¡Desvergonzados!

El gobierno norteamericano dicta normas de conducta, recompensas y sanciones para todas las naciones y contra la nación cubana arma toda clase de acusaciones, inclusive las más fantasiosas, en esa estrategia política de justificar su criminal agresión.

Así, en una semana, nos ha incluido en dos de sus listas negras: su informe sobre derechos humanos y en otro mentiroso documento sobre el tráfico de drogas.

El Departamento de Estado dijo el viernes que "las costas y el espacio aéreo de Cuba siguen siendo una ruta atractiva para el tráfico de drogas en el Caribe". Y en su informe anual señala con una desaforada mala intención que el rechazo del gobierno cubano a poner en marcha una política para el uso afectivo de las fuerza "sigue proporcionando un corredor en las aguas territoriales y el espacio aéreo cubano para los traficantes procedentes de Suramérica y el Caribe".

Con absoluto desprecio a la verdad, dicen que las autoridades cubanas siguen optando por "financiar a otras fuerzas de seguridad, en particular la policía política de Cuba, en lugar de proveer de fondos adecuados a la deteriorada flota de patrulleras de fronteras o aviones de control del espacio aéreo".

Lo más cínico es que reconocen que el tráfico de estupefacientes en la isla disminuyó sensiblemente en el año pasado, pero que esa reducción se debió "sobre todo al incremento de la presencia de las agencias policiales de Estados Unidos" en el Paso de los vientos, que separa el este de Cuba y el noroeste de Haití.

Es una desvergüenza que el Gobierno de Estados Unidos manipule la realidad de lo que ha venido ocurriendo. Es Cuba la que ha estado permanentemente abierta a cooperar con las autoridades norteamericanas en el combate al narcotráfico a pesar de que ese país ha ignorado su petición de firmar un protocolo bilateral para actuar en conjunto.

Hay que preguntar otra vez: Si en Estados Unidos la lucha contra la droga se ha convertido en un problema de seguridad nacional y se dice que la zona del Caribe aledaña a Cuba es propicia al narcotráfico, ¿por qué el gobierno norteamericano toma decisiones políticas hacia la isla en contradicción con los intereses de sus agencias especiales como la DEA, el Departamento de Aduanas o la vigilancia costera, que no podrían negar las ventajas que les reportaría una colaboración con Cuba en este terreno?

En su obcecada política contra Cuba ha desoído las recomendaciones de sus principales expertos, como el general Barry McCaffrey, ex director de la Oficina de Política Antidroga de la Casa Blanca, quien reiteró en varias oportunidades que Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos y señaló de manera pública que la política gubernamental en el combate a la droga era errónea con respecto a la isla y que se necesitaba involucrar a los cubanos.

Y fue tan categórica su afirmación, que voceros de la mafia anticubana de Miami, y más particularmente el congresista Lincoln Díaz-Balart, reaccionaron furibundos y llegaron a acusar al general norteamericano de "comunista".

Para Cuba la lucha contra la droga es un problema de seguridad nacional, pero también es un problema moral.

Expertos internacionales estiman que 300 o más toneladas métricas de cocaína entran en Estados Unidos cada año (una tonelada métrica de cocaína vale 100 millones de dólares), mientras que se calcula, por ejemplo, que más de 10 000 toneladas métricas de marihuana se producen en el propio territorio de la Unión (hace un tiempo un reportaje de la cadena de televisión ABC dijo que muchos norteamericanos la cultivaban en habitaciones, sótanos o guardarropas de sus viviendas) y más de 5,000 toneladas métricas de marihuana cultivada y cosechada en México y Canadá se venden a más de 20 millones de consumidores estadounidenses.

El Gobierno Revolucionario ha actuado con absoluta transparencia y sostiene una férrea voluntad política en el combate contra este flagelo; Cuba no anda con contemplaciones en la decisión de no permitir el uso del territorio nacional para actividades de narcotráfico ni servir de refugio a responsables de tales acciones.

Eso lo prueba la especial importancia que le concede a la colaboración con organismos internacionales y con países que sufren el impacto del narcotráfico. Más de la mitad de los 33 convenios de cooperación suscritos con ese objetivo están en la órbita de América Latina y El Caribe, al igual que la intensa relación de trabajo que sostiene con los servicios especializados de otros países. Hace unos días culminó un curso internacional de lucha contra las drogas, en el que participaron activamente los gobiernos de Francia y Gran Bretaña.

La experiencia cubana se ha fortalecido a partir de la realización de investigaciones conjuntas contra miembros de organizaciones criminales y narcotraficantes, el intercambio de información y la profundización de los vínculos con la Secretaría General de la INT

ERPOL y sus oficinas centrales nacionales.

Un principio básico de todo el accionar de las autoridades cubanas ha sido mantener informado sistemáticamente al servicio de Guardacostas de Estados Unidos sobre medios sospechosos avistados por nuestros efectivos, lo que ha permitido frustrar operaciones de narcotráfico internacional, detener narcotraficantes e incautar grandes volúmenes de drogas

La eficacia de todo el trabajo de enfrentamiento y vigilancia, las sistemáticas acciones, las severas sanciones impuestas a narcotraficantes internacionales y traficantes internos y una mayor concertación en los esfuerzos gubernamentales, ha permitido lograr una significativa reducción de las actividades de narcotráfico en las proximidades del país.

Esas operaciones permitieron que, con respecto a 1996, se lograra en el 2004 la cifra menor de avistamientos sospechosos, con 16 aeronaves y 15 embarcaciones, mientras que los recalos de drogas por las costas disminuyeron casi siete veces de un año para otro, 50 en el 2004, contra 330 en el 2003. De igual manera, se frustraron nueve operaciones de contrabando en aeropuertos internacionales y la detección de unos 220 casos de tenencia de pequeñas dosis de drogas para el consumo.

Como anunciaron recientemente las autoridades, se esta instalando en el puerto de La Habana un equipo de rayos X para contenedores, mientras se aumenta el control de la frontera con la adquisición para el Aeropuerto José Martí un equipo de alta sensibilidad para la detección de drogas y explosivos, y se realizan gestiones para disponer en breve de fluoroscopio (detectores de droga ingerida) en los principales aeropuertos del país.

Nada hacemos para ser "certificados" por Estados Unidos, mucho menos ante consideraciones tan abominables. Son ellos los que no hacen todo lo que se debe hacer en la búsqueda de soluciones reales para suprimir la drogadicción.