La era de Bush: De la disuasión al Acta Patriótica

Al terminar la Segunda Guerra Mundial el mundo se halló frente a dos bloques opuestos, las potencias capitalistas encabezadas por Estados Unidos y los recién surgidos países socialistas acaudillados por la Unión Soviética. De la pugna entre ambos surgió la Guerra Fría.

 La Doctrina Truman, esbozada en marzo de 1948, postulaba que Estados Unidos apoyaría con todos los recursos a aquellos pueblos que intentasen distanciarse  del  área de influencia de la Unión Soviética, o arremetería contra  aquellos que trataran de promulgar regímenes de base popular y justicia social. En aquellos instantes el futuro de Grecia y Turquía pendía de un hilo y se acercaban más a la órbita socialista que a la capitalista.

A la Doctrina Truman siguió la política de contención, esbozada en un artículo del diplomático George Kennan publicado en la revisa Foreign Affairs.  El propósito de la política norteamericana debía limitar al campo pro soviético al área que ya ocupaban. Teorizaba Kennan que la Unión Soviética estaba dispuesta a emplear todos los medios posibles para expandir su área de influencia  sin llegar a la guerra. Para neutralizar a Rusia  habría que aplicar una política de fuerza  en puntos geopolíticos sensibles. La teoría de la disuasión establecía que el incremento del poderío atómico alejaría la guerra. Esa es la política que rigió hasta el desplome del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

Todo ello ha sido abolido ahora con el  documento de la era de Bush   titulado Estrategia de Seguridad Nacional,  una mezcla de resoplidos iracundos que no poseen la consistencia geopolítica de la Doctrina Truman ni de la Doctrina Kennan. El documento abandona la política de disuasión que prevaleció durante la Guerra Fría. Se pretende que los estados "malvados" son el peligro principal a la estabilidad de Estados Unidos y derrotarlos debe ser el objetivo básico  del incremento del poderío militar.         Sostiene el  documento que Estados Unidos debe ser la única superpotencia y no permitirá que ningún otro estado se le acerque en recursos militares ni en pujanza destructiva. Para ello recomienda la modernización constante del equipamiento bélico y la actualización de las bases militares. Pese a su rudimentaria concepción esta nueva estrategia ha sido  inflada con la ambición de convertirla en uno de los grandes dogmas de la nueva política mundial. La disuasión atómica y la contención táctica han sido olvidadas ahora. Se trata de una doctrina surgida de necesidades de expansionismo hegemónico unipolar que constituye una seria amenaza a la paz. 

Bush se ha opuesto a la descontaminación del aire negándose a suscribir el Protocolo de Kyoto. Ha eliminado los fondos para los programas de educación a pobres y ha suprimido el entrenamiento profesional de veinte mil nuevos maestros. Con el Acta Patriótica  ha violado los derechos constitucionales y las libertades civiles ampliando las posibilidades de registros ilegales, supervisión y grabación telefónica, arrestos sin habeas corpus, juicios militares por delitos civiles, investigaciones de expedientes bancarios, médicos, siquiátricos y estudiantiles, pesquisas por internet y encarcelamiento por sospecha. Un verdadero catálogo de medidas violatorias de los más elementales derechos humanos.

Su política fiscal de disminución de gravámenes ha favorecido solamente al cinco por ciento de la población que posee los mayores recursos.  Las grandes corporaciones financieras están cotizando al erario público una mínima cantidad de impuestos. Desde que Bush asumió la presidencia se han perdido más de seis millones de empleos, mayor número que las pérdidas acumuladas de once presidentes anteriores. 

Los medios de comunicación masiva se encuentran en manos de las grandes corporaciones que favorecen a los republicanos y el gran capital  se siente muy cómodo con este gobierno que favorece sus intereses, le reduce sus obligaciones y le amplia su panorama rapaz. El sencillo y crédulo norteamericano cree que el grupo petrolero en la Casa Blanca hace un buen gobierno porque así se lo hace creer el bombardeo incesante de la prensa, la radio y la televisión. El 2004 verá la prolongación de esta pesadilla para consternación del resto de la humanidad.

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