Fidel, el que debe vivir

Premonitor, cuando tenía a su favor todas las posibilidades de salvarse saliendo, con sus compañeros del Hospital Civil, fallido el asalto por sorpresa al Moncada, Abel Santamaría le dijo imperativo a su hermana Haydée y a Melba: “¡El que debe vivir es Fidel, el que debe vivir es Fidel!” y desde las ventanas de la zona de servicios del Hospital Civil inició un combate contra el cuartel, cuando precisamente Fidel le había designado en la Granjita de Siboney esa retaguardia, para preservarle la vida en caso que él cayera en el abordaje a la segunda fortaleza militar, por la posta Tres.

Quiso Abel, segundo jefe del movimiento revolucionario, atraer hacia la retaguardia en el área de servicios del hospital, todo el fuego de las armas de los soldados para que Fidel pudiera regresar hacia la Granjita y continuar el plan de combatir en las montañas.

Abel había escuchado disparos, conocía el plan: el factor sorpresa y obviamente este se había frustrado y Abel Santamaría (cuyo 90 cumpleaños ocurrirá el año que viene), logró el objetivo: Los guardias rodearon y luego ocuparon el Hospital. No cayó en combate, pero fue torturado horriblemente y asesinado.

En la primera sesión del juicio del Moncada (21 de septiembre), Fidel declararía emocionado, respecto a Abel Santamaría: “Su heroica resistencia lo inmortaliza ante la historia”.

Fidel vivió, de hecho Abel se inmolaba junto a otros asaltantes, por más que las enfermeras y Haydeé y Melba quisieron disimular su presencia cuando la soldadesca irrumpía desafiante en el Hospital Saturnino Lora. Pero vivió Fidel y alcanzó las montañas durante una semana de resistencia.

“El que debe vivir es Fidel”, fue la constante de Abel Santamaría cuya vida Fidel había querido preservar mandándolo a la retaguardia menos peligrosa, el 26 de julio de 1953.

Nota: Este testimonio está contenido en el libro El que debe vivir, Premio Casa de las Américas 1998.