Irak: Rebelión en las calles

  Randy Alonso Falcón  

Irak es un lodazal para el gobierno norteamericano. Chiítas y sunníes están en las calles combatiendo y protestando contra la ocupación. Seiscientos cuarenta y un  soldados norteamericanos han muerto desde el inicio de esta injustificable guerra, tres decenas de ellos en lo que va de semana, y la resistencia se incrementa. El "simbólico" traspaso de poder a los iraquíes el 30 de junio parece algo irreal. El fantasma de Viet Nam planea nuevamente sobre Washington.

La respuesta de los halcones de la Casa Blanca a la rebelión iraquí ha sido cercar ciudades y bombardearlas indiscriminadamente, asesinado a centenares de personas, entre ellos numerosos niños y mujeres; lo que lejos de apagar el levantamiento, acrecienta la ira de un pueblo que en vez de brindarle las esperadas flores le ha echado plomo a las fuerzas de ocupación.

La sangre en Falluja, Nayaf, Diwaniya y otras ciudades iraquíes sirve de pasto a los debates políticos en Estados Unidos, en medio de su sucia campaña electoral, en los que las valoraciones de los acontecimientos atacan el cómo se está haciendo la guerra, pero no el porqué se atacó a aquel país.

Según cuenta en su libro Bush en guerra el periodista Bob Woodward, el 5 de febrero de 2002 cerca de 25 hombres de las Fuerzas Especiales y los equipos de la CIA se reunieron en Afganistán con una bandera norteamericana de fondo para jurar: "Exportaremos la muerte y la violencia a los cuatro puntos cardinales del planeta en defensa de nuestra gran nación".

Aquella tenebrosa premonición es triste realidad de hoy. Afganistán e Irak están sumidos en la violencia y la muerte. El mundo es más inseguro que nunca. Bush y sus halcones siguen dejando un terrible legado para los norteamericanos y el mundo.