Iván Blasser.
Oigo Iván Blasser y automáticamente pienso en las guayaberas más variadas y elegantes que se pueden encontrar en el mercado cubano. Detrás de ellas, el rumor sobre un exitoso empresario que hace 35 años vino desde Panamá, para ayudar a la Isla a burlar el bloqueo y no se ha ido más.
Luego llega el festival de cine de La Habana y con el mismo nombre aparece un realizador panameño cuyo documental: “El jardín de Cotito”, destapa para nuevos públicos, la oscura y todavía incompleta historia de una masacre que estremeció a su país durante la II Guerra Mundial.
Un mes más y, en medio de intelectuales y artistas de todo el mundo, reunidos en la capital cubana por la obra de José Martí, aparece, junto a embajadores africanos, un periodista panameño con las mismas señales de identidad.
¿Quién es Iván Blasser?, pregunto mientras compartimos con amigos comunes. No voy en plan de entrevista, al menos no hasta que me responde: “Soy el próximo presidente de mi país.”
Por nuestro lado acaba de pasar, y se ha detenido a saludarlo con deferencia, Martín Torrijos, hijo del histórico general y expresidente panameño, así que me atrevo a pensar en una broma, pero él se ha puesto repentinamente serio y ya no puedo dejar de entrevistarlo:
En serio, ¿qué es ahora mismo: empresario, documentalista, periodista, ensayista, africanista?
“Soy un empresario que vivió la realidad nacional y entendió que uno no viene al mundo a beneficiarse de los frutos de la vida y darle la espalda a una realidad que afecta a las mayorías…”
Pero usted es parte del uno por ciento que se beneficia del mismo sistema que afecta a las mayorías…
“Creo que somos parte material y parte espiritual y los que creemos en Dios tenemos un compromiso con nuestra conciencia que es con Dios mismo.
“Vivir en un mundo plagado de injusticias y voltear la mirada porque es lo que conviene en lo personal o en lo comercial, es traicionar principios y traicionar la justicia divina.
“Por eso Iván Blasser es periodista, político y filántropo. Un empresario que ha empleado sus ganancias para crear fundaciones de ayuda al prójimo.”
Habla de “Proniños de Panamá”, que abrió comedores en áreas de extrema pobreza, “hasta que entendí que no bastaba con alimentar el cuerpo y empecé a editar libros de colorear sobre historia nacional. Cada año entregamos gratuitamente 200 mil libros en todas las escuelas primarias con el fin de fortalecer los valores cívicos y la identidad nacional.”
“Tampoco era suficiente, así que inventamos el Sopón Blasser para alimentar unas 800 personas de los barrios populares los fines de semana. Impresionante la cantidad de gente que venía. Yo les entregaba cosas, pero también compartía mi tiempo con ellos y aun así, por más que hacía, siempre me sentía frustrado, insatisfecho.
“Comprendí que de nada valen mi esfuerzo y el de otras muchísimas personas que tienen las mismas intenciones de solidaridad con el prójimo. La clase política de mi país solo abraza a los que invierten en el negocio de la democracia. Sus intereses no coinciden nunca con los de las mayorías.”
¿Padeció pobreza alguna vez?
“A la pobreza la conozco de verla, nunca la probé. Yo nací con la vida bastante resuelta, pero no tolero la injustica. Quizás se lo debo a mis genes. Provengo de una familia de judíos polacos (del sector de Varsovia que se levantó contra los nazis) y austríacos progresistas por parte de mi padre. Mis abuelos maternos eran italianos del sur y criollos aguerridos.
Dicen que los judíos emigrantes enseñan a sus hijos a hacer dinero y huir de la política…
“Yo me salí de la tradición, también en el negocio familiar que era de perfumería y cosmética. Estudié Periodismo, que es una carrera muy mal pagada. Por ahí vienen mis cortocicuitos, lo que hace que la gente diga que soy un tipo raro.
“Alguna vez dije en un Congreso de FELAP que el periodismo con criterio y con principios está condenado a muerte, porque los que pagan la publicidad son los que determinan la noticia o el silencio.
Habla por experiencia. En 1990, un mes después de la invasión yanqui a Panamá, Blasser funda el periódico “Panamá Libre”:
“En aquel momento sentí la necesidad de crear un medio de comunicación que expresara la verdadera causa panameña. Sólo duró dos años. Nadie quería anunciarse en un periódico que decía la verdad sin pelos en la lengua.
“Empecé a hacer radio y televisión como periodista invitado, pero me cansé de pedir de favor que me dieran una tribuna para defender comunidades y sectores ultrajados. Al final, todo lo que dices le entra por un oído y le sale por otro a la clase política. Por eso nunca he querido militar en ningún partido. Todos están atrapados por los intereses económicos.
¿Y cómo alguien tan decepcionado de la política se plantea una carrera política?
“Yo no estoy decepcionado de la política. Yo estoy señalando a la clase política. No puedo estar decepcionado de lo que nunca participé. Y es mi decepción con la clase política la que me lleva a intentar hacer política.
“Reconozco que hoy soy un mal político porque no sé mentir. No resisto la hipocresía y tengo muy mal carácter con ella.
¿Y piensa hacer política sin partido?
“En algún momento creí que los partidos podían tener un perfil distinto y en el camino me di cuenta de que el yoísmo, el individualismo y los intereses de grupo nunca dejarán que eso suceda.
“Voy a construir un partido. Será más bien una nueva fuerza partidista con representación de diferentes corrientes ideológicas, políticas, gremialistas. El sistema partidista tradicional se agotó y muchos buenos líderes ya no se sienten parte de los partidos en los que militan.
“Mi país necesita un espacio para que esos líderes puedan hacer una propuesta de país que les devuelva las esperanzas al pueblo.
Fuera de la política, ¿por qué tanto tiempo en Cuba?
“Yo empecé viniendo por negocios, pero ahora vengo más por masaje energético, yoga. Aquí duermo, veo televisión (canales cubanos, ruso, chino…), casi no hago reuniones. Vengo a saludar, a compartir con los amigos, a relajar. Tengo un representante que se ocupa de mis negocios. Si quieren, lo hacemos, si no, también.
“Es que mi relación con Cuba no ha sido solo comercial, aunque venía con esa misión la primera vez con 22 años. En los 35 transcurridos, no he dejado de hacerlo ininterrumpidamente. La dignidad de Cuba y los principios de la Revolución cubana son parte de lo que aprendí en ese proceso.
“Aquí también me salvaron una pierna. Llegué en silla de ruedas y salí caminando como me ves.
Y la guayabera…
“En un momento determinado, la industria cubana no tenía guayaberas y había mucha demanda, así que subcontraté la industria nacional para la guayabera Blasser, pero su calidad fue muy cuestionada. Entonces decidí abrir mis propias fábricas. Y hoy mis principales clientes son líderes de la región, presidentes y empresarios exitosos.
“La guayabera es la prenda que mejor representa la cultura latinoamericana caribeña. Es nuestra embajadora ante el mundo.
“No es un gran negocio, pero es prestigio. Nos da honor y orgullo. Pienso que muchos más políticos deberían usarla en lugar de andar todo el día ensacados. En guayabera eres alguien que representa a tu país, en saco parece que representas a otro.
Pero mientras usted está aquí, es un político que la gente no ve en su país…
“Si me vieras en los lugares donde cocino y doy comida y libros a la gente. En esos espacios siento que regreso de varias vidas. Nuestro futuro está conectado con nuestro pasado.”
¿No le han dicho que está loco?
“Dicen que los locos son los que transforman lo que los cuerdos no se atreven.
“La clase política tradicional siembra para cosechar inmediatamente. Por eso la improvisación es notoria en muchos gobiernos. La vida me ha dado la oportunidad de caminar mi país por 25 años, sin claudicar, sin negociar, sin vender mis principios y mis ideas.
“Digamos que llevo muchos años caminando por el desierto, esperando que se abra el Mar Rojo, con fe. Parece que llegó el momento.
“Y te digo, no sé si algún día voy a ser presidente de mi país. No sé si podré llegar a transformar la sociedad en la que vivo para más justicia y equidad. De lo que sí estoy seguro es que cuando mis nietos me pregunten qué hice por mi país, podré decirles: “al menos lo intenté.”