Trump denunció que la identidad estadounidense está “bajo un ataque renovado” y advirtió sobre el “resurgimiento de la amenaza del comunismo”. Foto: AP.
Estados Unidos amaneció este sábado envuelto en cintas rojas, azules y blancas, pero también en un clima de inquietud y fisura profunda, al conmemorar el aniversario 250 de la Declaración de Independencia.
Lo que debería ser un día de abrazos simbólicos y discursos conciliadores se ha transformado en un termómetro de la polarización extrema que vive la nación, con el presidente Donald Trump como gran protagonista y catalizador de las divisiones.
El mandatario, lejos de llamar a la unidad, ha endurecido su discurso contra los que considera enemigos internos, mientras el país se enfrenta a una ola de calor brutal y a unas encuestas que revelan un alarmante deterioro de la fe en el proyecto común.
Celebración bajo el asedio del clima y la política partidista
La conmemoración del 4 de julio transcurre este año con el termómetro como un protagonista incómodo. Una ola de calor abrasador ha colocado a unos 160 millones de ciudadanos en zonas de alerta por temperaturas extremas, lo que llevó a la cancelación del tradicional desfile en Washington D.C.
La naturaleza, sin embargo, no ha sido suficiente para frenar el ímpetu del presidente. Esta noche, Trump encabezará un acto de campaña encubierto en el National Mall, un evento que ha promocionado con pompa como “el espectáculo de fuegos artificiales más grande del mundo”, con sobrevuelos militares incluidos, desafiando no solo el calor récord sino también las críticas de quienes ven en su participación una apropiación indebida de la fiesta nacional.
“Van a ser aproximadamente 107 grados, y yo voy a estar allí y voy a pronunciar un discurso muy largo, solo para demostrar que puedo hacer cualquier cosa”, sentenció Trump, en una declaración que combina su característico desafío a las convenciones con una muestra de fuerza ante sus seguidores, mientras los detractores lo acusan de poner en riesgo la seguridad de los asistentes por su afán de protagonismo.
La sombra del “comunismo” y el asedio a la izquierda
En la víspera del aniversario, el presidente viajó al Monte Rushmore, el santuario de granito donde descansan los rostros de cuatro de sus predecesores, para lanzar un mensaje de alerta. Trump denunció que la identidad estadounidense está “bajo un ataque renovado” y advirtió sobre el “resurgimiento de la amenaza del comunismo”. Estas declaraciones, cargadas de simbolismo, buscan movilizar a su base electoral en un momento en que la izquierda demócrata acumula victorias en las primarias, como la reciente elección de la abogada socialista Melat Kiros, de 29 años, quien en Colorado derrotó a la congresista Diana DeGette, una veterana de quince mandatos.
Trump utiliza estos triunfos como un eco de alarma para presentar a la progresista como una fuerza desestabilizadora de cara a las elecciones legislativas de noviembre, donde los republicanos se juegan el control del Congreso.
Una nación, dos celebraciones y un abismo insalvable
La división política ha llegado a tal extremo que ni siquiera la organización de los festejos oficiales ha podido escapar a la polarización. America250, la comisión bipartidista creada hace una década para planificar una conmemoración inclusiva, ha visto cómo su proyecto se desmorona frente al impulso de Freedom250, una estructura paralela impulsada por la Casa Blanca que ha acaparado los grandes eventos en la capital. Mientras Trump se erige como el gran anfitrión en Washington, America250 ha tenido que conformarse con organizar su propio concierto en Los Ángeles, lejos del fulgor oficial.
Este cisma ha provocado disputas por el control del presupuesto y los patrocinadores, y ha llevado a varios artistas a retirarse de los eventos de Freedom250, argumentando que su carácter partidista atenta contra el espíritu de la fecha. La imagen es la de un país que celebra su cumpleaños en dos fiestas distintas, como si se tratara de una familia separada por un divorcio amargo.
El espejo de las encuestas: un país que duda de sí mismo
El desánimo no es solo una percepción callejera, sino que se refleja en cifras contundentes. Una encuesta de la Universidad Quinnipiac revela que el 61% de los estadounidenses cree que el país no está a la altura de los ideales fundacionales de la Declaración de Independencia. Gallup, por su parte, sitúa en un 33% el porcentaje de ciudadanos que se sienten “extremadamente orgullosos” de ser estadounidenses, la cifra más baja jamás registrada, con un abismo de 56 puntos entre republicanos (70%) y demócratas (14%).
Los datos de Reuters/Ipsos resultan aún más escalofriantes: el 38% de los consultados duda de que Estados Unidos siga existiendo como una sola nación dentro de 250 años más. Dos tercios de la población considera que la democracia corre un serio peligro de fracasar, y el 77% anticipa un incremento de la violencia política en los próximos cinco años. Estas cifras dibujan el retrato de una nación que no solo celebra su pasado con nostalgia, sino que enfrenta su futuro con temor.
Voces ciudadanas: el escepticismo y la esperanza en la calle
En las calles de Los Ángeles, el artista Johnny Presley expresó su descontento: “Hay demasiada gente que se odia, que roba. No se aman unos a otros. Estoy harto de la forma en que este país trata a la gente, de la forma en que trata a sus vecinos extranjeros”. Sin embargo, no todas las voces son de desaliento. Karisa Tavassoli, educadora estadounidense de origen iraní, defendió la vigencia del sueño americano: “Tengo seguridad, tengo libertad de expresión. Hay muchos defectos aquí, pero tenemos algo muy especial que vale la pena proteger”. Dos visiones que reflejan la dualidad de una sociedad en vilo.
Más allá de los fuegos artificiales y los discursos inflamados, el verdadero examen para Trump y su proyecto político serán las elecciones legislativas de noviembre.
Los sondeos anticipan un panorama adverso para los republicanos, y una derrota devolvería al Congreso la capacidad de frenar al Ejecutivo, abrir investigaciones y recortar el margen de maniobra presidencial.
La conmemoración de los 250 años de independencia, pues, no cierra un capítulo de gloria, sino que abre el telón de una batalla decisiva por el alma de la república. La palabra que parece definir este aniversario no es “fiesta”, sino “equilibrio”: la recuperación de esos contrapesos que, en la teoría fundacional, fueron diseñados para salvar a la nación de sus propias pasiones.
(Con información de agencias)