La profesional de la oriental provincia de Las Tunas (municipio Colombia) consideró que culmina la misión satisfactoriamente.
Con servicios previos en Venezuela, Bolivia y Ecuador, explicó que tuvo aquí (en el departamento suroccidental de San Marcos) experiencias bonitas y tristes, como ver a niños desnutridos o a embarazadas llegar al parto sin atención prenatal.
Eso nos duele porque de ahí salen los niños con diferentes complicaciones y se presentan riesgos también para la mujer, acotó.
Muchas veces arribaban a la consulta con la presión alta, la misma que tenían desde el inicio del embarazo, pero que nunca les detectaron, describió.
Salimos a las comunidades más vulnerables, en las cuales era muy triste ver personas que nunca en su vida habían recibido una atención médica, con diferentes enfermedades crónicas, transmisibles, contó Suárez, quien laboró en San Marcos, San Lorenzo y San Pedro.
La despedida –confesó- fue alegre y triste, lo primero por el regreso a la patria y lo segundo porque dejo a mis colegas chapines, a pacientes, que en muchos casos no terminé el tratamiento o se quedaron a media en un diagnóstico.
Detalló que atendió en el municipio Fray Bartolomé de la Casa, departamento Alta Verapaz, a la aldea Tuilá, donde hacían jornadas y participaban en todas las actividades.
Mencionó como algo llamativo la leishmaniasis (enfermedad infecciosa parasitaria), que en Cuba no existe.
Personas muy humildes, de escasos recursos, con un nivel sociocultural bajo, pero con un amor tan grande a la misión médica cubana que no tiene descripción, subrayó.
Ahí están las muestras, llantos, lágrimas, una despedida sentida de pacientes, embarazadas, compañeros de labor, remarcó el colaborador, cuya experiencia anterior comprende dos veces Venezuela.
De verdad, precisó Álvarez, me voy con un dolor, un sentimiento encontrado, entre felicidad porque veré a mi familia, a mis hijos después de tanto tiempo, y un algo muy grande por dejar amigos y familia prácticamente en Chal.
(Tomado de Prensa Latina)