De patas cortas

  Juan Gelman  

Pagina12/WEB, Buenos Aires-Argentina, 23 Mayo 2004

Es cierto que George W. Bush no es Esquilo, que Donald Rumsfeld no es Sófocles y que Paul Wolfowitz no es Eurípides. Pero al menos podrían intentar la confección de mitos que duraran más de un año. Una encuesta reciente de Gallup demuele por completo ciertas ficciones fabulosas que los ³halcones-gallina² de Washington no se cansan de repetir. Un ejemplo: los ataques a las tropas ocupantes de Irak son obra de grupúsculos de baasistas con nostalgia y de otros terroristas, y la mayoría silenciosa iraquí los repudia. La encuesta indica que un 22 por ciento de los iraquíes interrogados apoya parcialmente las acciones de la resistencia y un 29 por ciento las aprueba plenamente. Otro ejemplo: Bush hijo insiste, a falta de armas de destrucción masiva, en que el objetivo de la invasión era llevar la democracia a Irak y que sus tropas no ocuparon el país, lo liberaron. Es una afirmación que los iraquíes no comparten: el 81 por ciento no está de acuerdo con lo último; en las regiones sunnitas y chiítas, la proporción es de 90 y 93 respectivamente.

¿Qué ocurre con la aseveración de la Casa Blanca de que los iraquíes prefieren que el invasor permanezca un largo período con ellos? El 57 por ciento se pronunció por su retirara ³inmediata²; un 61 en las zonas chiítas y el 65 en las zonas sunnitas. En Bagdad un abrumador 75 por ciento pidió que los ocupantes se vayan ya. En octubre pasado, el 80 por ciento quería que se quedaran. Y una encuesta que la semana próxima dará a conocer el Centro de Investigaciones y Estudios Estratégicos iraquí ­un organismo confiable para la Autoridad Provisional de Coalición (APC), que rinde cuentas al Pentágono­ revela que la posición del chiíta Muqtada al Sadr, quien sigue combatiendo contra los efectivos yanquis en las ciudades santas de Najaf y Karbala, gana consenso: un 32 por ciento de los interrogados manifestó que apoya totalmente al joven clérigo y otro 36 también, aunque con restricciones. Estas dos encuestas se llevaron a cabo antes de que se difundieran las fotos de Abu

Ghraib y sus resultados evidencian que la mayoría silenciosa iraquí ve a los ocupantes como lo que son, ocupantes, y demanda su partida. La credibilidad de EE.UU. ha caído en picada ante los ojos iraquíes. Y del mundo.

Hace unos días, el presidente Bush analizó con su gabinete y con el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, los planes preparados para que el 30 de junio próximo se realice ³el pleno traspaso de la soberanía² ­así dijo W.­ de Irak a otro gobierno interino iraquí que convocaría a elecciones generales el año que viene (Reuters, 19-5-04). Ese proclamado ³traspaso de soberanía² no llega a la condición de mito, se queda apenas en mentira. El Financial Times del lunes 17 puntualiza en qué consistirá: el virrey Paul Bremer y su entorno ³están creando con sigilo instituciones que darán a EE.UU. poderosas palancas para influir en casi todas las decisiones importantes que el gobierno interino adoptará².

En primer término, las tropas. Nadie sabe cuándo se retirarán los ocupantes; en Washington se habla de aumentar su número y algunos predicen que permanecerán en Irak varios años todavía. El nuevo gobierno interino iraquí no controlará sus propias fuerzas armadas y de seguridad cuando finalmente existan. En marzo, Bremer emitió un edicto que concede al Ministerio de Defensa iraquí la facultad de dirigirlas, pero una cláusula ³de emergencia² establece en un solo párrafo que ³el control operativo² de todos los efectivos iraquíes será de los comandantes norteamericanos en el terreno. Las autoridades interinas no podrán ordenar que esas fuerzas entren en combate, una facultad otorgada en exclusiva a los mandos de la coalición. De manera que el ministro de Defensa iraquí se limitará al ³control administrativo² de sus propios militares.