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Pensar en confabulaciones o favores predeterminados resulta una injuria carente de pruebas con la validez suficiente para dar fe de dichas teorías. Y ojo, los errores arbitrales, las polémicas y las quejas no están exentos del análisis necesario por parte de la FIFA.
Ahora, dentro del rectángulo verde hay verdades irrefutables. Puede haber sido un camino sin aparentes complejidades para los actuales campeones, pero solo en el papel. Argentina se ha visto encima de una fina cuerda y casi al borde del abismo para sorpresa del incluso el más escéptico.
Mc Allister pareció dar tranquilidad a un encuentro donde era evidente el ritmo pausado de la albiceleste y poco tino en el último pase de los helvéticos. Pocos equipos saben manejarse en ese ecosistema de rascarle segundos al reloj y desesperar al rival, sea cual sea el tiempo en cuestión.
Mientras Suiza intentaba acelerar las acciones sobre el césped, la calidad dictaba sentencia. Otro choque sin mucho brillo de los sudamericanos, aunque Emiliano aguardaba su momento. Lisandro se multiplicaba para tapar las pifias de una medular desacomodada e incapaz de llevar los hilos.
Con Scaloni a los mandos no es imprescindible ser protagonistas con la redonda. Claro, entregar parte de la cancha al oponente deriva en temeridad si la confianza se convierte en mala consejera. A la vuelta de vestuarios tales sensaciones tomaron mayor vuelo.
Ndoye se combinó con el inagotable Ricardo para no solo emparejar las acciones, sino llevar algo de miedo a un conjunto lejos de la versión esperada. Los europeos tenía el control hasta la actuación infantil de Embolo. Hubo incredulidad, pero las normas mandan y los reclamos pierden lógica.
El resto de la historia estaba escrita. Unos ejecutaban el coherente ejercicio de resistencia, los otros movieron piezas para acumular más hombres en ataque. Un desaparecido Julián se acordó de la magia en su golpeo y la sentencia estaba echada. Lautaro castigó en exceso y elevó la pizarra a un marcador distante de la realidad.
Messi ya tiene su cita con Inglaterra. Tras cuadro década otro 10 de época amenaza a unos británicos sin la explosión esperada luego del día inicial. Tuchel volvió a modificar las bandas, aunque las formas quedaron casi intactas. Centro laterales a la cabeza del renacido Bellingham.
Jude se asemeja a aquel jugador insaciable de cara a puerta cuando debutó con el Real Madrid. La apuesta por él en la mediapunta ha ofrecido crédito al entrenador y goles para darle vida a los Tres Leones. Y sí, el chip según la FIFA no reflejó algún roce con la Spidercam, pero eso tiene tela.
Noruega apretó a los ingleses, pero la remada no fue suficiente. Haaland quedó aislado entre la zaga de los Pross, una pésima noticia para los vikingos. NO obstante, los focos señalaron a Nyland. El héroe ante Brasil pasó a la casilla de mortal para abrirle las puertas del paraíso al siempre dispuesto Bellingham. Otro doblete y busca la segunda final en la historia de Inglaterra.