¿Dependerá de Bin Laden la reelección de Bush?

Parece una locura, pero en el mundo hay un grupo grande y creciente de polítólogos y comentaristas pronosticando que, tal como van las cosas, lo único que podría asegurar la reelección de W. Bush sería la captura o la muerte de Osama Bin Laden.

Según esa tesis, cuando falten unos meses para las elecciones, se daría la noticia de que la guerra del gobierno de Bush contra el terrorismo ha obtenido ese, su más resonante triunfo, capaz por sí mismo de hacer olvidar el expediente de fracasos, mentiras, muertes y descalabros económicos que ha ido cosechando la política del grupo republicano en el poder.

Se han visto tantas cosas, y se sospecha que han ocurrido tantas cosas, que pecaría de ingenuo aquel que se resistiera a considerar la posibilidad de que ya esté escrito el guión, incluido el papel de un Osama, real o figurado, al cual no le haría demasiado daño perder su actual identidad y vivir otra vida.

A mí me parece que los comentaristas que están especulando con la posibilidad de ese escenario, u otro parecido, como una gran amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, y las motivaciones para una nueva guerra, no están buscando sensacionalismo, sino sembrando la duda razonable antes de que nazca otra y más terrible creación de una imagen de realidad para manipular la mente y la conciencia de las personas.

Sería, claro está, una solución desesperada, pero la campaña electoral de Bush avanza cada día también hacia una situación desesperada.

Durante la semana pasada la popularidad del presidente George W. Bush siguió deslizándose sobre un plano inclinado cuando un muestreo de la cadena CNN y el diario USA Today lo dieron perdedor por un buen margen frente a los aspirantes demócratas John Kerry y John Edwards.
Según esos sondeos, si los comicios presidenciales, previstos para noviembre próximo, tuvieran lugar en este momento, el actual mandatario perdería frente a Kerry, 55 por ciento por 43, y sería derrotado también por Edwards, 54 por ciento por 44.
Sin embargo, los republicanos se consuelan ante la realidad de esos cómputos estadísticos, con la afirmación cierta de que todavía es demasiado temprano para prever una decisión sobre los comicios a partir de los sondeos de opinión.
Están queriendo decir que la opinión es variable, lo cual es verdad, pero para ello es necesario que se modifiquen los factores adversos y aparezcan hechos que avalen la gestión de Bush.
Por ahora nada parece indicar que habrá cambios que beneficien la campaña de Bush.
Ni los terribles resultados de la ocupación de Iraq, ni el desequilibrado desempeño económico de Estados Unidos, ni el descrédito moral de la actual administración, son susceptibles de cambios que beneficien a los republicanos.
Los demócratas, en cambio, pueden aprovechar los elementos escandalosos que hay detrás de cada uno de los factores enumerados anteriormente, y seguirán encontrando terreno para ganar favoritismo en temas puntuales como educación, salud, empleo y seguridad social.
En el aspecto económico, la reelección de Bush está en peligro no solo por el bolsillo de los electores, sino también porque sectores de la elite empresarial están ya preocupados por las consecuencias a mediano plazo que pueden traer para Estados Unidos el aumento desmesurado del déficit fiscal, provocado en gran parte por un gasto militar que no está consiguiendo verdaderamente, por la vía de la demanda, la recuperación de la economía.
Hay tres elementos de la política económica de Bush que se están convirtiendo en un verdadero bumerán de cara a las elecciones: La reducción de los impuestos, el plan de liberalizar las leyes inmigratorias y los proyectos de una red hemisférica de acuerdos de "libre comercio".
La megamillonaria reducción de impuestos a los ricos es un factor de agravamiento de la crisis del déficit fiscal, lo cual repercute sobre el presupuesto para prestaciones y servicios públicos y atenta, en fin, contra una gran masa de electores.
El esbozo de una supuesta liberalización inmigratoria, anunciada por Bush para captar el voto hispano, ha molestado en realidad a este numeroso sector y ha caído como una bomba entre los sectores más conservadores y entre los sindicalistas norteamericanos.
Jonh Kerry, mirándose ya en la Casa Blanca, adelantó que  no firmaría el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica (CAFTA) ni el del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) "si no contienen normas obligatorias sobre medio ambiente y régimen laboral''.
Los sindicatos son tradicionalmente un grupo de interés prodemócrata y desde la firma del NAFTA (TLCAN por su sigla en español) se han opuesto a este tipo de acuerdos, basados en que el NAFTA ha provocado la pérdida de 900 mil empleos en EE.UU.

Dejemos por hoy esta lista, ya capaz de demostrar que no es tan insólita la especulación sobre la "captura" de Bin Laden, como no sería tampoco demasiado fantasioso imaginar la creación republicana de un candidato "independiente", un candidato que, con mesurados ataques a Bush, les sustraiga votos a los demócratas.
Cosas veredes.