propósito de arrestarlo. Los agentes federales iban con órdenes precisas de matar. ¿No se había arrogado acaso el Presidente Bush el derecho sumario de ejecución extrajudicial? ¿No había proclamado secretamente la validez del asesinato político como parte de su farisaica campaña contra el terror?

Ni una ofensa faltó a la dignidad de los puertorriqueños. El operativo se ejecutó en la señalada fecha del Grito independentista de Lares. Amparados en el estatus colonial de la isla, los federales ni se molestaron en avisar a las autoridades sobre el hecho; a los medios de comunicación, la policía y los médicos se le prohibió el acceso durante 27 horas.

Recién acaba de conocerse un informe forense que precisa que Filiberto fue baleado a pocos pies de distancia y que sus ejecutores lo dejaron desangrarse antes sus ojos sin permitir la asistencia que le hubiera salvado la vida.

Su asesinato es un acto de terror del Gobierno norteamericano. Un intento de amedrentar y reprimir la lucha por la independencia de Puerto Rico. Una advertencia a todos los que osamos desafiar la fuerza del Imperio.

Por su edad, Ojeda, hombre de audaces acciones, ya no era un peligro físico par el Imperio, pero sus ideas eran muy poderosas. Sus asesinos quisieron matar al hombre y le dieron vida a un símbolo. Sus sueños infinitos de revolucionario y su llamado de unidad y lucha se multiplican hoy en el enardecido pueblo que salio a las calles a rendirle tributo.

Desde hoy, Filiberto nos acompaña en la Tribuna Antiimperialista junto a los próceres de nuestra América, como homenaje del pueblo al que quiso como hermano y al que acompaño siempre desde las colectas por el Movimiento 26 de Julio.

Su trompeta seguirá tocando el canto emancipador de los grandes. Resonará el verso valiente de Mikie Rivera: "Los que se atrevieron a ponerle un precio/ a tus manos, a tu corazón/ no saben de historia/ no saben de sueños/ te quiero vivo y no muerto/ Hermano Filiberto".

Horrible como el asesinato del líder boricua y herida profundamente honda en la sensibilidad de la nación cubana fue el vil sabotaje al avión de cubana aquel 6 de octubre de 1976 sobre las aguas de Barbados, criminales manos despedazaron con explosivos los sueños juveniles de talentosos esgrimistas cubanos de estudiantes guyaneses que venían a Cuba a hacerse médicos para salvar la vida de los suyos y de otros ciudadanos del mundo que desaparecieron en aquella acción terrorista.

Fueron víctimas del mismo odio que asesinó a Filiberto. El FBI y la CIA conocían desde tres meses antes que aquella vil acción contra un avión cubano sería ejecutada. Los autores materiales del crimen acudieron presurosos tras la barbarie a buscar el amparo de un oficial del FBI. Los cerebros macabros del atentado tenían estrechas vinculaciones con los Servicios Especiales Norteamericanos y hoy gozan de la impunidad que les garantiza el amparo de las autoridades de los EE.UU. El propio Buró Federal de Investigaciones escoltó a Luis Posada Carriles hasta Honduras tras su bochornoso indulto en Panamá.

Mientras se asesinaba a Filiberto en Puerto Rico intentando satanizarlo como peligroso terrorista, se ejecutaba la farsa en El Paso para proteger al monstruoso autor del crimen de Barbados y se prolongaba el ilegal secuestro en cárceles norteamericanas de Cinco Heroicos luchadores cubanos contra el Terrorismo.

Toda la falacia y la hipocresía de la política Imperial se reunieron en pocos días para aleccionar al mundo sobre la inmoralidad y el desprecio a la humanidad de quienes pretenden erigirse en dueños del Mundo, despedazan el frágil orden internacional, agraden y saquean pueblos, torturan sin resquemores y abandonan a su suerte a sus propios ciudadanos.

El emperador Bush proclamo hace dos años que muchos adversarioss de su Gobierno habían dejado de ser un problema. Más Filiberto Ojeda y los jóvenes caídos en Barbados, lejos de caer en el olvido son y serán un desafío redoblado para el Imperio, porque como los que ellos cayeron, no se acuestan, se levantan y yerguen con poderosa fuerza.

Ante ellos y ante sus pueblos, ¡la injusticia tiembla!

Compatriotas:

Como dice una de las telas que preside nuestro acto: Todos somos Filiberto. Todos somos Nancy, Felo, Mckenzie, Permuy y cada uno de los Mártires de Barbados. Todos somos victimas posibles de la ira y la irracionalidad del Imperio. Todos somos de esa raza humana que no admite amos ni dictados. Todos somos una poderosa voz que no puede ser apagada.

¡Seguiremos defendiendo el derecho de Puerto Rico a su independencia! ¡Seguiremos exigiendo justicia contra los asesinos de Barbados! ¡Seguiremos luchando sin descanso hasta que nuestros héroes vuelvan dignos y libres a la Patria!

Nada, ni el más poderoso Imperio podrá detener la avalancha de los pueblos. Sus héroes son savia y caudal para el combate. Las ideas -como nos ha dicho Fidel- siguen siendo más poderosas que las armas.

¡Abajo el crimen y el terrorismo!
¡Viva la justicia y los pueblos!
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!