Nyland atajando el penal de Guimarães. Foto: FIFA.
Ancelotti ya lo avisó en la conferencia previa al duelo ante los noruegos. No dejó de repetir cuanto ha cambiado el fútbol en tiempos recientes y la eliminación de Brasil le concede parte de razón. El ruf-ruf-ruf de lo vikingos se impuso a una samba lejos de sus mejores días.
Italia se ha acostumbrado a ver las Copas del Mundo desde casa. Alemania 12 años después logró ir más allá de la fase de grupos, pero solo un escalón y nada más. Uruguay olvidó tratar la redonda con carácter además de garra. Y Brasil, ay Brasil. En 2030 serán 28 años sin un título, sin una final.
No es tanto la forma, sino el resultado. No existe el demérito en caer contra una Noruega dotada de muchas virtudes, pero la historia carga el peso del debate cuando de la canarinha se trata. Carlo invita a la calma y habla del comienzo de un proyecto.
Mientras tanto, Haaland disfruta tambor en mano para comandar a una legión vikinga ávida de alargar la conquista de Norteamérica. Es su debut en estas citas y la nota firma el sobresaliente. Parece desconectado durante la circulación de la esférica, un ente aislado encima del verde.
Nadie como él sabe lucir en tal ecosistema. Perdonaron Guimaraes y Endrick, salvó Nyland con más de una estirada. Entonces Erling lo decidió todo. Sus gestos de humano disfrazan su esencia de Androide. La segunda diana no solo fue sentencia, resultó la viva imagen de un ser único dentro del área.
A Neymar, las gracias. Para él hay líneas pendientes, pero ahora la fiesta es nórdica. Reman rumbo a los cuartos de final como si el torneo recién comenzara. Orden, despliegue y pegada son las consignas de un equipo con ganas de replicar esta experiencia sin fecha de caducidad.
Aguardan a una Inglaterra agotada luego del desgaste en el Coliseo Azteca. Generaciones distintas, pero mismas cuentas pendientes en este recinto legendario para el planeta fútbol. El doblete maldito giró esta vez a favor. Fueron 120 segundos para creer en un destrozo apagado por Quansah.
Bellingham ofreció a Tuchel otra vez la diestra en esa apuesta de entrenador cuestionada por no pocos. La valentía de México la sofocó el madridista con esa capacidad innata para hacer daño desde la segunda línea. Gusta Jude de pisar área y también de hacerlo con contundencia.
Tras el espectáculo musical, 25 minutos de locura. Jarell perdió los papeles y el VAR no lo perdonó. Harry pareció dar cierta calma a la caballería británica, pero la inferioridad numérica abrió el camino a la ilusión de miles de almas en el graderío. Raúl se volvió a unir a la celebración goleadora de Quiñones, aunque el monólogo no dio para más.