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Omega 3: ciencia ficción a lo Eduardo del Llano

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"Omega 3", del director cubano Eduardo del Llano.

Que el segundo largometraje de Eduardo del Llano fuera “la primera película cubana de ciencia ficción” pudo no haber extrañado a nadie. El padre de Nicanor no es conocido precisamente por jugar al seguro, sino por arriesgar en sus propuestas y dar una visión muy particular tanto en su obra audiovisual como literaria.

Ahora llega con Omega 3, un relato distópico situado en un país indefinido, en una época que bien podría ser a finales de este siglo, tiempo en el que la humanidad se ve dividida no por sus creencias religiosas, la raza, o su poder adquisitivo sino… por lo que comen.

Vegetarianos, macrobióticos y ovolácteos (o Vegs, Macs y Ollies) se enfrentarán en este filme, cuyo título hace alusión a un componente muy importante en el funcionamiento correcto del organismo. Omega 3 es el nuevo estreno nacional que Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) propone para este verano, que ya casi finaliza.

Aunque se hace énfasis en su condición de pionera de la CF en la filmografía nacional, lo primero que Del Llano hizo en una entrevista concedida a Cubacine fue aclarar que, si bien la cinta es la primera en inscribirse puramente en este género, ya han existido otras aproximaciones dentro del séptimo arte en la Isla.

Con un lenguaje que reconoceremos de su narrativa y de los guiones de sus películas, este experimentado cineasta, coguionista de títulos como Alicia en el pueblo de Maravilla (Daniel Díaz Torres, 1990) y que ya debutó con su primer largo, Vinci, en 2012, nos habla ahora de su más reciente proyecto, producto de su pasión por la ciencia ficción y el cine.

Omega 3 salió a partir de un cuento que escribí en 2010, inédito aún, aunque lo envié a Letras Cubanas a ver si en este filón, cuela. He escrito unos cuantos textos de ciencia ficción, incluso uno de mis cuentos fue incluido en un plaquette que publicó la Editorial Abril en los años noventa que se llamó Criminales”, comentó Del Llano.

“No tengo una formación científica o de ciencias naturales –yo estudié Historia del Arte– y eso me limita un poco. A mí de cuando en cuando se me ocurren algunas ideas que tienen que ver con eso, con el humor, extrapolaciones al futuro de circunstancias, situaciones sociales, de aquí o del mundo”, explicó el director y agregó que “Omega... trata sobre un futuro en el que la dieta ha conducido al desenlace de situaciones extremas que implican guerras. Este filme forma parte un poco de la cruzada que empezamos con Vinci, y con otras películas como Juan de los Muertos (Alejandro Brugués, 2011), que pretende que el cine cubano –sin dejar de tocar otros temas de la realidad– se abra a otros géneros.

“Tratamos de hacer ver que no necesariamente hay que dejarles estos temas a los norteamericanos, ni hay que tener muchos recursos, ni mucho dinero para hacerlo, lo que no significa que esta película no vaya a tener efectos especiales. Va a tener algunos, pero digamos no vamos a competir con Titanes del Pacífico, pero tenemos gente que lo puede hacer bien, con una calidad competitiva.

“Es la proyección futurista de una realidad que tiene que ver con la dieta, que se desarrolla a fines de este siglo –nunca se dice el año– pero lo que nos hemos construido es como una realidad de 2090 o algo así”.

Usted mencionaba que técnicamente no era la primera película cubana de ciencia ficción, que existen otros acercamientos…

Sí, por ejemplo está la película de Tomás Piard que se llama Los desastres de la guerra. Hay todo un subgénero que son las utopías postapocalípticas, o las distopias, son momentos en lo que ha habido una guerra mundial, atómica, bacteriológica, y hay unos pocos sobrevivientes, se ha perdido todas las reglas sociales, el hombre es semisalvaje. De eso hay muchas películas, sobre todo en el cine norteamericano.

También Madrigal, de Fernando Pérez, lo que es el cuento de Javier: un futuro donde el sexo es obligatorio, donde si alguien reclama tus favores sexuales en la calle y dices no, puedes ir preso, es un mundo así; y aunque no está filmado con efectos, no hay robots ni nada, hay una reducción de la ciencia ficción.

No hay que pensar que solo es CF en tanto tenga robots y naves espaciales. Está por ejemplo, Stalker de (Andrei) Tarkovski, que básicamente cuenta la historia de tres tipos caminando por un lugar desbaratado, y es ciencia ficción. No necesariamente tiene que haberlos, pero en este caso hay efectos, aunque no es una película que se centre en eso.

La ciencia ficción sirve a veces para reflexionar sobre la realidad contemporánea…

Sí, la CF recurre muchas veces a algo que ocurre hoy día y lo transporta a un futuro imaginario o a otro planeta. No hace predicciones en serio, te presenta futuros posibles, pero no quiere decir que en el año 2030 vaya a pasar algo sobre lo que ya se escribió. Son muy pocas las predicciones que se hayan cumplido, en general ahí no está el quid.

Háblenos de la selección de actores y la estética de la película. Pudimos ver durante el rodaje en el set y hasta en el vestuario de los personajes, una referencia al ambiente de las películas bélicas soviéticas, y del período de la Segunda Guerra Mundial…

En la película hay referencias a series como Liberación, a las películas de guerra. Por ejemplo hay una locación, el despacho del oficial Mac, interpretado por Héctor Noas, que, estéticamente hablando; es el estado mayor de (Gueorgui) Zhukov en Liberación, con mapas y paredes de madera como una dacha rusa; por eso quería que los protagonistas Carlos Gonzalvo (El premio flaco, Vinci) y Dailenys Fuentes (Se vende) tuvieran unos rasgos así como medio europeos, eslavos, pero no quiere decir para nada que sea así en toda la película.

En el caso de Héctor no fue por eso, sino porque el personaje –como está pensado– tiene que tener muy buena preparación física, además es muy buen actor, es muy “mefistofélico”, y eso era lo que buscábamos en el personaje negativo.

Gonzalvo repite conmigo desde Vinci, es un gran intérprete y no es mérito mío el descubrir la valía histriónica de actores que están encasillado en papeles humorísticos, ya a Gonzalvo Jorge Luis Sánchez le dio un pequeño papel como German Pinelli en El Benny, después Juan Carlos Cremata en El Premio Flaco, y finalmente trabajó conmigo en Vinci.

Con Héctor hace rato que quería trabajar y Dailenys entró en la película a través de un casting. A pesar de que estaba nerviosa y no se acordaba del texto para nada, cuando lo hacía bien, tenía una convicción en la mirada que hizo que más de uno me dijera que ella era la adecuada para el papel. Y tenían razón, le ha dado una intensidad y una belleza al personaje que estaban allí pero que ella ha hecho crecer.

Además, trabajan en Omega 3 Omar Franco, Carlos y Edith Massola, Manuel Romero, Yory Gómez y Jazz Vilá, entre otros actores. Cuando ya vas haciendo otros proyectos, repites con cosas que te dan confianza, tanto en los actores como en el equipo.

Pudimos ver que el personaje de Gonzalvo es un veg llamado Nic… ¿puede ser en alusión a Nicanor?

La película transcurre en un país indefinido, los nombres de lugares tratamos de ponerlos para que puedan ser de cualquier lugar, de cualquier contexto. No se dice dónde pasa, pero se mencionan dos lugares: San José y Santa Fe, que lo mismo pueden estar en EE.UU., en Cuba, en Chile o en España.

Carlos Gonzalvo se llama Nic, que puede ser lo mismo apócope de Nicanor, que de Nicholas. Dailenys se llama Ana, es igual: están buscados exprofeso, que no sean determinantes, la idea no es que este sea el Nicanor O´Donell de la serie, pero es una especie de guiño interno.

Dijo una vez que “intentar que Omega 3 sea universal no significa emular la espectacularidad de los efectos de las películas americanas, sino hacer lo que hace falta”…

Yo soy fan a la CF, y los americanos en eso son buenos. Muchas películas, sobre todo las más recientes, tratan sobre un gran monstruo, un ejército de naves, y con eso es muy difícil competir. Yo vengo de la literatura, apuesto por la historia, creo que es buena, y la principal carta de triunfo de la cinta. Hay una serie de efectos que van a quedar bien, lo que pasa es que la misma naturaleza de la historia no exige que haya naves, robots, pero los que hay creo que van a impresionar.

No queremos que nos digan que está bien para ser un filme cubano, de verdad quedó bien. Fuimos muy meticulosos con el diseño de interiores y luminotécnicos.

El diseñador de vestuario, Vladimir Cuenca, me confesó que su terror era que los personajes parezcan disfrazados. Hicimos un diseño corporativo, para cada ejército, para cada mundo, donde en uno predominaría más el metal, en otro el ladrillo, y los colores principales para cada sección. Tanto Vladimir como Celia Ledón se han mostrado muy creativos, con los materiales que hay y con los que no hay. Hubo algunos que se compraron fuera de Cuba, pero el grueso se hizo con lo que se encontró. Con materiales alternativos y que uno podría considerar casi de desecho, se han hecho maravillas.

Cada facción tiene su logo, sus colores, y cada cosa fue diseñada y responde a la filosofía de cada uno de estos mundos. Fue un trabajo conjunto con el Director de Arte, Rafael Zarza, que hizo un trabajo estupendo al caracterizar las locaciones. Se trataba sobre todo de que fuera coherente, que no fuera epidérmico, que pareciera de verdad que hay muchos detalles en la oficina del oficial Mac, en el mundo de los vegs.

Omega 3, del director cubano Eduardo del Llano.

Omega 3, del director cubano Eduardo del Llano.

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Eduardo del Llano durante el rodaje de "Omega 3".

Dailenys Fuentes, una de las protagonistas de Omega 3, de Eduardo del Llano, durante el rodaje del filme.

Dailenys Fuentes, una de las protagonistas de Omega 3, de Eduardo del Llano, durante el rodaje del filme.

Carlos Gonzalvo, uno de los protagonistas de Omega 3, de Eduardo del Llano.

Carlos Gonzalvo, uno de los protagonistas de Omega 3, de Eduardo del Llano.

(Tomado de Cubacine)