Los jugadores daneses celebran su triunfo observados por el francés Mem. Foto: EFE.
Dinamarca se enfrentó a Francia, este domingo, en la final del Mundial de Balonmano. Venció, por tercera vez consecutiva, con un marcador de 34-29.
Hasta el último cuarto el encuentro no tenía dueño, pero en la recta final adquirió protagonismo, Rasmus Lauge, quien se incorporó “sorpresivamente”.
El primera línea, descansado, explotó como un cohete, con esa calidad innata que tiene, y martirizó a la defensa francesa y a su portero Gerard. Se le unió otro veterano, que su técnico no utilizó contra España en semifinales, Mensah Larsen. Entre ambos y el portero Moller pusieron a su equipo en órbita camino del oro.
En la primera mitad los jóvenes Gidsel y Pytlick acapararon el ataque danés -10 goles entre ambos de los 16 de su equipo al descanso-. El arranque danés (0-3) les mantuvo por delante hasta que al borde del descanso Francia redujo la desventaja al mínimo (16-15).
Volvió a irse en dos ocasiones Dinamarca por tres tantos, pero Francia resistía, buscaba a su pivote Tournat, y la final seguía en el aire en el minuto 46 (24-25).
En una intentona a la desesperada Francia se acercó con el 29-31 y dispuso de un siete metros a falta de tres minutos. Pero al igual que ocurrió frente a España, Landin detuvo oportunamente el lanzamiento de Richardson y prácticamente cerró la final, no sin antes que sus compañeros abrieran de nuevo el tanteador hasta ese 34-29 que les convierte en tricampeones.
(Con información de Marca)