Flávio Bolsonaro, aspirante presidencial de derecha en Brasil, hace un gesto a su llegada a la convención del Partido Liberal (PL) en São Paulo, Brasil, el 25 de julio de 2026. Afp
En un ambiente que intentó replicar la épica bolsonarista, pero que evidenció claros signos de desgaste, Flávio Bolsonaro oficializó este sábado su candidatura a la Presidencia de Brasil en una convención del Partido Liberal celebrada en un galpón anexo al estadio Pacaembu, en São Paulo. Vestidos con la amarilla camiseta de la selección brasileña —emblema cooptado por la ultraderecha—, poco más de mil simpatizantes corearon al senador de 45 años, ungido sucesor político de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple prisión domiciliaria desde 2025 por su participación en el intento de golpe de Estado de 2022.
La cita, que contó con la esperada asistencia del presidente ultraliberal argentino Javier Milei como invitado internacional, no logró, sin embargo, ocultar las profundas turbulencias que atraviesa la campaña del candidato conservador. Flávio Bolsonaro se medirá en octubre con el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, quien busca su reelección y aparece, según los sondeos más recientes, como el favorito para mantener el Palacio del Planalto.
El desgaste en las encuestas y el fantasma del rechazo
Aunque en marzo pasado el senador logró empatar técnicamente con Lula en las intenciones de voto, recortando 15 puntos al mandatario, la tendencia se ha revertido de forma adversa en las últimas semanas. Una encuesta divulgada el viernes por el prestigioso instituto Datafolha otorga a Lula un 48 % de los sufragios en una eventual segunda vuelta, frente a un 43 % para Flávio Bolsonaro.
El especialista Marco Teixeira, profesor de Ciencia Política de la Fundación Getúlio Vargas, subraya que el discurso extremista y los vínculos con el pasado golpista de su padre comienzan a pasar factura en un electorado cansado de la confrontación institucional.
"Es un momento de debilitamiento para Flávio. Existe incertidumbre sobre la viabilidad de su candidatura porque el rechazo a su figura ha aumentado considerablemente"
Doble frente de escándalos: judicial y familiar
Las complicaciones para el aspirante conservador no se limitan a las estadísticas. En el plano judicial, la Corte Suprema ordenó investigar los giros de dinero que el banquero Daniel Vorcaro —arrestado por un megafraude financiero— realizó para costear una película sobre la vida de Jair Bolsonaro, supuestamente a solicitud de Flávio. Los mensajes, revelados en mayo por el sitio Intercept Brasil, ponen en entredicho la ética del candidato y alimentan el relato de una derecha que hace gala de la "mano dura" contra la corrupción, pero que en la práctica recurre a los mismos mecanismos clientelares que critica.
Pero quizás el golpe más doloroso para la campaña haya llegado desde el interior de su propio hogar. La fractura pública con su madrastra, Michelle Bolsonaro, ha sacudido los cimientos del bolsonarismo. En junio, la exprimera dama denunció en redes sociales haber sido "humillada" y maltratada telefónicamente por su hijastro, a quien acusó de menospreciar su conocimiento político. Este distanciamiento resulta particularmente sensible, pues Michelle es un activo clave para conectar con el masivo electorado femenino y evangélico, dos nichos fundamentales para cualquier aspiración presidencial en Brasil.
Aunque Flávio divulgó un video esta semana pidiendo disculpas públicas, que fueron aceptadas, la ausencia de Michelle en la convención de este sábado habla por sí sola. "Pasa en cualquier familia, el poder de Michelle creció mucho y eso generó unos celitos naturales", intentó justificar la jubilada Maria de Almeida, asistiendo al acto, en un intento de restar importancia a la crisis interna.
Tropiezos con la justicia y cuestionamientos al sistema electoral
La jornada también estuvo marcada por los reveses jurídicos que afectan al núcleo duro del bolsonarismo. La justicia brasileña negó a Javier Milei el permiso para visitar a Jair Bolsonaro en su residencia, un gesto simbólico que la ultraderecha latinoamericana pretendía utilizar como muestra de apoyo internacional. Además, un juez de la corte prohibió a Flávio Bolsonaro visitar a su padre por un período de tres meses, aislando aún más al patriarca del clan en un momento decisivo para la campaña.
En un movimiento que despierta alarmas democráticas, el candidato cuestionó esta misma semana la fiabilidad del sistema de votación electrónica brasileño, reproduciendo el mismo guion desestabilizador que su padre utilizó para sembrar dudas sobre el proceso electoral de 2022 y que terminó costándole la inhabilitación política y, posteriormente, su libertad. Este discurso, lejos de sumar adhesiones, refuerza la percepción de que el bolsonarismo persiste en su negación de las reglas del juego democrático, un lastre que, según los analistas, aleja cada vez más a los votantes moderados.
De esta manera, Flávio Bolsonaro inicia formalmente su carrera presidencial no como el heredero triunfante de un movimiento arrasador, sino como un candidato que debe remar contra la corriente de los escándalos, las divisiones internas y la consolidación de un proyecto de izquierda que, por ahora, mantiene la ventaja en las preferencias del pueblo brasileño.
(Con información de La Jornada)