Esta restricción limita una técnica utilizada con frecuencia por funcionarios federales para hablar sobre operaciones secretas reveladas por medios de prensa, añade el periódico.
Según el reglamento, “el uso de esa información tiende a confirmar la validez de un dato que se dio a conocer sin el permiso correspondiente, lo que causa daños adicionales a la seguridad nacional,” agrega el documento.
La regulación más reciente no establece diferencia entre filtraciones secretas o no, al igual que una directiva similar reciente que prohíbe a los trabajadores de los servicios de inteligencia hablar a los periodistas sin permiso.
Los empleados de las agencias de espionaje siempre han tenido que someter a revisión sus obras, para garantizar que en ellos no se revelen datos sobre operaciones secretas, pero la nueva política parece imponer límites estrictos a su trabajo, considera The Hill.
(Con información de Prensa Latina)