Contra viento y marea

La necesidad de una nueva conferencia entre los emigrados y el gobierno y las instituciones  cubanas fue planteada por los propios emigrados en una reunión que se celebró entre ellos y el Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, en la ciudad de Nueva York en septiembre del año 2000.

Esta III Conferencia  había estado convocada a tener lugar en La Habana el año pasado, en abril del 2003.  Pero un número de hechos que ocurrieron durante ese tiempo en la Isla y la compleja situación resultante de ellos llevó al gobierno cubano a postergar la celebración de la conferencia.  Aunque en aquella oportunidad el gobierno cubano reiteró su voluntad de continuar profundizando las relaciones con la emigración.  Y así se ha venido haciendo.

El proceso que actualmente nutre el desarrollo y fortalecimiento de la creciente comunidad de intereses entre la emigración y la nación tiene sus inicios hace veintiséis años, en 1977. 

La radicalización del proceso revolucionario a partir de 1959, la decisión de cientos de miles de personas opuestas a la Revolución a abandonar el país y radicarse en Estados Unidos, y a partir de entonces, el comienzo de la política de agresión y subversión contra Cuba por parte de los gobiernos de Estados Unidos, unida a la utilización de aquellos exilados en sus campañas anticubanas, determinaría una fase de rompimiento de las relaciones familiares e institucionales entre la sociedad cubana y aquellos de nosotros que decidimos salir al extranjero.

El primer paso tomado por el gobierno cubano en dar fin a esa penosa etapa fue la invitación extendida a un número de cincuenta y cinco jóvenes cubanos radicados en Estados Unidos que regresaron a la Patria en diciembre de 1977 conformando el Primer Contingente de la Brigada Antonio Maceo.  Suceso que evidenció que existían las condiciones para poder dar satisfacción a las necesidades de los cubanos todos, en la Isla y en el extranjero, de reunificarse con sus familiares.

Le sigue en este vital proceso humano las reuniones que tuvieron lugar en La Habana entre más de cien cubanos residentes en Estados Unidos, Puerto Rico y México y el gobierno cubano.  Esas dos reuniones en noviembre y diciembre de 1978, conocidas por el nombre del ¨´Diálogo del 78¨ , produjeron, entre otros logros, el inicio, por primera vez desde los años 60, de los viajes a Cuba por emigrados cubanos.    Cien mil de nosotros viajamos a Cuba  para reunificarnos con los nuestros y con nuestras raíces en el curso del año 1979.

El empeoramiento de las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, debido al agravamiento de la política de agresión permanente norteamericana contra Cuba durante la Administración Reagan , y las consecuencias en nuestras comunidades emigradas en Estados Unidos de la campaña terrorista desatada por las organizaciones  de la extrema derecha cubana radicadas en Estados Unidos que se oponen a este noble empeño, hicieron imposible  un desarrollo de las relaciones entre la emigración y la sociedad cubana durante los años 80 y comienzo de los 90.

Finalmente, después de tantos años oscuros, se celebró en La Habana, en abril de 1994, la I Conferencia ¨La Nación y la Emigración¨ con la participación de 221 cubanos emigrados residentes en treinta países y decenas de altos funcionarios cubanos representantes del Gobierno, el Partido y de otras importantes instituciones nacionales culturales, académicas y sociales.

Ese encuentro, fundamental en el accidentado desarrollo de los vínculos entre la emigración y la sociedad cubana, no surgió de la nada, ni fue producto de decisiones arbitrarias o irreflexivas.  Sino fue el resultado natural, como es todo este proceso, de las necesidades más humanas de la familia cubana dentro y fuera de la Isla.  Como también ha sido producto de las esfuerzos de sectores de la emigración que han venido luchando, contra viento y marea, en los Estados Unidos y en otros países, por establecer, mantener y ahondar estas relaciones entre la emigración y el resto de nuestro pueblo.

Indiscutiblemente también en esto ha sido determinante la voluntad del gobierno cubano de desarrollar estos vínculos a pesar de factores que se mantienen  comprometidos en crear un abismo entre los emigrados y la sociedad cubana, porque éste entiende que las relaciones entre la nación y su emigración como manifestó la Convocatoria a la I Conferencia ¨La Nación y la Emigración¨ ¨¨son cuestiones que el país aborda soberanamente, sin condicionamientos ni injerencia extrajera.¨¨

La II Conferencia ¨La Nación y la Emigración¨ tuvo lugar en La Habana en noviembre de 1995, aquella vez con la participación de 332 cubanos invitados que residían en 34 países extranjeros.

Después se celebró otra importante conferencia entre la emigración y el gobierno e instituciones cubanas, ¨Cubanos contra la Ley Helms-Burton¨, que tuvo lugar en La Habana en enero de 1997.

Muchos han sido los logros alcanzados durante estos últimos diez años en el desarrollo de esa comunidad de intereses que hoy satisfacen las necesidades fundamentales en la relación con los nuestros y con el resto de la sociedad cubana que como emigrados tenemos.

Quizás el más considerable, porque es esencial, es la superación de la suspicacia  sobre estas cuestiones que era común hace unos años en Cuba y en la emigración.  La naturaleza de la emigración es muy diferente desde el año 80 al presente, muy diferentes las razones de emigrar a las razones que motivaron a salir al extranjero a los cubanos que lo hicieron en los años 60 y 70.  La emigración ha demostrado prudencia y mesura, y debe continuar haciéndolo, para poder avanzar de manera precavida pero firme en este proceso de mutuo entendimiento y reconciliación.

En el año 2003 se realizaron más de 165,000 viajes a la Isla por cubanos residentes en el extranjero.  Casi el 90% esos viajes fueron hechos  por personas que viajaron a la Isla una vez en el año.  Hoy es creciente la presencia de emigrados en múltiples aspectos de la vida social del país.

En todos estos asuntos ha sido esencial la función ejercida por la Dirección de Asuntos Consulares y de Cubanos Residentes en el Exterior (DACCRE) del Ministerio de Relaciones Exteriores, organismo responsabilizado de esta loable tarea.

Como ejemplo principal de lo que se ha venido logrando a pesar de todas las condiciones adversas, es el anuncio hecho por el Canciller cubano en reunión efectuada en la ciudad de Nueva York en septiembre del 2003 con la asistencia de más de 200 cubanos residentes en Estados Unidos, que a partir del presente año los cubanos residentes en el extranjero, con ciertas excepciones, para viajar a la Isla, sólo requerirán de un pasaporte cubano habilitado.

Tenemos muchos asuntos pendientes a resolver y a mejorar.  Entre estos los concernientes a cuestiones aduanales, el incremento de las posibilidades de colaboración entre los emigrados con instituciones nacionales de carácter cultural, académico y sociales entre otras.  Hay muchos propósitos y anhelos por plantear y discutir.  Por todo eso y más la necesidad de esta conferencia.

Recientemente la Administración Bush ha decidido un conjunto de nuevas medidas en contra de la independencia y de las libertades fundamentales del pueblo cubano y en contra del derecho de los emigrados cubanos residentes en Estados Unidos de poder viajar a Cuba a visitar a sus familias.

Estas medidas son parte de un peligroso y provocador recrudecimiento de la política de agresión y subversión de esta Administración en contra de Cuba.  Como también son violatorias, en lo concerniente al derecho de los emigrados cubanos a viajar a la Isla a visitar a los suyos, de preceptos constitucionales estadounidenses  y de fundamentales derechos humanos.  Confiamos, que entre los muchos importantes asuntos a discutir se trate cómo responder a estas vejaminosas medidas.

Esta III Conferencia servirá para acortar diferencias, para establecer vínculos más efectivos,  para conocer la realidad nacional mejor, para conocernos mejor, y para unirnos a todos en defensa de los valores nacionales fundamentales.