Los muchachos y las muchachas de Eusebio se han crecido, aunque hablen de orfandad y de una ausencia que todavía los asusta. Como en día de fiesta, que eso es cada 16 de noviembre - sin importar si el cielo se nubla-, ellos y ellas regalaron a Cuba y al mundo una certeza imprescindible: la obra de restauración de La Habana no ha muerto. Su Historiador sigue moviendo piedras y voluntades, con la fuerza y la gracia con que nos robó el corazón mientras andaba La Habana, con espíritu redentor en los tiempos más difíciles.
En el cumpleaños 501 de la Ciudad, Perla, Magda, Félix Julio, Ariel y tantos que harían infinita la lista, se vistieron de largo para mostrar su lealtad a Leal y hacer lo que a él le gustaba tanto y lo que tantas veces hizo para los visitantes de la Habana Vieja: enseñar lo nuevo y deslumbrarnos a todos con una gracia que jamás deberá perderse y que ojalá se extendiera más allá de los límites patrimoniales: la utilidad y la belleza pueden marchar juntos.
Dicen que este primer amanecer del 16 sin Eusebio de cuerpo presente, fue menos masivo que en otras épocas y que en El Templete y en torno a la Ceiba de las demandas capitalinas, no hubo colas tan largas para darle la vuelta como es costumbre de los habaneros. Rigores de la pandemia, quizás.
Pero sí hubo muchos a las puertas de su Oficina, abierta y cargada de señales exquisitas de su inigualable estilo, cuando se inauguró la exposición de fotografías, ante la presencia de las principales autoridades de la Capital - el Secretario del Partido, Luis Torres Iríbar y el Gobernador de la provincia, Reynaldo García Zapata- junto a Lis Cuesta, esposa del Presidente Díaz Canel y amiga personal de Eusebio.
Despacho de Eusebio. Foto: Arleen Rodríguez
Los muchachos y las muchachas de la Oficina del Historiador, hoy llevaron a todos a andar La Habana y al frente de ellos anduvo, otra vez, su mentor y maestro, el gran articulador de talentos y fuerzas, el discípulo de Martí y de Fidel en la titánica obra de construir unidad y espantar lo que simpáticamebte llamaba las fuerzas oscuras.
Temprano en la mañana fue la entrega de nueve casas a médicos y médicas destacadísimos en un edificio bellamente restaurado de la Calle O'Relly. Dicen los que estuvieron que hubo lágrimas y sorpresas impactantes. Algunos de los beneficiados no habían visto el lugar ni calcularon la maravilla. Lo contó Torres Iríbar cuando lo abordó la prensa en el más amplio espacio del Museo del Automóvil.
Después vendrían la exposición de fotos y el recorrido por lugares recién restaurados, escuelas, museos y esos espacios más entrañables, donde se le siente tan vivo que apenas alguien habla de su galantería proverbial, un golpe de viento abre las dos hojas de una pesada ventana de la Casa del Historiador y se desata la risa junto al recuento: "él está aquí, oyendo sus propios cuentos", dice más de uno de los reunidos.
Despacho de Eusebio. Foto: Arleen Rodríguez
Eusebio volvió a andar La Habana en su cumpleaños, de la mano de sus asistentes personales y al lado de sus compañeros de tarea y sus amigos. El joven Ariel Gil, secretario suyo en los últimos cuatro años y quien ahora está a cargo de la Casa del Historiador, dice que pronto lo veremos de cuerpo entero en un holograma. Mientras tanto, los que van al Templete o al Palacio del Segundo Cabo pueden acceder a una aplicación por QR que les permitirá acompañarse por al menos cinco videos con recorridos grabados del paso de Leal por su amada Ciudad.
La tecnología nos devolverá su cuerpo y su voz desde una nube digital. De qué quejarnos, si al alma ya accedimos, justo allí donde palpita, gracias a los leales muchachos y muchachas que formó.
Despacho de Eusebio. Foto: Arleen Rodríguez
El auto que usó Eusebio por más de una década ahora se exhibe en el Museo del Automóvil. Foto: Arleen Rodríguez
El jeep Montuno que usaba Celia está también en este museo de La Habana Vieja. Foto: Arleen Rodríguez