Washington apunta a dominar el mercado de reconstrucción en Medio Oriente

Donald Trum junto a la bandera de Estados Unidos. Foto: Reuters.

Estados Unidos estaría ejerciendo presión sobre países árabes para que contraten a empresas estadounidenses en los procesos de reconstrucción, en medio de los planes destinados a recuperar territorios afectados por conflictos en Medio Oriente.

De acuerdo con reportes, Washington busca que las naciones de la región canalicen contratos y proyectos hacia compañías de su país, en un contexto donde la reconstrucción —especialmente en Gaza— requerirá inversiones millonarias y participación internacional.

Esta estrategia se enmarca en el interés de Estados Unidos por influir en la configuración económica posterior a las guerras que su propio gobierno ha apoyado y realizado.

Solo en la Franja de Gaza, la infraestructura civil ha sido borrada del mapa. Más del 85 % del área total dha sido devastada, por lo cual se necesitan aproximadamente 70 000 millones de dólares para su reconstrucción, según un reporte del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, de octubre del año pasado.

Diversos planes de reconstrucción han sido promovidos por países árabes, con propuestas que incluyen financiamiento regional e internacional, así como la participación de múltiples empresas en proyectos de infraestructura y servicios básicos.

Sin embargo, desde Washington se insiste en condicionar estos procesos, lo que incluye la selección de actores económicos involucrados, en un escenario donde también busca limitar la influencia de otros y garantizar su presencia en el mercado de reconstrucción.

Autoridades estadounidenses han señalado previamente que su país no asumiría el mayor peso financiero en estos proyectos, sino que este recaería en gran medida sobre los países árabes, mientras EE. UU. mantendría un rol de supervisión y acompañamiento.

La presión estadounidense también responde a la intención de fortalecer su presencia económica en Medio Oriente.

Así, la reconstrucción no solo representa un desafío humanitario y logístico, sino también un espacio de disputa por influencia política y económica en la región.

(Con información de Telesur)