Bajo el sugerente loguin de su correo electrónico (cubansovereignty -soberanía cubana), sus últimos envíos fueron dos materiales de actualización sobre los Cinco y el anuncio de un panel de debate en demanda del derecho de los norteamericanos de viajar a Cuba. La reunión, convocada por la Coalición de Los Ángeles en Solidaridad con Cuba, sería el viernes 30. No sabemos si llegó a hacerse.
El jueves 29, Jon Hillson, amigo incondicional de la Revolución, intelectual marxista que hasta el último minuto de su vida luchó por la justicia y consagró a la defensa de la causa cubana y de los trabajadores del mundo todas sus energías, moría en la ciudad de Los Ángeles, víctima de un infarto. Así lo confirmaba un correo que, desde su propio buzón, sonaba absurdo: Memorial gathering for Jon Hillson, tomorrow, Sunday, February 1 . Sus camaradas y amigos de la Isla, quedábamos, de repente, atrapados entre el inicial desconcierto de un posible (y anhelado) disparate informático y la veloz y apabullante certeza de la muerte.
Aun así, sigue sonando absurdo. Todo parece posible, menos el fin de un corazón tan generoso. Y de un ser tan vitalmente activo. Es dolorosamente cierto. Jon Hillson murió. Pero en la distancia, no hay que despedirlo. No, cuando su obra solidaria seguramente ha dejado una semilla muy fértil, capaz de transformar algún día la irracional política del gobierno de su país contra la Revolución que él quiso y defendió siempre.
Si tantos desconocidos nos han escrito ahora desde Norteamérica para compartir el dolor por la muerte prematura de Jon, muchos igualmente cuidarán su memoria, haciendo algo de lo que hacía él. Pienso, sobre todo, en su extraordinaria capacidad para multiplicar por todo el mundo cada palabra de Cuba y de Fidel. Para salir al paso de cada infamia y replicar con argumentos irrebatibles, cualquier campaña contra la Isla. Para dedicarse en cuerpo y alma a probar que la administración no es el pueblo de los Estados Unidos. Y que, al imperialismo, "ni un tantico así". Para impedir que siga ganando lo injusto en la causa de los Cinco.
Hoy deberíamos volver a leer los numerosos e importantes artículos que Jon Hillson publicó en La Jiribilla. Y poco a poco, también reproducirlos en medios impresos. Sin ser propiamente escritor o periodista, él se convirtió a ambos oficios por fuerza de las convicciones y de sus necesidades, como comunista norteamericano, de enfrentar al totalitarismo imperialista. La lucidez de sus reflexiones, la profunda indagación que hizo en las realidades económicas y sociales de su país, junto a la pasión con que nos dio solidaridad sin condiciones de ningún tipo, lo colocaron hace mucho tiempo en la lista de los seres imprescindibles. No podemos, pues, prescindir de él.