Bolton: enemigo de ONU, para la ONU

"Por mí si la ONU pierde 10 pisos no hay gran diferencia".

La frase es de John Bolton, nominado por el presidente George W. Bush como nuevo embajador ante las Naciones Unidas, otra demostración del desprecio de la Casa Blanca por el organismo mundial.

"El presidente y yo le hemos pedido a John que haga este trabajo porque sabe cómo hacer las cosas''. Ahora la que habla es Condoleezza Rice, la secretaria de Estado norteamericana.

No hay que ser muy lúcido para adelantar la agenda del elegido en el concierto de Naciones Unidas, organización mundial que ha estado en el centro de sus críticas.

Claro que su misión será tratar de imponer la agenda de la administración republicana, empeñada en minimizar el papel de la ONU y convertirla en seguidora de cada aventura bélica y expansionista de Washington.

La nominación no resulta nada nuevo, sigue a otro John, Negroponte, que salió catapultado del mismo escaño para ser nombrado embajador-pro cónsul en Bagdad, antes de ser elegido como el zar del espionaje de Estados Unidos.

Quizás este último aventaje en "currículum vital" a su sucesor, sobre todo en seguir al pie de la letra los dictados de la Casa Blanca, en particular en sus tiempos de embajador en Tegucigalpa, cuando se asesinaba a mansalva con la guerra sucia impuesta en América Central.

Pero ambos son considerados exponentes de la línea dura, y coinciden en apoyar la guerra unilateral, una vez contra Nicaragua, por ejemplo, y ahora contra Iraq, que los dos defendieron a capa y espada.

Si algo podría reconocérsele al mandatario estadounidense es su obcecada obstinación por mantener una política que le separa cada vez más de buena parte de los pueblos del planeta.

Así sólo puede explicarse la nominación de Bolton, que fue recibida con expresiones que van desde la sorpresa y la gélida y diplomática acogida hasta el rechazo, como ocurre entre las filas del Partido Demócrata.

El ex candidato presidencial John Kerry apuntaba al respecto que si el elegido por Bush fuera confirmado en el cargo Estados Unidos se separaría todavía más de la comunidad internacional.

Salvó la honrilla el canciller de Tel Aviv, Silvan Salón, quien de visita en la sede de las Naciones Unidas no escondió el jolgorio por la noticia. "Bolton conoce bien a Israel", comentó.

Pero en el mismo edificio de Nueva York se recuerda la notoria actitud de rechazo del "otro" John, con altaneros y corrosivos ataques a la  organización internacional desde su puesto como subsecretario de Estado.

Para los cubanos, entretanto, no resulta un enemigo desconocido.

Le recordamos como el impulsor de una campaña contra los avances científicos de la isla en materia de salud, que enmascaró en aquella falacia sobre las supuestas capacidades de Cuba para fabricar, e incluso exportar, armas de exterminio.

Aquello motivo otra vez el ridículo de las autoridades estadounidenses, confrontadas con altos exponentes de la comunidad científica de su país, que tuvo las puertas abiertas a importantes centros de investigación y producción cubanos de vacunas, entre otros.

Entonces el futuro embajador ante la ONU se ocupaba del control de armas y seguridad internacional de la actual administración republicana. En ese despacho representó las cruzadas de Washington contra países en desarrollo, a los que amenazó con agredir, pesar de representar a la mayor potencia nuclear y bélica de la Tierra.

Bolton resulta destinado a continuar implementado, ahora desde la ONU, la denominada Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación (PSI) de Armas de Exterminio, que favorece el uso unilateral de la fuerza contra terceros países.

En virtud del PSI, promovido por Estados Unidos, algunas potencias podrían inspeccionar a su antojo buques y aeronaves, contraviniendo convenciones internacionales vigentes, lo cual adelanta futuros
conflictos.

Bolton promete ser un fiel sucesor de Negroponte, quizás con la mente puesta en seguirle los pasos como pro cónsul en el próximo país invadido por Washington, a tenor de la doctrina de guerra preventiva que defenderá en las propias Naciones Unidas.