Fortaleza de los libros

  Juan Marrero, Premio Nacional de Periodismo "José Martí"  

Aquellos gobernantes de la España colonial que a finales del siglo XVIII  planearon y ejecutaron la idea de construir la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, luego de que los ingleses hicieran la devolución de La Habana a cambio de La Florida, estuvieron muy lejos de imaginar que ese lugar se convertiría más de dos siglos después en fortaleza de los libros.

Bien conocida es la anécdota siguiente: cuando los trabajos de construcción de muros, cuarteles, barracas, almacenes, puentes levadizos y otras obras se finalizaron en 1774, a un costo de más de 40 millones de pesos, una cifra altísima en esa época, el Rey Carlos III, ante un ministro que le informaba de los pormenores de esa construcción, tomó un prismático y comenzó a otear el horizonte. "¿Puedo preguntarle qué busca su Majestad?", preguntó el asombrado ministro, y el Rey respondió: "La Cabaña ha costado tanto que debe ser lo suficientemente grande como para ser vista desde cualquier distancia".

Muy lejos también estaba el Rey Carlos III para imaginar que, efectivamente, 230 años después esa fortaleza es tan suficientemente grande que ha adquirido una notoriedad mundial. La fortaleza de San Carlos de la Cabaña es vista hoy desde muchos rincones en el mundo. Lo han hecho posible dos acontecimientos culturales: el cañonazo de las nueve y la Feria Internacional del Libro.

Puede decirse que son excepcionales los casos de los turistas extranjeros que visitan La Habana y alguna que otra noche no se dan una vuelta por la fortaleza de la Cabaña para presenciar la ceremonia del cañonazo, una reproducción de la que tenía lugar en los albores de la colonia para avisar a la población habanera del cierre de las murallas para evitar los saqueos de piratas y corsarios. En los últimos años centenares de miles de turistas han estado en esa fortaleza.

Y desde hace varios años en estas instalaciones se monta la Feria Internacional del Libro --que ha cumplido su decimotercera edición--, convertida en una auténtica fiesta para el pueblo cubano y con una notable participación y repercusión internacional, pese a los intentos de los enemigos de Cuba para obstaculizar su desarrollo. Este año, por ejemplo, la Unión Europea, en complicidad con la ultraderecha de Estados Unidos, la incluyó dentro del bloqueo cultural decretado contra Cuba.

Al momento de redactar esta nota, más de 600 mil personas  habían traspasado las puertas de la Fortaleza de la Cabaña para compartir con autores de libros, asistir a coloquios y presentaciones de libros, ver o adquirir las últimas novedades de la narrativa literaria, la poesía, la ciencia y otras disciplinas editadas por Cuba, y también obras recientes de otros países. Mil títulos y cinco millones de ejemplares, a precios populares, se han ofertado en el presente año dentro de la Feria que, además, tiene otras subsedes que incluyen 33 ciudades del país.

El libro se ha convertido para los cubanos en un plato que no puede faltar en su mesa diaria. Desde aquellas palabras de Fidel, "no le decimos al pueblo cree, sino le decimos lee", ese apetito ha sido una constante, y se ha incrementado en la medida en que más de un millón de personas dejaron de ser analfabetas y adquirieron después un nivel educacional superior;  en la medida en nacieron escuelas de todo tipo en cada rincón del país; en la medida en que crecieron el número de universidades -de tres en 1959, a 46 en la actualidad y se graduaron en ellas más de 600 mil profesionales.

La llave mágica del conocimiento es la lectura. No hay conocimiento integral, el cual lo obtiene el ser humano lenta y acumulativamente, si antes no se devoran millones de páginas de libros. Por eso, quien posee habilidades avanzadas para la lectura, lo que se adquiere desde la escuela primaria, se convierte mucho más rápido en un hombre con mayores conocimientos y cultura general y, por ende, tiene mayores posibilidades de ser útil a la sociedad en que vive. El conocimiento, en fin, conduce a la acción  inteligente y responsable, a la acción constructiva y de utilidad social.

La Ferias del Libro, una invitación a la buena lectura, cabalgando junto a  numerosos planes de desarrollo educacional y cultural, están contribuyendo  a la formación de centenares de miles de cubanos capaces de tomar las acciones y decisiones más inteligentes y responsables. El talento humano es nuestro gran capital, como ha dicho Fidel en reiteradas ocasiones en los últimos tiempos. Esto es algo que garantiza, sin duda alguna, el avance de la Revolución Cubana y el futuro luminoso de Cuba.

Ciegos e ignorantes son aquellos que, guiados por sus sentimientos de odio y de destrucción hacia la obra levantada en Cuba, no quieren ver esa realidad. Les va ocurrir lo mismo que a los colonialistas españoles que fueron incapaces de imaginar que construyeron en las canteras de La Cabaña una fortaleza que 230 años después se convertiría en una fortaleza del libro, en una fortaleza de  ideas y conocimientos para la batalla por la consolidación de las más justas aspiraciones y anhelos del pueblo cubano.